Por Ernesto González Barnert

 

Con esta muestra o selección pretendemos abordar cuatro voces jóvenes que están dando que hablar en el panorama actual de la poesía chilena. Dada su entrega y pericia, los reconocimientos y admiración de los pares. Todas dan cuenta de una formidable consciencia del oficio y su quehacer, imponen con desenvoltura la propia voz poética, sellan con audacia los acentos propios de cada una dada su experiencia y matriz.

En un país machista, que hace menos de cien años premio con el Premio Nacional de Poesía después del Premio Nobel a Gabriela Mistral, nunca entendió la piedra fundamental que colocó Violeta Parra en el corazón de nuestra cultura, no reconoció a Maria Luisa Bombal, ahogó la obra de Teresa Wilms Montt o Winett de Rokha detrás del personaje, trató con displicencia la irrupción de Isabel Allende, taponó en su biografía a Stella Díaz Varín, desconoce el corpus de destacadas poetas que precedieron a Gabriela Mistral, entre tanta ignorancia, maldad y prejuicio.

Hoy el panorama de poetas y narradoras es contundente y arrollador. Mi tarea hoy es mostrarles a través de esta pequeña vitrina a cuatro poetas jóvenes trabajando en su voz. Espero pronto continuar con más poetas que están dando que hablar por su trabajo y dedicación en la poesía y el trabajo literario.

 

lector constanza fernandez navarro

 

Constanza Paz Fernández Navarro, nacida en Santiago de Chile (2001) y estudiante de educación media. En 2017 gana mención honrosa en el 5to concurso de poesía juvenil Pablo Neruda, y participa en diversos talleres. En 2018 gana primer lugar en el V concurso de Biblioteca Kimün, Cajón del Maipo; y el tercer lugar en el II concurso literario juvenil del Cementerio Metropolitano. Luego, se incluye en la publicación de «Mi canto no termina», antología del concurso poesía juvenil de Fundación Neruda. En 2019 participa del 3º Festival de poesía La Chascona. Actualmente es parte del taller LEA y se prepara para dar la PSU.

  

Less Coke

 

Siempre preguntándote qué es poesía,

buscas las frases más empalagosas

y tu cabeza dice Let´s go! Less coke!

La poesía es el azúcar de la Coca Cola,

daña cuando vas sin ver y tú lees

                                                     Less

                                                             Less

                                                                     Sigues con los ojos consumistas,

te tomas al seco este vaso de veneno let´s go! less coke!

Te impregnas de adictivos versos -como los más tristes de esta noche-

Hey oh, less coke!

La poesía´s international,

no existe un país de poetas.

¡Nevermore! le hagas caso a Beqcer,

poesía no eres tú ni nadie.

                                         ¡Nevermore!

pienses que eres tan importante.

Tu gordura de coke tampoco cabe en esta métrica,

el Poe si acabaría por emborracharse

                                                       para no ingerirla

mas las palabras seguirán en decadencia

ninguno de los presentes sabe lo que es

mientras una más lee, sabe less less less .

 

  

Poema chino

 

¿Has visto los poemas en vitrinas metálicas

entre el adorno de búho y las toallas higiénicas?

¿Alguna vez te fijaste del haiku tirado en el cajón de ofertas

envuelto por calzones amarillos?

¿Notas a menudo el soneto entre flores plásticas y Pokis de frutilla?

¿Pasaste por sección pesca y encontraste un koi herido?

¿Alguna vez hablaste con el encargado

y rezaste para que repita lo dicho?

-o si entraste buscando el aire fresco que Santiago carece-

¿Acaso te han creído ladrón en el pasillo 27

en el cual encontraste a tu ex comprando dildos?

Ahí es donde se oculta el poema chino

Tanteando entre el plástico y los pasillos eternos.

 

 

A ti, a mí

 

Extranjera sin rumbo

alguno que otro destino

me adoptará simplemente.

Lo de nómade no se va,

en el alma quedan huellas

nocturnas de calles solas.

Yo me escapo en cautiverio,

recobro la hambruna,

ingiero parajes febriles.

