Domingo, Febrero 25, 2024
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Eduardo Schele: «El “hazlo tú mismo” del punk busca desmarcarse de los hábitos de la mayoría…»

Fotos: gentileza del autor.

 

Eduardo Schele proviene de la Quinta Región donde la escena punk, a principios de los años 2000, era muy activa. Desde la adolescencia escuchó esa corriente musical.  Luego estudió filosofía y con ello se ha dedicado a investigar más acerca de los temas que le apasionan: la filosofía y el punk. Ha escrito dos libros: La caída de Ícaro. Sobre el suicidio y los desencantos de la conciencia y Estética de lo siniestro. Aproximaciones desde el arte, la literatura y la filosofía. De la mano de Santiago Ander lanza hoy su nuevo trabajo titulado ¿Han visto mi zapatilla? Las filosofías tras la fiesta del punk. Te invitamos a leer la entrevista.

—Cuéntanos sobre ti y de tu cercanía con el punk y la filosofía.

—El punk me comenzó a fascinar en la adolescencia. Aunque había escuchado algunos discos del género antes, fue el Fiesta de Fiskales Ad-Hok el que me hizo comprender que el punk no se limita a un simple ritmo o estética, sino que también sirve como un medio para cuestionar el mundo.

A principios de los años 2000 la escena punk en la quinta región era muy activa. Existían un sinnúmero de espacios en los que podíamos expresar el desencanto que nuestras aún limitadas mentes comenzaban a vislumbrar. Fue el escepticismo que abrió en mí el punk el que me terminó llevando a seguir el camino de la filosofía, esperando encontrar en ella respuestas ante las dudas existenciales que por aquel entonces me acechaban. Pero, como era de esperarse, terminé encontrando a través de ella aún más inquietudes, aunque ahora disponía de algunas herramientas para hacerle frente o, al menos, entender de dónde provenían.

Estudié filosofía en la Universidad de Valparaíso y después realicé un magister en la Universidad de Santiago. Sin embargo, me he destacado por ser autodidacta, tratando de indagar más allá de lo que se inculca tradicionalmente en cada institución. De hecho, mi gran queja con la filosofía siempre ha sido el carácter sectario que puede llegar a tener, siendo accesible solo para algunos «iluminados».

Es por esta razón que desde hace diez años me he dedicado también a la divulgación a través del sitio estudioscavernarios.com y, más recientemente, en el podcast «Leyendo a Martillazos», medios a través de los cuales trato de hacer más accesible los análisis de obras no solo filosóficas, sino que también artísticas y literarias. Esto también traté de hacerlo en las dos obras que ya he publicado (La caída de Ícaro. Sobre el suicidio y los desencantos de la conciencia y Estética de lo siniestro. Aproximaciones desde el arte, la literatura y la filosofía).

—¿Cómo nace este ensayo?

—Originalmente responde a un ejercicio de nostalgia, pues, aparte de dar cuenta de las ideas centrales que están tras el punk, también buscaba rememorar una época en la que aún no tenemos que, como Sísifo, cargar «la roca» del deber. Si el punk es sinónimo de libertad, esta se anhela aún más cuando la perdemos al entrar en la adultez y las responsabilidades del mundo laboral.

—¿Cuál es la importancia del punk norteamericano, el inglés y el chileno?

—Desde el punto de vista histórico, el punk norteamericano y el británico son de vital importancia, ya que ellos son los que le dan el marco artístico, teórico y estético al movimiento, el que años después termina influyendo también en nuestro país.

—¿Por qué la filosofía y el punk «carecen de esencia»?

—Esta es una dificultad que se le podría atribuir a cualquier disciplina o movimiento, pero, probablemente, en la filosofía y el punk se hace más latente. En el sentido griego clásico, la «esencia» responde a aquello que hace que una cosa o fenómeno sea lo que es, pese a los cambios que pueda sufrir. Esto quiere decir que al hablar de la esencia de algo nos tenemos necesariamente que comprometer con ciertas características o rasgos inmutables, esto es, objetivos, independientes de las experiencias y contingencias que puedan ir apareciendo. Pero con ello estamos limitando no solo el campo de acción, sino que también el del pensamiento, y estas son precisamente dos cosas que cuestiona tanto la filosofía como el punk.

De asumir que ambas tienen una esencia, no estarían muy lejos de ser una religión, coartadas por lo que establecen sus principios y normas. Por lo demás, en la práctica, vemos que tanto dentro de la filosofía como en el punk conviven diversos enfoques y géneros, algo impensado para disciplinas que se asumen como esencialistas.

—¿Qué pretende dejar de lado el punk y a filosofía?

—El conformismo y la apatía propia de aquellos que, como diría el filósofo alemán Immanuel Kant, no tienen la valentía de hacer uso de su propia razón, dejándose llevar por la masa y sus alienantes costumbres. Sin ir más lejos, el «hazlo tú mismo» del punk busca desmarcarse de los hábitos de la mayoría, actitudes que se replican aún más con las nuevas tecnologías y redes sociales, perdiendo con ello el sujeto su autonomía y conciencia crítica.

—A tu parecer, ¿cuál filosofo se acerca más al punk?

—En el libro se nombran varios autores y escuelas. Por ejemplo, la actitud inicial de Sócrates de que no vale la pena vivir una vida en la que no estemos constantemente cuestionándolo todo, es algo muy punk. Sin embargo, en él vemos un respeto estricto al dictamen de las leyes de su época, incluso cuando estas pueden ser injustas. Algo muy alejado del nihilismo más activo que promueve Nietzsche, con el que apuntaba a destruir los cimientos de la tradición para erigir en su lugar unos nuevos que enaltezcan la voluntad de poder.

Si bien aquí hay coherencia en lo teórico, en el ámbito de la acción, el filósofo que más se acercó al punk fue Diógenes de Sinope, quien encarnó en su propia vida aquello de que la filosofía no sirve de nada si no logra herir los sentimientos de los demás, sentimientos que suelen estar profundamente arraigados a las costumbres y prejuicios de una determinada época.

—¿Cómo fue el proceso de selección de las canciones que plasmaste en el ensayo?

—Como el libro emula lo que puede ocurrir en cualquier concierto punk, no podía faltar la música que siempre anima estas fiestas. En su mayoría, las canciones que aparecen son aquellas que han marcado mi propia vida y que, coincidentemente, tienen que ver con los temas que se van abordando. Acorde a las hipótesis que se trabajan, las bandas que más se repiten son Fiskales Ad-Hok, BBS paranoicos y Bad Religion. Esta última, a mi juicio, es la que contiene las letras más filosóficas dentro del punk, de allí que se le ponga especial atención a lo largo del ensayo.

—¿Cómo fue editar bajo Santiago Ander?

—Ha sido una muy grata experiencia. Lejos de esos tratos fríos y protocolares que suelen darse en otras editoriales, con ellos he trabajado de una forma mucho más humana y directa. Es muy destacable además que hagan partícipe al autor de buena parte de las decisiones que tienen que ver con el libro. No puedo más que agradecerles por toda la dedicación que han puesto en esta publicación. Espero pronto en el futuro volver a trabajar con ellos.

Francisca Gaete Trautmann
Francisca Gaete Trautmann
(Santiago, 1985) Periodista de la Universidad Gabriela Mistral. Ha trabajado para revistas, televisión y medios online. Ha seguido cursos de escritura creativa. Le encanta escribir, escuchar música. Vive en Santiago.
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