Aldo Berríos: «La idea era crear un libro emocional, compacto y bien pulido»

Foto Portada: Diego Frías Foto autor: Selfie

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La Ballena es el último trabajo del escritor nacional Aldo Berríos (Santiago, 1981),  una novela con muchas aristas a tocar y que se mete de lleno en las tradiciones japonesas. Tuvimos la oportunidad de conversar con el autor y nos contó acerca del tema del suicidio, sobre el protagonista, sus objetivos a la hora de presentar la novela, entre otras cosas.

 

-¿Cómo se te ocurrió esta novela?

-Hace algunos años me encontraba en una exposición de libros —no recuerdo si fue una charla sobre Hugo Correa que se llevó a cabo en Recoleta, o durante una exposición en San Felipe, donde tuve el agrado de compartir con el difunto Saúl Schkolnik—, pero el asunto es que una organizadora se me acercó para preguntarme si deseaba participar en una conferencia relacionada con la depresión y las enfermedades mentales. En ese entonces me negué respetuosamente, ya que no me sentía preparado para enfrentar ese desafío, recorriendo ciertos pasajes de mi propia juventud que todavía no sanaban del todo. Sin embargo, al poco tiempo empecé a encontrarme con una serie de libros orientales, y fue tanto el impacto que tuvo sobre mi persona dar con esos suicidas, diarios de locos, máscaras y tatuajes —la sombra—, que finalmente cedí a tales inclinaciones. Luz y oscuridad, por ahí va el asunto: la importancia del contraste en el espíritu humano.

-¿Cómo abordaste el tema del suicidio en este trabajo?

El libro tiene varias lecturas y enfoques con respecto a este tema. Se mueve entre la pérdida de un hijo, la melancolía de un padre frente a una vida incompleta, pero también tiene ribetes de género no binario, choques generacionales, diferencias culturales y la fantasía es el reflejo de todo aquello. Me parece que en cierta parte de la literatura actual suele haber un «sesgo de supervivencia», tal como cuando durante la Segunda Guerra Mundial intentaron mapear los agujeros de balas en los aviones; quisieron reforzar esas áreas sin detenerse a pensar que se trataba únicamente de los aviones que regresaban. La lógica no siempre nos sirve tanto como creemos, y el instinto nos ayuda a comprender que a veces vale la pena discutir temas sensibles. Por ejemplo, de lo que no forma parte de los intereses sociales inmediatos, de lo que no sobrevive.

-¿Cuál era tu objetivo al presentar esta novela?

-Mi objetivo inicial era simplemente contar una historia para inadaptados y solitarios. Quisiera decir que hay mucho más detrás de eso, pero para ser franco, pecaría de ingenuo. Los argumentos más profundos de un libro van emergiendo a medida que lo escribes, y aunque uno tenga ciertas nociones antes de empezar, los planes van cambiando de acuerdo a lo que sucede durante el camino. No hay que olvidar lo frágiles que somos

-¿Tuviste que investigar mucho para La Ballena?

-Muchísimo, pero toda esa investigación hubiese sido irrelevante sin una visión personal. A mí me interesaba escribir acerca del abandono y la relación de temor y distancia que empleamos con los muertos. También quería invertir los típicos roles novelísticos, y desarrollar una historia en la que un padre se pusiera en los zapatos de su hijo.

-¿Qué significado tiene para ti el bosque Aokigahara en Japón?

Para mí ese bosque tiene un significado especial, te llama o te expulsa. Es una suerte de conexión con las raíces de Japón y su lado espiritual. El patrimonio nos llega primero por el lado familiar, luego el antropológico, y los árboles en ese sentido son prueba fehaciente de su trascendencia: espíritus viejos que han visto nacer y derrumbarse civilizaciones mientras ellos sólo… viven. En una semilla descansa todo el patrimonio que una planta necesita para germinar. Eso conmueve.

-¿Cuáles son, en general, los demonios del protagonista?

-El protagonista se enfrenta inicialmente a sus demonios internos. Busca a su hijo, pero no lo encuentra porque efectivamente se está buscando a sí mismo. A las piezas que quedaron incompletas en él. Luego viene el miedo a cambiar, se enfrenta a una fantasmagoría, la ilusión de los sentidos para enfrentar el dolor, la traición de la inteligencia. Los demonios japoneses que encuentra a su paso son muchas veces femeninos, porque también tiene asuntos pendientes con su esposa, a quien culpa por la muerte de su hijo. En el fondo, los demonios son esa pena que no es pena, sino rabia, esa eterna lucha por mantenerse cuerdo en un mundo que nunca nos da tregua. Respecto al protagonista y su recorrido, yo lo describiría como un peregrinaje fatal, el deseo de compenetrarse con la soledad y la demencia.

-¿Qué representan los personajes para ti en esta novela?

-Los personajes son mundos enormes. Pueden ser choques de ideas, lugares de paso y hasta santuarios. Por ejemplo, el protagonista de La Ballena es mitad japonés y por lo tanto está a medio camino entre dos realidades, aunque no pertenece a ninguna. Siempre está la pregunta de si alguien así tiene dos culturas, o la mitad de ambas, y en ese sentido conozco personas que sufren una segregación natural, se sienten ajenas.

Refiriéndome a otros personajes, y como suele suceder cuando conocemos a alguien, un puñado de ellos quedan en nuestra memoria, pero solo porque nos parecen más interesantes que el resto. El guía turístico cae en esa categoría, acaso Hannya y Suiko.

Al final, la novela nos recuerda lo que representa el verdadero olvido, y que la naturaleza también es un personaje, probablemente el más bello e implacable que conoceremos. Me refiero a la naturaleza que nos rodea y la propia.

-¿Cuánto tiempo te llevó escribir La Ballena?

-Escribir este libro me tomó poco tiempo, un par de meses, pero lo dejé reposar entre otros proyectos y tuvo varias reescrituras con el correr de los años. La idea era crear un libro emocional, compacto y bien pulido. No quise apresurarme en publicarlo, y recibí cada comentario de mis cercanos con la mente abierta.

-¿Dónde podemos conseguir el libro?

-Próximamente en las librerías Qué Leo, Antártica, Trayecto Bookstore, Feria Chilena del Libro. Ahora mismo se puede encontrar en la página de Áurea Ediciones, que cuenta con entregas a domicilio.

 

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