La luna me azota –entonces-

me vuelvo fugitiva imparable,

repiso las huellas del alma

sin rumbo, extranjera, te veo

a ti a mí en otro destino

que nos dejó prisioneras,

sin almas, en desencuentros.

 

 

Adoquín del 73

 

Adoquín de sangre, de pisadas. Adoquín de gritos de tortura.

A dónde se fueron las almas que resistieron a la torre,

a la cumbia insensata, al insano esparcimiento.

 

De los adoquines furiosos no pudimos salvarlos:

Recabarren, Silva, Ugarte. Nos dolió, protestamos

en busca de respuestas y justicia oculta.

 

Nos convertimos en mártires con un muro lleno de paradojas.

Se observan nombres y nombres sin una dirección fija

¡Los que saben, pues que hablen!

que el silencio está a punto de quebrantarse.

 

 

 

lector cecilia beltrami

 

Cecilia Beltrami, alias Ninfa María, se formó como Psicóloga en la Pontificia Universidad Católica de Chile, incursionando literariamente en poesía, además de dedicarse a la performance y la fotografía. Ha publicado el poemario Líquida (2018), además de participar en diversas antologías (Poesía en Toma, Sin Fronteras (SECH V región), Horóscopo Andino (LEA) y, próximamente, en Tumbos) y ser publicada en distintas revistas virtuales (La Marraqueta, Grifo, Cine y literatura.cl, LP5) y en el próximo número en papel de Santa Sherwood. El 2017 fue seleccionada para formar parte de la XVII versión del concurso Santiago en 100 palabras. El 2018 se posiciona dentro de los mejores relatos del 1° Concurso de Minificción Zetta (Venezuela). Ha participado del 1° Festival de Poesía en las Escuelas, así como de lecturas poéticas en distintas instancias, tanto en Santiago como en regiones (IV y V). Participa de la creación de la obra de música contemporánea Satori, encargada del guión y en la interpretación coreográfica. Crea el texto de la obra The only lifeline, la cual ganó el 2° lugar en el concurso musical Alba Rosa Viëtor (Holanda) el 2018. Gestiona el ciclo de lecturas Poesía sin aplausos en la IV región y en Santiago durante el 2018 y 2019. Formó parte del Laboratorio de Escritura de las Américas, auspiciado por la Fundación Pablo Neruda, del cual el presente año es Coordinadora.

 

Pulpa

 

Se abrió

ya en el suelo

como fruta demasiado madura

reconocer que me gustas

 

Allí

esa verdad naranjita

con pulpa resplandeciente

pero de notorio cuesco duro

que te gusta otra

 

 

Las poema

 

Con las bellas envahecidas

Sentadas en el pasto, fotográficas

Labios purpúreos sumidos en hilos-humo

Pestañas cada vez más luces

El pelo impulsivo de tanta posibilidad

Una hilera de nombres propios saliendo de una

tratando de anudarse a la otra

la otra, ese misterio profundo y bello

 

Sí, todo es hermoso

nadeamos en glitter

miramos las tortugas deformes de cielo

guardamos las penas para

ese después que ojalá no existiera

 

Juntas soplamos ramas etéreas

y promesas que mañana serán blancas

Mi brazo te abraza para abrazarme a mí misma

respetamos ese ritual

nunca decir-cortar

sólo decir-soplar

fijarnos al contorno luminoso

el centro es demasiado horrible

demasiado tieso

lleno de verdades

que no riman con los tonos de la tarde

 

El rito gira en sí mismo

unidas por los bordes

La belleza,

eso indomable emanando en cada una

¿acaso importa algo más?

