Antonio Díaz Oliva: «La experiencia de leer un libro (un buen libro) debe seguir en la cabeza del lector»

Foto Autor: Carla McKay

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El escritor nacional, que hoy vive en Estados Unidos, nos contó sobre su libro La Experiencia Formativa y del próximo titulado La Experiencia Deformativa que será lanzado en septiembre formato online. También pudimos conversar acerca de la experiencia de ser parte de Neón Ediciones, sobre sus inspiraciones, entre otras cosas. Te invitamos a sumergirte en esta entrevista.

 

-¿De dónde sacas tantas ideas distintas para La Experiencia Formativa?

-De diversas lecturas. Juan Emar, Leonora Carrington, Muriel Spark, J. G. Ballard, Marcelo Chiriboga, Lucia Berlin. De ciertos programas de televisión y películas, especialmente Atlanta y algunas cosas de Wes Anderson. De algunas ciudades en las que he vivido, Santiago, Nueva York, Washington DC. De mi imaginación, la cual, como alguna vez dijo un crítico en una reseña hoy perdida en los anales periodísticos, «es variada e igual de estrecha que la geografía de nuestro propio país».

-¿Cuál fue el relato que más te gustó?

-Los cuentos son como hijos. Hay que quererlos a todes por igual porque sino por la noche hacen berrinche. Pero aquellos que han leído tanto La Experiencia Formativa como La Experiencia Deformativa dicen que «A pocas cuadras del Parque Forestal la señora Gonçalves graba vidas ajenas» le gana la carrera al resto de sus hermanas y hermanos.

-¿En qué te inspiraste para escribir La Experiencia Deformativa?

– Me inspiré en una broma.

O más bien en dos bromas.

Estábamos hablando con mi editora de algo X (digamos que X, en este caso, era la altivez de ciertos autores chilenos que quieren cambiar el mundo desde las redes sociales) y le pregunté que qué tal si escribía una continuación espiritual de hasta entonces mi único libro de cuentos, La experiencia formativa. Y que qué tal si le ponía, solo por joder, La experiencia deformativa.

La otra broma tiene que ver con los académicos, o con los escritores con PhD (cuántos escritores-académicos están haciendo decenas y centenas de libros sospechosamente similares). En la jerga académica, tan oscurantista, abunda eso de poner entre paréntesis los «post», «trans», «des» y «neo».Mi idea era apropiarme de eso. O bueno: (de)formarlo. Y luego de eso escribí estos cuatro cuentos sobre personajes que pasan por deformaciones personales.

-¿Cuál es la conexión entre estos trabajos?

-Una conexión son los títulos, claro.

También que ambos tienen cuatro cuentos y por lo tanto son como EPs literarios.
Y hay otras cosas, elementos, que se repiten en los ocho cuentos pero que yo no puedo ver porque los escritores somos ciegos frente a lo que escribimos.

Otra conexión es que una editorial en Estados Unidos publicó un volumen que junta tanto La Experiencia Formativa como La Experiencia Deformativa y se llama Las Experiencias y en la portada aparezco yo escondido tras una máscara de conejo. Lo hice porque una de las conexiones entre estos dos libros son justamente los conejos.

-¿Qué tanto hay de ti en estos dos libros?

-Más que en la novela (La soga de los muertos), en estos ocho cuentos están los humores, tonos y estéticas que me interesa desarrollar y los que, a nadie de mi generación, veo, le interesa. Dos de esos son la ternura y lo absurdo. Me gustan las minitragedias de la vida. Aquellas que están llenas de absurdidades.También los personajes algo introvertidos, taciturnos, observantes. Todo eso es mío.

-Entre ambos textos hay coincidencias en los temas que abarcan cada uno de ellos, ¿qué buscas entregar con esas similitudes?

-Que el lector pueda volver varias veces al libro y fijarse, en cada lectura, en ciertos elementos no-tan-obvios-a-primeras que unen a los cuentos. La experiencia de leer un libro (un buen libro) debe seguir en la cabeza del lector. Y por eso me gustan lxs escritorxs que reparten esas coincidencias a lo largo de un libro. Porque después dan ganas de volver a ese libro.

