Viernes, Septiembre 17, 2021
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«Compórtense como señoritas», un baile de resistencia.

 

El 2 de marzo de 2012, Daniel Zamudio Vera, un trabajador de 24 años fue violentamente atacado y torturado por un grupo de jóvenes en el Parque San Borja de Santiago. Producto de los golpes y heridas, Daniel falleció antes de finalizar ese mes en la Posta Central. El motivo,  su orientación sexual, lo que desató un crimen que terminó impulsando una ley contra la discriminación. El brutal ataque que acabó con la vida del joven lo convirtió a sí mismo en un símbolo de la lucha contra la violencia homofóbica y a casi 10 años de su muerte, miles de personas a lo largo de Chile y el mundo aún siguen peleando contra los prejuicios y la discriminación.

Una de esas personas es Karen Luy de Aliaga, escritora y redactora peruana, autora de la novela juvenil Compórtense como señoritas, publicada en 2019 bajo el sello Narrar en Lima, y que  está disponible recientemente en el país gracias a una nueva edición realizada por Cocorocoq Editoras.

Karen Luy de Aliaga pudo correr en su juventud la misma suerte que Daniel, en un Perú altamente conservador —hoy reside en Buenos Aires donde ejerce su actividad profesional y vive su vida en una sociedad más abierta y tolerante—, pero afortunadamente pudo plasmar su vivencia personal en esta novela, escrita de forma amena y  honesta, que narra la historia de una joven limeña que se descubre a sí misma y su identidad durante la última década del siglo pasado, un camino no exento de tristezas y sinsabores, pero que termina en la firme convicción de que a pesar de que no ha sido un sufrimiento escogido es una realidad que está ahí, presente y que grita por ser respetada y comprendida por el resto.

«Tampoco es que Ari se identificara con ser lesbiana al inicio, pero eso mismo me pasaba a su edad, porque también había algo endemoniado en la palabra «lesbiana», al pronunciarla tenía una sensación pecaminosa, sucia, disonante».

Compórtense como señoritas es un viaje de aceptación que termina en un verdadero manifiesto, donde su protagonista expone las heridas y cicatrices que le han ocasionado su decisión de «salir del clóset», de no vivir lo que en algún pasaje describe como la farsa de la vida. Así debe enfrentar desde su adolescencia el peso de la discriminación, el cuestionamiento de sus elecciones, la mirada permanentemente escrutadora de su entorno.

La protagonista se hace cargo de los principales hitos de su vida durante más de una década, narrando sus primeras experiencias, sus grandes amistades, sus amores, así como sus decepciones, sus desilusiones amorosas, su soledad, sus miedos y desesperanza. Todo a través del relato de experiencias vivas, que se mantienen en su recuerdo a pesar del tiempo transcurrido, donde reflexiona sobre la «suerte» que le tocó, de no haber terminado su historia en una tragedia.

«Crecí en estos lugares y los demás bares de la ciudad me parecían aburridos, tristes, con rituales de apareamiento monótonos, donde luego de hacer un rápido escaneo te otorgaban un puntaje. Como si te hubieras inscrito a un concurso de belleza».

La novela está enmarcada en un juicio por agresión, un proceso largo que interpela a la justicia y a las instituciones, la Policía, la Iglesia o la propia familia. Compórtense como señoritas es el llamado de atención afuera de un cine, pero también es el reflejo de la incapacidad de una sociedad para comprender las diferencias, que cree que «la enfermedad» de la protagonista «se puede curar».  Y ante esa indolencia solo queda una cosa: bailar. «Bailar un rato porque quiero olvidar lo que ha pasado» —dice la protagonista. Bailar se transforma en un espacio para resistir a toda esa violencia e incomprensión.

El libro está plagado de referencias musicales que van desde Camilo Sesto a Gloria Trevi, —la música que se escucha en los bares que frecuentan la protagonista y sus amistades—, y también de lecturas, películas y otros íconos de la cultura pop de los noventa, que permiten recrear en parte una  época de Lima, una ciudad que más bien se asemeja a una postal ausente, donde parece ser más importante lo que sucede adentro que afuera.

La rabia acumulada con los años llevará a la protagonista a transitar también por episodios de autodestrucción, depresión, alcohol, drogas que no son más que un grito desesperado por encontrar un lugar en el mundo. Un lugar que en este momento cientos de jóvenes, especialmente mujeres,  deben estar buscando y que al comienzo de la novela se les advierte: «Si estás leyendo este libro, quiero que sepas que no estás sola. RESISTE».

 

 

Karen Luy de Aliaga reside en Buenos Aires.Es magíster en escritura creativa en UNTREF (2018 – 2020) y licenciada en publicidad de la UPC, copywriter senior y escritora.
Ha publicado dos poemarios, cuentos en antologías y la novela, Compórtense como señoritas, bajo el sello Narrar (Lima, 2019) y Cocorocoq Editoras (edición ilustrada, Chile, 2021).

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