Si todo suele ser ilusión

mejor soplar palabras

            sueltas y recicladas

            desproporcionadas y llanas

crudas y glamorosas

a veces derretidas

y escuchar el aplauso de las hojas

 

No hablar de la vida forastera trilobita

hablar siendo el poema

que nunca se cierra

aplastar el $entido

ama(s)arlo

con la sonoridad lila de nuestras risas

las ideas se destejen

se evaporan hasta la punta de esta araucaria

acompasadas por trinos de micros y vendedores de

trufas, pies descalzos

 

Las ganas ya crujen

siempre algo entre mis dedos

más hebras

ríen y se aburren

sedientas

entonces,

Vino para quedarse

hasta que el azul se haga negro

y los ojos se hagan baile

 

 

No soy pez

 

No soy pez

pero mis alas baten por nadar

atravesar tu garra laberinto

sus litros y litros de agua

sólo me hacen desear más

                        la superficie

donde no hay burbujas rugido

 

No soy pez

no tengo agallas

suelto todas mis burbujas

y me dejo flotar

                        hacia arriba

desde adentro no alcanzo tus oídos

 

Salgo

tus rugidos submarinos me siguen

inquietas tus garras

perdidas en t o r p e s m o v i m i e n t o s

                        s a l p i c a s

 

La nieve se derrite

 

No soy un tigre

sino un espejo

siento amor y miedo

de tu luz azul que quema

No encuentro tus oídos ni mi boca

 

No soy un pez

siento vergüenza

de mis alas pequeñas

 

Miro desde un árbol

tus ojos llenos

imploran una señal

abro mis alas rubicundas

tú me silbas sucio

 

Mi boca…

debo haberla dejado en tu garra

No soy un pez

¿puedo ir por ella?

 

Espero

a que mis alas se sequen

Y tus garras se detengan

¿Me dejaré crecer las agallas?

 

¡Voy!

tus fractales me observan en picada

tomo de vuelta mi boca

y con ella vierto sobre ti

negro y gris

 

Tu luz oro p a r p a d e a

                        s e ñ a l e s   d e   s   o   c o r r o

 

Hasta la bahía se ha vuelto blanca.

 

 

 

Himno

 

Este es un himno a las decepciones,

a las frustraciones

a todas las cosas grises

que me quitan las ganas de parir

parir sueños, parir futuros

partir a desear un lugar en alguna idea

 

Habito un grito largo

tan largo que ocupa décadas

que se replica en cada boca

mía y ajena

estrangulando otras palabras que nos gustaría decir

 

Sí, dije himno

porque de cada espina que me saco

fluye

un

chorro

un rastro carmín que dibuja la línea de mis desatinos

y se hace más gruesa por los de otros

 

¿QUÉ?

He estado tanto rato dentro del grito que estoy un poco sorda

pero nunca ciega

es cierto, he querido cerrarme la sensibilidad

porque esos golpes dicen

vas a morir

VAS- A- MO-RIR

pero antes

vas a sufrir

y antes de eso

a gozar

a gozar tanto que no vas a querer sufrir ni morir

tanto que vas a ponerte una venda para no ver los chorros

y el camino que se detiene a tus pies

coagulándose

 

Los ciegos

-aparte de sordos-

no ven la piscina que los ahoga

invitan a otros a un abrazo

y no les dejan sacar su cabeza al aire

 

Sí, himno. Aunque me de asco esa palabra

Sólo las decepciones me han hecho correr

me han hecho huir del charco rojo

correr y gritar

 

NO QUIERO CEGARME

NO QUIERO PARIR

NO QUIERO MORIR

 

 

lector claudia jara

 

Claudia Jara Bruzzone, Valdivia (1986), Poeta residente en Temuco. Estudió pedagogía en castellano y comunicación en Universidad de La Frontera. En el año 2014 unos poemas suyos aparen en la publicación Plexo Perú: Poesía y gráfica Perú-Chile. Participó brevemente en la editorial autogestionada Venérea Violenta, donde publica el año 2015 la plaquette Cartografía de la ausencia. El año 2018 editorial Cagten, de Temuco, publica su libro Desove. Ese mismo año se adjudica la Beca de Creación Literaria del Fondo del Libro, con el proyecto Luz de estrellas muertas, obra en la que se encuentra actualmente trabajando.

 

 

 A ratos

 

Ya pasó tu hora Emile Armand,

la gente va por las calles buscando un dueño

-           un cuello en busca de su collar -

El abandono debe tener gracia:

la vieja metáfora de la catedral y las iglesias.