-¿Qué representan para ti estos cuentos en La Experiencia Formativa?

Los cuentos de La experiencia formativa representan los últimos años de mi década de veinteañero. Los de La experiencia deformativa representan los primeros de mis treinta. Y en su totalidad representan lo que siempre he pensado sobre la literatura: que la literatura no te salva ni te hace mejor persona. Por lo menos en mi caso, cada vez que he intentado aplicar en mi vida las cosas de los libros que me gustan, por lo general fracaso. Pero eso porque el material de la vida y de los libros es muy diferente. La ficción tiene un sentido; la vida no.

-¿Se podría decir que la fragilidad de los humanos es un tema recurrente en tus cuentos

-Ciertamente. Todo es muy frágil en esta vida y mejor reírnos de esa fragilidad antes de que esa fragilidad se ría de nosotros. Como dice uno de mis personajes, «La vida es una competencia de gallitos. Y lo mejor es ganarla. O por lo menos intentar ganarla».

-¿Tuviste que hacer alguna investigación a la hora de escribir los cuentos?

-Investigué varios libros de cuentos de autorxs -más o menos- contemporáneos míos para entender qué caminos no tomar, sobre qué no escribir, etc. Cosas como: auto-ficción, niños héroes, historias en que al protagonista lo deja su esposa, realismo social,narrar todo con el mismo tono sepia, la moral Disney, ausencia de géneros no-realistas (terror y ciencia ficción), y la falta de humor, especialmente la falta de humor. De esa investigación también concluí que no se puede escribir sobre detectives salvajes, claro. Es de mal gusto molestar a los fantasmas.

-¿Cuándo será el lanzamiento de La Experiencia Deformativa?

-Se lanza en septiembre. Pero de forma virtual, como todo en estos días. En estos momentos vivo en Chicago y no tengo ni los documentos al día ni el dinero ni la valentía para subirme a un avión en tiempos de COVID. Pero tengo muchas ganas de ir a Chile a ver amigos, amigas y familia.

-¿Cómo ha sido ser parte de Neón Ediciones?

-Neón es mi hogar en Chile. Mi editora, María Paz Rodríguez, o la Ro, es mi editora literaria pero también espiritual. Tenemos diálogos telepáticos.

Además, Neón es una de las pocas editoriales independientes, con más de diez años, que no nació como «club de Toby». Hay más voces femeninas que masculinas. Hasta me atrevería a decir que Neón es como post-humanidad. Porque los gatos y perros de los autorxs y editorxs tienen incluso más importancia que los seres humanos. Por eso mismo, además, en la portada de La Experiencia Deformativa salgo en la foto de autor con mi perra: Agnes Grey. No sé. Las editoriales independientes en Chile son como aldeas. Aldeas chic y endogámicas. Yo le digo «la literatura lindie».

-¿Has creado algo durante ese momento en el que estamos viviendo?

-Ahora mismo estoy, como siempre, en varios proyectos.

Un nuevo volumen para la colección Sonora, de la editorial Neón, para la cual traduje un libro de Virginia Woolf y otro de Henry David Thoreau. Este nuevo libro no es una traducción, sino una compilación de Roberto Arlt. Como un remix con ficciones y textos autobiográficos y crónicas que ojalá sirva para entrada al autodestructivo mundo arltiano. Va a quedar lindo.

El otro es una nueva edición de Piedra Roja, mi primer libro. Es una historia oral sobre la juventud de 1970 a 1973 en la cual, como suele suceder, quedan mal los medios de comunicación y las autoridades.

El tercero es una nueva novela sobre un profesor chileno que miente (dice que es hijo de detenidos desaparecidos) para asegurar un puesto académico en una universidad gringa. Es una comedia de campus que confirma lo que muchos sabemos: que la gente mediocre llega lejos, a veces demasiado lejos.

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