Martes, Junio 18, 2024
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El exilio dorado – Gonzalo León

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«En la sede principal de la Dirección Nacional de Migraciones siempre hay gente, haciendo algún trámite vinculado a la residencia. Recuerdo que decidí tramitar la mía en 2011 cuando se venció mi visa de turista. Entre mis planes no estaba la radicación, pero luego de tres meses, sin tomarle el peso al asunto y sin trabajo, inicié los trámites. Una chilena que conocía me dijo que era fácil, expedito, y me mandó un correo electrónico
muy instructivo con los pasos a seguir. El primero de ellos era venir hasta acá y solicitar un certificado de antecedentes penales. Hice una cola pequeña.
Un funcionario repetía en voz alta y muy despacio, como para que todos en-ten-dié-ra-mos, que sin la fotocopia de la cédula de identidad no seríamos a-ten-di-dos. Al lado había una fotocopiadora y al lado de ésta un bar, donde divisé a un policía tomándose despreocupadamente un café. El funcionario recorría la cola repitiendo su letanía a un senegalés, a una paraguaya, a un par de peruanos y a mí. En ese momento me di cuenta de que en esa cola todos éramos iguales, había una cierta democracia en eso, y de nada valía, por ejemplo, tener educación universitaria completa. El funcionario promedio de Migraciones cree que el extranjero es idiota. Por eso ante ellos yo era un idiota más de la familia.
En-tien-de es su pregunta más habitual. Bueno, a decir verdad motivos para creer que el extranjero es un idiota no faltan: recuerdo que la persona que estaba adelante mío en aquella cola llegó sin la fotocopia requerida y no sólo no fue atendido, sino que reprendido levemente. Yo mismo después de eso he cometido errores como ése.»

 

El Exilio Dorado – Gonzalo León

La Calabaza del Diablo

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