 

Mis amigos hablan de amor

con la pasión de ir al supermercado;

compran té, azúcar, arroz,

a veces tomates,

naranjas en otoño.

 

Hablamos del té,

cómo prepararlo:

té con limón, té con miel;

hablamos también del invierno,

de la primavera que está por llegar,

de los viajes que vendrán.

 

Se anuncian las partidas:

terminales, buses, trenes,

barcos, aviones;

los ticket al otro lado de la cordillera,

las primeras lejanías.

 

Me preguntan si llueve

a ratos

a ratos sale el sol

como en todas partes, les dije.

 

  

Acerca de cómo contemplar El hijo del hombre

A Raúl

 

 

Los hermanos caminan descalzos por la arena,

bajo las piedras viven pancoras

que coleccionan en baldes,

las dejan morir al sol junto a trozos de vidrios de mar;

la primera inocencia ante la muerte.

 

Siguen ahí,

contando cisnes.

Minutos de un reloj sin cuerda,

secuencia de un rollo fotográfico develado;

sin embargo, este no es un cuadro de Magritte,

la madre tiñe de rojos sus labios,

el padre mira futbol por la televisión,

los hermanos vuelven del colegio.

 

Recapitulando, esta es la familia:

dos mujeres, dos hombres,

sentados a la mesa un domingo.

 

Guarda las fotografías

no olvides mi cara, no cambiara tanto;

envía mi almohada,

el olor de esta no me deja dormir.

 

Estos son los minutos del hermano,

los muebles están sucios para él;

el hijo menor es ahora el único de los hijos,

su condición lo obliga a alimentar el fuego;

existen vacíos que solo se llenan con leña seca.

 

Aquí estoy,

me han crecido los huesos

se ha engrosado mi voz

y no estás.

 

Los hermanos son ahora,

un joven,

una joven,

separados por el vaivén de una barcaza que no llega a puerto,

maniobras de atraque fallidos,

el capitán anuncia:

No llegarán.

 

No soporto más,

los números se me repiten,

Ícaro es un estudiante que se lanza del cuarto piso.

 

Estos pueden ser algunos intentos de retorno:

una hija y su padre caminando por la playa

mientras el camino se bifurca,

la mujer que vino de un mundo paralelo,

el afortunado que encuentre el último decimal de pi.

 

Esta es la única decepción:

un hijo único

que vuelve a ser el menor de los hermanos,

así viven las pancoras bajo las piedras.

Este eres tú Raúl, cargando a tu hermana.

 

Recapitulando esta es la familia:

Dos mujeres, dos hombres, ahora un perro

sentados nuevamente a la mesa un domingo.

 

Los hermanos despiertan a mitad del sueño.

En el Cautín la leña no seca

y caminan por la ciudad con olor a ropa mojada.

 

Yo cuidaré de ti,

preguntaré si estás viva,

preguntaré dónde estás

 

Este es el tiempo,

un reloj a cuerda,

dos navajas cruzadas que anticipan lo que vendrá.

 

Los hermanos contemplan

El hijo del hombre.

La cara detrás de la manzana podría ser la tuya Raúl,

podrías ser tú frente a la bahía de Chaitén.

 

Ahora me preguntas por las fotografías de niños,

Y sin embargo, este no es un cuadro de Magritte.

 

 

 

Taxi

 

Hace rato que miro Caupolicán

pensando en Tokio,

el decorado neón de las calles,

cartografía universal del mercado;

nada tiene que envidiarle la jornada laboral

al kamikaze de la segunda guerra,

nada tiene que envidiarle el edificio en construcción

a la geisha que subastó su virginidad.

 

Y sigo,

voy en taxi pensando en Tokio,

el taxímetro, una sutil forma de calendario:

sólo números sucediéndose.

 

Es evidente,

nada de esto tiene sentido,

lo importante ocurre siempre

al final del camino.

 

Todo se reduce a ver una luz encendida

al llegar a casa.

