Viernes, Febrero 23, 2024
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Consuelo María: «”Luto” es un sueño de combate. Aquí digo lo que quiero y que nadie me diga que está mal»

 

Desde Chiloé, Consuelo María nos cuenta cómo ha sido vivir en la isla y sobre Luto, libro que busca cautivar llamando la atención al lector con las temáticas que ella busca representar en su obra. Te invitamos a leer la interesante entrevista.

—Cuéntanos sobre ti

—Soy valdiviana, actriz y performer. Hace poco edité mi primer libro «Luto» de foto performance y poesía. Estoy radicada hace 4 años en la isla de Chiloé. Acá he curtido mi proyecto artístico en base a las políticas feministas, en las que encontré un espacio de reivindicación a lo doméstico y la maternidad. Soy madre, artista independiente y dueña de casa y he vivido violencia desde diversos ámbitos; el sistema patriarcal nos oprime y vela nuestras libertades, normalizando conductas de misoginia. En mi acto creativo intento desnudar la rabia que cargan los diversos maternajes, la culpa que nos ahoga por todo lo que ha construido la iglesia y el rosario que colgaron en nuestras úteras, la biblia con la que taparon nuestras tetas de leche huérfana.

La violencia que afecta al territorio cuerpo (desde la colonización han transformado nuestros cuerpos en un objeto mercantil y de intercambio. Somos un trozo de carne al cual le enterraron banderas, deforestaron nuestro pulso primitivo) …que día a día estos cuerpos son explotados en los hogares y espacios domésticos, que están invisibilizados y se normalizan infinitas situaciones dentro de las 4 paredes. Las mujeres somos quienes llevamos en la mayoría de los casos la carga de los cuidados, y esto no se valora, muy por el contrario, terminamos con graves problemas emocionales y mentales por la falta de apoyo y cuidado a nosotras, ¿quién cuida a las que cuidamos? Busco arrancar estas banderas y rosarios del camino.

—¿Cómo fue cambiarte de ciudad para irte a Chiloé?

—Me vine a la isla porque estaba aburrida de la capital. Me estaba yendo bastante bien en cuanto a lo laboral, incluso me llamaron para papeles pequeños en series bien populares como Ramona y Mary & Mike, pero sentía que no tenía una identidad, una autoría (yo soy autora y creadora) …que hacía lo que los demás quería ver de mi. Conocí a mi compañero actual, Juan Pablo, que llevaba tiempo avecindado en la isla. Metí un poco de ropa, mi maquina de coser y me vine. Amo el sur porque nací en Valdivia, pero Chiloé es otro viaje… es crudo, te haces fuerte aquí y te quedas o te vas. Cuando dejé Santiago también dejé a mi hijo mayor y nuevamente sentí el ojo inquisidor sobre mi. Yo era la loca que se iba a la mierda del mundo y dejaba al hijo… ¡Cómo era posible! ¡Y sin trabajo! ¡Y con un hombre que no era el padre de su hijo! ¡Qué mala madre! Fue triste porque mi familia opinaba eso, veían a mi hijo con lástima, pero después aborté a un par de ellos y les di vuelta la cara con hechos concretos. Me traje a mi hijo y acá él es feliz. Chiloé ha sido una enorme escuela en mi vida. Tengo mi familia propia. Las mejores amigas del mundo con las que me encuentro en la mesa a crear, con una canción de Juan Gabriel y con un tecito. Y lo mejor es que logré encontrarme con la profundidad de mi trabajo… sin pedirle nada a nadie. He hecho todo lo que he querido en este archipiélago que tanto necesita, porque también está muy violentado y olvidado. Descentralizar el arte es lo mejor, es rebeldía pura, resignificar la misión artística. Acá hay comunidad y mucho amor. Así que la inspiración en este lugar me salva siempre de la locura.

—¿Cómo se te ocurrió tu primer libro, Luto?

—Luto nace desde mi experiencia. Son textos que tenía guardados de hace un tiempo junto a textos nuevos; experiencias nuevas y viejas. Sentía rabia y angustia por tantas injusticias, violencias, muertes. Venía realizando acciones de performance de manera individual y con mi amiga Pau Chakana, con quien dimos vida a la colectiva de teatro performativo «Sujetas Insurrectas»… y sentía que necesitaba trascender la acción física efímera, trascender lo que estaba sintiendo y llegó esta idea de un libro objeto, quería algo innovador que no fuera el clásico libro de lectura. Quería interpelar al lector con mi imagen. Mostrar poesía no sólo escritural. Una experiencia estética que uniera todo el viaje que llevaba. Así que le di con la performance y como soporte utilicé la fotografía. Trabajé con Amelia Jara para el trabajo visual y con ese material fui editando el libro, como quien escribe un diario de vida y le pega recortitos… quería que fuera tal como lo tenía en mi cabeza. Así nació el concepto de este luto que externaliza un estado de dolor. Es la pérdida en todo el ámbito del concepto. Siempre las mujeres y disidencias perdemos, somos anuladas, llevamos un luto en el pecho… además recordaba el texto de Masha, personaje de la obra teatral La gaviota de Chejov, que siempre andaba de negro y decía: «Llevo luto por mi vida». También me tatúe una rosa negra en el pecho que es mi dolor.

