«El rondell de Seattle» poemario que remite a la cinta sonora de los de la generación X
Por Citlali Ferrer
Siempre he creído que la música puede curar el alma
Chris Cornell
El rondel de Seattle es el libro más reciente de Álvaro Agurto Pincheira, publicado por: agente naranja, este 2026, en donde ya desde el título nos aproxima a la breve composición poética francesa del siglo XIV que repite el primer verso al final de cada poema, recurso que utiliza en sus poemas. También, a la emblemática construcción futurista de Seattle, «la aguja espacial», ya que da la impresión de que el poeta desde esa altura observara la escena del grunge, para con cuidado y sin conmiseración ir con un teleobjetivo hasta cada rincón en donde transcurrió la historia de ese género musical.
Así, como en la época de la Revolución industrial el arte fue compensatorio, donde las chimeneas se convirtieron en sombreros de copa, aparecieron mesas talladas con motivos de naturaleza mientras las ciudades se llenaban de hollín. En el Seattle de los 80 sus jóvenes no tenían muchas opciones, lo más seguro, era que serían leñadores o choferes de grandes camiones o estibadores portuarios. Ante ese panorama, les fue necesario generar un discurso que por supuesto estuvo cargado de depresión, desencanto y dolor. La obra como extensión de la vida, el grunge deviene de una geografía donde hace mucho frío, donde las crisis gabachas rebasaron los sueños de aquellos jóvenes, donde la necesidad de permanecer guardados los obligó a generar una comunicación alternativa, distinta a lo que había sucedido antes en el rock.
Llama la atención que el poeta conozca tan profundamente este movimiento, tanto, que, por momentos, su voz parece ser la de alguno de estos músicos que a los de mi generación nos marcaron tanto. El poeta Álvaro Pincheira Agurto, trabaja su obra también como extensión de su vida, ya que suele tocar su guitarra y cantar, también jugar tenis, actividades que le permiten estar en un espacio aparte de este tiempo vertiginoso.
En América Latina, el rock siempre nos llegó tarde e incluso era mal visto socialmente. Los de mi generación crecimos bajo la influencia del peace and love, el cold turkey y los derrumbes de Sabina, vivimos con intensidad y los que quedamos, ahora ya sesentones somos sobrevivientes del VIH, de la caída del Muro de Berlín, además de que perdimos el sueño de Segismundo y nos volvimos una clara copia de lo que aparece en la novela Generación X de Douglas Copland en donde los jóvenes desencantados, sin proyectos y deprimidos viven aspirando a tener un macjob que les permita tener, al menos, algo de dinero para comprar sus cervezas y tabacos.
El sueño de Kurt Cobain era tener una gasolinera en un cruce de carreteras y él mismo despachar. Lidiar con la fama no le agradaba. Incluso alguna vez dijo que le hubiera gustado tener la fama de John Lennon y el anonimato de Ringo Star. Además, la gran decepción de que el rock que había sido contracultural fue absorbido por la industria. Kurt Cobain dejó de luchar con la ambivalencia cuando se voló los sesos.
Leer este poemario no sólo nos aproxima a la historia del grunge sino a la propia, en donde cada quien, como pudo, buscó el sentido de la existencia.
Álvaro Agurto Pincheira con El rondel de Seattle, parece tararear el dolor fugaz de una generación, de un movimiento que, aunque duró poco, sigue vivo en las Play list de muchos. Sus poemas me recordaron las greguerías de Ramón González de la Serna ya que, como él, supo combinar agudeza intelectual y sutileza para ofrecer una visión deslumbrante del Seattle de los ochenta.
El rondel de Seattle quizá sea el epitafio del grunge y de los que nos prendimos con sus rolas, es triste como suelen ser los epitafios, pero, sobre todo, porque cuando fuimos jóvenes estuvimos anestesiados, nos creíamos libres y contestatarios, pero, también nos encerramos escuchando a altos decibeles a todos esos grupos, y, así, tratamos de olvidar la deuda que a todos nos quedó a deber la implacable realidad.
El rondel de Seattle , cala y dan ganas de correr a ponernos la camisola de franela para ver si nos calma el frío. El rondel de Seattle : sin duda, imperdible.
Ahuatepec, primavera del 2026.