 

lector jessica sequeira

 

Jessica Sequeira, San José, California (1989), ha publicado la novela Una ostra furiosa (Dostoyevsky Wannabe), la colección de cuentos Rombo y óvalo (What Books) y la colección de ensayos Otros paraísos: Acercamientos poéticos al pensar en una edad tecnológica (Zero), y ha traducido más de 15 libros de escritores latinoamericanos al inglés. Actualmente vive entre Cambridge (Reino Unido) donde cursa su doctorado y Santiago donde colabora con la Fundación Pablo Neruda. Realizó la edición y traducción de Santiago (Dostoyevsky Wannabe, 2019), una muestra de 28 autores chilenos para la prestigiosa editorial de Manchester, un hito que da a conocer un panorama amplio de narradores de manera bilingüe en un catalogo que busca reunir autores a través de una veintena de las urbes más importantes del mundo. Su novela Una ostra furiosa, tiene a Pablo Neruda como eje central de una investigación cientifíca a través de las tormentas. Pronto irá a Zurich a dar un taller «Playful and Poetic. Creative Responses to Technology» en la Zürcher Hochschule der Künste (Escuela Superior de las Artes de Zúrich) y durante septiembre dictará otro en el Espacio Estravagario de la Casa-Museo La Chascona: «Reescritura del viaje a Oriente de Pablo Neruda».

 

Taking stock

 

¿Es la mejor manera de preparar una sopa

seguir sus instrucciones?

 

Por supuesto, una pregunta

que no tiene nada de ociosa

ya que cada día los precios de la sopa de lentejas,

espinaca, tomate, por ejemplo sube.

Y claro, mi necesidad de alimentarte

es constante.

 

¿Cuál es el mínimo de ingredientes

que podría usar

sin dejar de nutrirme?

 

Los libros de cocina me aburren,

normalmente trabajo por intuición.

 

Pero ahora miro de reojo

alguna gastada cosa en la alacena

pensando en cuál de estos aliños

fue el secreto de una mujer

de otra generación.

 

Quizá sea toda una cuestión

de presentación,

usar un bol más pequeño, poner una cucharadita

de esto o lo otro, la guarnición.

 

¿O sería mejor darte

mi parte, día tras día

pasármela sin comer,

atrofiarme?

 

¿Lo permitirías? ¿O preferirías

que te dé a comer solo agua caliente,

mientras yo me vuelvo

gloriosamente gorda?

 

¡Qué lástima que no pueda preparar una sopa

con preguntas retóricas!

 

 

Acto sagrado

 

Sentarse en la plaza es un acto sagrado:

un hogar por unos minutos, público pero tuyo

un refugio donde es posible diseñar ciudades en la propia cabeza

armar cajas de Joseph Cornell con ramitas y pasto

o hacer pequeñas pinturas de Pollock

salpicando, desde la fuente, gotas de agua en el pavimento.

aquí, por fin, uno puede estar lejos de lavar los platos

—¡esa religión tan falsa, tan vil!—

para acercarse a una verdadera religión de la naturaleza.

 

 

Tiranos

 

Los tiranos del mundo son padres cansados

que deseen regañar a sus hijos,

ciudadanos del caos, para hacer

las cosas funcionan, de una vez por todas,

¿lo entiendes?

 

Los niños no entienden

o no crean o no desean

tal orden, y así con sus juguetes,

no construyen torres,

cuerpos o estructuras gubernamentales

de igual pragmatismo,

sino se entregan

a risas y lágrimas, sin motivo,

sin rima, sostenidos

por la nota primordial del universo.

 

 

Claro

 

Durante un momento, a pesar de todo,

decidí olvidarme y caminar a ciegas

en el bosque, trepando árboles,

jugueteando con ardillas como compañía,

fuera del tiempo o en la antesala

de un tipo diferente de tiempo.

Tal vez la historia lo incluya todo

excepto este momento

sin aliento, este pequeño claro.