—¿Qué significa para ti el libro?

—El libro fue mi tercer parto. Me preñe de palabras e imágenes, lo amo con locura, le doy teta. A veces también lo odio y me baja la inseguridad. Es mucha la exposición, como que todas y todos te ven y se deben imaginar cosas… Lo bueno es que al final se representan con el libro. Es como la magia del teatro… Yo escribo un guion y el lector se mete en el personaje y lo interpreta. Eso es lo bello, que es un acto de magia, es vida, es misericordia por una, esto de resistir en mi espacio doméstico y no sucumbir a los patrones que se establecen para una mujer dueña de casa y madre. Porque yo escribo con una mano y con la otra revuelvo la olla y a la vez estoy dando teta a mi hija Mara y tomándome la foto para el feed.

Luto es un sueño de combate. Aquí digo lo que quiero y que nadie me diga que esta mal. Aquí yo me paro y rememoro a mis muertas, a las olvidadas, las enes ene. Abres el libro y viajas, cada página es un universo… eso quería yo, trascender mi acto creativo y compartirlo con el mundo. Verlo en las casas apoyado en un velador, en la mesa de centro es un regalo después de tanta angustia. Porque yo soy intensa y este libro también lo es.

—¿Qué es lo esencial que tiene Luto?

Este libro es simple, parece complejo, pero está pensado para que el mensaje sea digerible. Yo no vengo del mundo de las letras, soy como una intrusa, una mechera de versos libres y bien libres. Aquí hay teatralidad y sentido de estética, es una experiencia lo que proyecto luto. Digo que mi escritura es performativa. Yo lo presento como un viaje, un viaje por la memoria del mar, de las olas que curan y sanan la herida que a cada una le duele. Por eso el paisaje es un soporte fundamental. Yo soy feliz desnuda en el mar y me duele saber que ese mar se llevo el grito de muchas, pero a la vez me erotiza imaginar que el mar esta lleno de historias de amor, de pieles húmedas. El mar es calma y también furia. Esa es la médula de Luto. Tripas y corazón.

—¿Cuáles son las temáticas que podemos encontrar en tu primer libro?

Abordo diversas problemáticas que sostenemos las que fuimos socializadas como mujeres, las que fuimos hechas para representar la imagen de «mujer». En Luto le saco el delantal de cocina a la super mujer y le pongo portaligas. La vuelvo amante, deseosa de placer. Problematizo el amor romántico como estructura fálica de sometimiento y cobro venganzas diversas a través de las letras. Juego con la ironía del juntos para siempre y lo violento que esto puede llegar a resultar. Hablo abiertamente de femicidio y asesinato. Nombro a las que nadie quiere nombrar. De paternidad ausente y la huella que cargamos desde las infancias rotas. Maternidad y espacio doméstico. Finalmente es desnudar al maniquí bonito que nos hacen cargar durante las etapas de nuestra vida (niñez, adolescencia, adultez) y enseñar las vísceras que tiene dentro

 

—¿Qué significa para ti la performance y la poesía juntas?

—Es un acto sexual increíble. Lo pienso y me prende sentirme en este acto divergente y escandaloso que puede molestar y hacer ruido a muchas y muchos, medio de amante del uno y del otro. Me vuela la cabeza entender y vivir la poesía más allá de la escritura y la escritura más allá del papel. Mi vida es así, un remolino de acciones que traen consigo una consecuencia creativa que tengo que expresar para no morir o que no me maten. La poesía llegó para quedarse en mi vida y no quiero que se vaya nunca… La case con mis acciones performáticas. La performance ama con locura la palabra que arrastra eso atávico que pulsa en el mensaje que regalo al receptor. Yo pongo todo mi ser a disposición del acto creativo como acto politizador de lo cotidiano, como un acto ritual sanador que voy entendiendo en el camino, que voy respirando con los días… porque a veces hago y no sé porque hago, pero tengo la urgencia de denunciar eso que se que no sólo me pertenece a mi… mostrar que lo privado es un conjunto de situaciones que se vuelven políticas al momento de exponerlas y problematizarlas. Poesía y perfo son mi cuchillo, sangre y venganza.

—¿Dónde podemos encontrar tu libro?

—Todo este trabajo es autogestión. Yo vendo, envuelvo el paquetito, lo llevo al correo y luego regreso a mi casa a revisar tareas y calentar el almuerzo. Así que mi trabajo en general puedes encontrarlo en mi rr.ss. que por ahora es mi mayor espacio de difusión, ahí están mis videos, escritos, mis hijos, mis fotos y bueno… Luto.

Mi Instagram es @consuspenso. Y por Facebook me pueden encontrar como Consuelo Marina.

Francisca Gaete Trautmann
Francisca Gaete Trautmann
(Santiago, 1985) Periodista de la Universidad Gabriela Mistral. Ha trabajado para revistas, televisión y medios online. Ha seguido cursos de escritura creativa. Le encanta escribir, escuchar música. Vive en Santiago.
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