«Cuentos de la Guerra Civil» de Ambrose Bierce. La Pollera.

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Los Cuentos de la Guerra Civil de Ambrose Bierce son uno de los grandes aciertos editoriales de este distópico año. Compuesto por catorce relatos, en sus páginas apreciamos historias verosímiles que no hablan de vencedores ni vencidos. No se pretende articular un discurso único ni ejemplificador, aquí hallamos textos que con una prosa sencilla -y lejana a la épica- pretenden narrar desde la perspectiva de un soldado episodios sangrientos de la historia estadounidense.

En el año 1861 Bierce se alista en el Noveno Regimiento de Voluntarios de Indiana. Este es el punto de arranque de una vida que deambula por diversos conflictos bélicos, siendo la más mediática la Guerra Civil norteamericana en la cual murieron casi cuarenta mil personas. Involuntariamente, este hecho también significa el punto de arranque de su carrera como escritor. Las graves lesiones que sufre por salvar a sus compañeros heridos, así como los traumas ocasionados, le sirven de escenario para idear documentos ficcionales en donde el ser humano prima por sobre cualquier otro constructo.

Bierce es un adelantado para su época. Tiene todas las características escriturales de un narrador del siglo XX, pues sus narraciones son sumamente visuales: «Las detonaciones de nuestra artillería casi nos dejaban sordos, pero durante breves intervalos conseguíamos escuchar a la batalla rugiendo y tartamudeando en los rincones sombríos del bosque que se extendía a izquierda y derecha, allí donde el resto de nuestras divisiones se estrellaban una y otra vez contra la selva humeante».

En cada párrafo se nos recrean imágenes nítidas, propias de una serie contemporánea. Este ejercicio no podría haber sido llevado a cabo por un escritor sin oficio. Hablar de guerras perdidas sin caer en lugares comunes es un ejercicio complejo del que Bierce huye con sabiduría. De hecho, no recurre a la clásica construcción imaginaria de unos por sobre otros, las mayores disquisiciones bélicas que observa el autor están dentro de las inconsistencias de su mismo bando.

La traducción de Nicolás Medina es otro ingrediente fundamental dentro de estos cuentos. Con potentes dosis de neutralidad y precisión logra recrear atmósferas de espacialidad que trascienden los múltiples tecnicismos que presentan los relatos. Siempre se va más allá de la minuciosidad de los detalles, vislumbrando un esqueleto narrativo que destella en las oscuras noches de la guerra.

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