 

 

Grúa

 

dentro de la mente

una grúa funciona 

levantando cajas

bajándolas a otra parte

vaciando arena vieja

levantando productos

que acaban de llegar:

dentro de la mente

una grúa se mueve

preparando

los edificios del mañana

siempre trabajando

en el proceso 

de creación

Por Francisco Ramírez.

lector francisco ramirez cuento

 

     Es una «confabulación», por cierto.

     Y existieron múltiples accidentes e incidentes para que aquello sucediera y tuviera lugar en este mundo, donde no faltaron sabias palabras, llenas de humanidad, que clamaban en torno a si tal decisión valía o no la pena.

     Pero en aquel momento eso parecía algo muy secundario, pues una suerte de convencimiento guiaba tal lógica (tan ilógica, por cierto) y le daba una cercanamente legítima razón de ser, más allá de las distancias, las lunas intercontinentales, los idiomas y las historias irreconocibles, pues algo latía… y si latía es porque estaba con vida.

     Fue un sueño.

     — ¡Te he extrañado tanto!

     —Yo también.

    —No ha pasado un día de mi vida en que no te haya visto y querido estar contigo, pese a los miles de kilómetros que nos separan.

     —He sentido algo muy parecido. De hecho, no ha pasado un día de mi vida en que no te haya visto y querido estar contigo, pese a los miles de kilómetros que nos separan.

     —He visto tu rostro frente al mío, miles de veces.

     —Es curioso. Yo también he visto tu rostro frente al mío, miles de veces.

     —Siento tu respiración.

     —Yo siento la tuya.

     —Te he acariciado tantas veces.

     —Y yo a ti.

     —¿De verdad?

     —No usemos una palabra tan innoble. Digamos que sí.

     —No te puedes imaginar cuántas veces me he hundido en tus ojos.

     —Lo he sentido. De hecho, estoy casi ciega, extrañamente. Supongo que algo hiciste con ellos.

     —Te he besado por horas, sin detenerme. He pensado algo: que si lo hacía, estaríamos nuevamente juntos.

     —Me veo recostada contigo en una playa, dejando que la vida transcurra, mientras el sol me da el olvido y puedo pensar en un futuro mejor.

     —Es un tanto raro esto. He tenido visiones muy similares. He estado en esa playa, recostado a tu lado, y he dejado que la vida transcurra, olvidándolo todo y pensando en el futuro. De seguro, me estoy volviendo loco.

     —No, no lo estás. Si lo estuvieras, esto no pasaría de una simple alucinación. Y eso no justificaría que sienta tus besos tal como si estuvieras besándome ahora.

   —Estoy frente tuyo y podría unir mis labios a los tuyos en este mismo instante.

     —No, no puedes hacerlo. Si llegas a rozar mis labios, desapareceré.

     —He reflexionado algo y largamente: creo que tú y yo deberíamos casarnos.

     —Es curioso: yo también lo creo.

     —Creo que tú y yo deberíamos tener un hijo.

     —¿Extraño, no? Siento a tu hijo en mis entrañas.

  La imagen se congela. Todos los sentidos humanos desaparecen, salvo la visión.

    Ellos, los del sueño, por supuesto siguen en su curiosa fantasía.

    Es una confabulación, por cierto, y existieron múltiples accidentes e incidentes para que aquello sucediera y tuviera lugar en este mundo en el que no faltaron sabias palabras llenas de humanidad que clamaban en torno a si tal decisión valía o no la pena, pero en aquel momento eso parecía algo muy secundario, pues una suerte de convencimiento guiaba tal lógica (tan ilógica) y le daba una cercanamente legítima razón de ser, más allá de las distancias, las lunas intercontinentales, los idiomas y las historias irreconocibles, pues algo latía… y si latía es porque estaba con vida.

     El cuadro está en un museo de Praga y se llama «Un atardecer».

     Por lo general, la gente tiende a pasar de largo cuando lo ve. Al fin y al cabo, no representa más que un atardecer en una playa en el que una pareja está recostada. ¿Qué podría tener de embriagador y novedoso eso?

     Sin embargo, mientras tanto, el producto de ese amor sigue su curso y pronto llegará al «mundo real».

 

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lector francisco ramirezFrancisco Ramírez, periodista y escritor. Este relato pertenece al volumen inédito de cuentos El Círculo Infinito, proyecto que fue premiado con puntuación máxima por el concurso del Fondo del Libro 2018 en el modalidad Creación. Además de colaborar con Lector.cl, ha publicado textos en diversas plataformas digitales literarias.

A nivel profesional, se ha desempeñado en medios de comunicación y organismos estatales. Igualmente, trabajó en la cadena rusa de TV «RT en español», residiendo en Moscú por más de tres años. Tal experiencia motivó la redacción del libro Una Odisea en Rusia (también inédito), algunos de cuyos textos han sido publicados en Lector.cl, Letras de Chile y El Desconcierto.cl, entre otros, manteniendo una página de Facebook del mismo nombre.

Defensa

Necios, maliciosos al pedirme por muerta,
Muerta se hará entonces conmigo la esencia de la verdad,
De seres sin igual he nacido.
Ante ustedes sólo la defensa de mi crear asumo.
Con vos queda la fatua necedad de dar por verdadera
La presunción de mi culpa que tomáis por hecho.
La poesía altanera grita su exculpación:
¡No soy remedo de otra lengua,
Sólo la de mi yo creador!
Soplo al oído del que siente
Y ve con ojo de cíclope
Otros mundos que no veis vos,
Que esta será mi sentencia:
Que antes de negar mí arte,
Venga a mí el cadalso
y antes de detener la pluma
Que mueve mi sentir,
Vengan todos contra mí.
Pues antes de callar... prefiero… La Hoguera.

 

(de Cadalso, 2da. Ed. Nevenka Astudillo, Piélago 2019)

lector constanza anabalon caja de resonancia

 

por Miguel Villalobos Martínez

 

Lo recuerdo muy bien. Cuando era niño, mi madre trabajó varios años en una clínica que no era como las otras: dentro, atendían a ancianos y ancianas que padecían alzheimer. En más de una ocasión tuve la oportunidad de recorrer sus pasillos y andar entre aquellas personas que solían moverse erráticamente o hablar incoherencias, aparentemente en “otro lugar”, casi siempre ajenos a su entorno inmediato. No lo sabía en ese entonces, pero ahora que ha pasado mucho tiempo empiezo a comprender lo absolutamente terrible de la situación.

Pensar, por ejemplo, que las experiencias guardadas en nuestros recuerdos comiencen a desvanecerse de un momento a otro; o que, de forma inexorable y paulatina, todo lo que ha perdurado en la memoria -y que de alguna manera constituye lo que somos- se desintegre hasta convertirse en nada es algo imposible de procesar sin dolor. Y es curioso, porque mientras vivimos muchas veces deseamos no recordar, cubrir con ese manto que llamamos “olvido” todo aquello que a veces nos desagrada, que nos duele o que nos atemoriza. ¿Qué sucede, sin embargo, cuando ese olvido es involuntario?, ¿habrá acaso algo más triste, más trágico que olvidar lo que no se quiere olvidar? Pues ese parece ser el verdadero problema, sobre todo si consideramos que el ser y su memoria son una sola cosa; y que la destrucción de uno implica necesariamente la del otro.

Caja de Resonancia de Constanza Anabalón (editado por Libros La Calabaza del Diablo el año 2016) ilustra muy bien este dilema. Dividida en tres partes, la novela incluye variedad de recursos técnicos y estilísticos que permiten a la autora construir un discurso que trata principalmente sobre la memoria. Y aunque lo hace desde el espectro archiconocido de la narrativa autoficcional, logra utilizar dicha forma como una herramienta que permite acceder genuinamente a la historia que se cuenta, sin que el ego produzca desbalances. En otras palabras, consigue que el “yo” sea el medio -y no la excusa- para acceder a los recuerdos. En las siguientes líneas, revisaremos aquellos aspectos que comprueban lo anterior, explorando de paso los diferentes ecos de vida que, como testimonios, resuenan al interior de esta caja.

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