Sábado, Agosto 13, 2022
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Emilio Ramón: «Me pasa que cuando escribo siempre me voy imaginando todo, lo veo como una película»

Foto: Gentileza del autor

 

Sus referencias pasan desde la literatura, el cine hasta la música.  En su segunda novela, Los muertos no escriben, hoy el escritor nacional Emilio Ramón (1984) nos presenta un trabajo que juega con el realismo sucio y con el sarcasmo.   Nos invita a participar en los distintos mundos de las letras y del arte. Emilio nos contó sobre su fuente de inspiración, el proceso creativo, y si admira o no a Roberto Bolaño,  entre otras cosas bastantes sabrosas. Te invitamos a leer la entrevista.

—Cuéntanos sobre ti

—Tengo estudios en lengua castellana y literatura, pero lo que más me gusta es escribir. Los muertos no escriben es mi segunda novela publicada. Antes, el año 2014, publiqué una novela corta llamada Labios ardientes, que hoy veo más bien como un balbuceo, un ejercicio de aprendizaje. Los muertos no escriben, en cambio, sí es un libro del cual me hago cargo, está mi voz ahí, mis años de aprendizaje. También publiqué el libro de relatos Noches en la ciudad en 2017, reeditado para Argentina por la editorial Piloto de Tormenta en 2019. Por otro lado, escribo bastante sobre música en sitios web y, junto a Ricardo Vargas, escribimos el libro de crónica musical Disco punk. Veinte postales de una discografía local el año 2020. Me gusta mucho la música, tanto como la literatura y el cine. Mi cabeza está plagada de esos tres referentes.

—¿En qué te inspiraste al hacer esta novela?

—En muchas cosas. Por un lado, en mi propia experiencia como uno de los fundadores de una editorial independiente y como escritor de ese mundillo. También en muchos libros, películas y canciones, leyendas, comentarios que escucho en reuniones, etc. Creo que para escribir hay que tener muchas referencias de todos lados, absorber todo lo que se pueda de la cultura y de lo que vemos en la calle para luego procesarlo, meterle mano y transformarlo en páginas llenas de palabras. Si tuviera que mencionar algunas influencias destacables en este libro, creo que están las novelas Trainspotting de Irvine Welsh y El tiempo es un canalla de Jennifer Egan; por el lado del cine están los Monty Python y su humor absurdo, y la película Mystery Train de Jim Jarmusch.

—¿Con cuál personaje te sentiste más identificado o que le tenías más cariño?

—Camilo K es el que tiene más cosas mías, como el humor negro y toda esa parada existencialista mezclada con los referentes culturales del punk rock. Pero fue tan largo e intenso el proceso de crear tantas personalidades distintas, darle una voz a cada una, que a muchos de los personajes llegué a sentirlos como si estuvieran vivos. Me dan ganas de saber qué será de ellos ahora que se terminó el libro. El personaje de Karina Valium, por alguna razón, fue el que más disfruté escribiendo y me habría gustado explayarme mucho más sobre ella, pero lamentablemente la historia no me lo permitió.

—¿Cómo fue el proceso creativo de Los Muertos No Escriben?

—Fueron cuatro años y medio escribiendo el libro. No fue fácil.  Muchas veces sentí que con eso de meter tantos narradores en primera persona y tanta información que se fuera mezclando y armando como un puzzle, me había metido en una camisa de once varas, y más de alguna vez se me pasó por la cabeza abandonarla y escribir algo más simple. Es un proyecto que me consumió mucha energía y generó bastante ansiedad, pero, por supuesto, por otro lado fue placentero y satisfactorio. La pasé muy bien haciéndola. Suena paradójico, pero para los que no podemos vivir sin escribir, esta es una actividad que nos lleva al borde del abismo, pero al mismo tiempo es lo que más disfrutamos haciendo. Escribir es algo que le da sentido a nuestras vidas

—¿Cómo ves a la gente que aborda hoy los 40 años?

—Es una edad clave porque el cuerpo empieza a pasar la cuenta y la gente entra en el camino de pensar en el resto de su vida desde otra perspectiva. Ya no hay tantas oportunidades para equivocarse, a diferencia de los veintitantos, donde siempre había una vida por delante para arreglarla. Es una edad que marca un quiebre entre la juventud y la tendencia humana a refugiarse y buscar acomodarse para tener una edad adulta más estable. Los personajes de esta novela están en este periodo y Camilo K se niega a entrar en esa etapa de calma volviendo a sus amistades de juventud y a sus viejas costumbres autodestructivas… solo que el tiempo ha pasado y el mundo ya no es el mismo de hace diez o veinte años.

—La temática de escritores under, músicos, ¿fue tu principal inspiración?

—Fue una de las inspiraciones. El tema de los escritores y las editoriales más underground casi nunca aparece en los libros. Hay toda una leyenda creada por las películas gringas sonde los escritores viven de sus ventas, tienen agentes y los editores tienen casas de vacaciones en el Mediterráneo, pero la realidad es muy distinta. Publicar un libro honesto o mantener a flote una editorial consecuente es casi heroico, es ir en contra de todo un modelo económico y cultural que juega en contra. Y ahí es donde me muevo, por eso conozco este mundo muy bien como para escribir sobre él.

—Le pusiste banda sonora al libro, ¿qué tal eso?

—Me pasa que cuando escribo siempre me voy imaginando todo, lo veo como una película, con encuadres y todo, y creo que eso se nota al leer la novela, que es como ir viendo una película. Y, por supuesto, mis imágenes mentales muchas veces llevan música y eso intenté trasladarlo al papel. Las canciones en el libro no son simples referencias, sino que intentan recrear o intensificar atmósferas, o en ocasiones son símbolos de los acontecimientos o de los personajes. Fui muy cuidadoso de elegir las canciones y no bombardear con referencias arbitrarias, sino que cada canción está ahí por algo.

¿Admiras a Bolaño?

—La verdad es que nunca he sido fan de Bolaño. Me gustan sobre todo sus libros de cuentos Llamadas telefónicas, es mi preferido y sus novelas cortas, me quedo con Una novelita lumpen, pero sus libros más conocidos no me gustan. Lo admiro en el sentido de que es alguien que se construyó a sí mismo y es un gran escritor, pero no me llega tanto. Me parece mucho más interesante como personaje.

—La muerte es un tema principal, ¿por qué?

—Es una de las obsesiones del protagonista, Camilo K, que está comenzando a asimilar la muerte como algo inevitable y mucho más cercano de lo que quiere pensar. Tiene que ver con dejar atrás la juventud y embarcarse en una nueva etapa, en asumir una pérdida. Por otro lado, está todo el tema de los fantasmas, y la muerte no solo como la interrupción de la vida, sino la muerte como símbolo y cómo los fantasmas conviven con nosotros. Hay referencias explícitas a la muerte y otras no tanto, desde el episodio de Chancho Seis en la funeraria hasta detalles como ponerle Café Comala —el pueblo lleno de fantasmas de Pedro Páramo— al lugar donde llegan varios personajes y donde también ocurre una muerte.

 —¿Dónde podemos encontrar el libro?

—El libro está en varias librerías, en el GAM, en la Qué leo Tobalaba, La Cuadrilla, La Flor de Papel y otras que no recuerdo. También en Buscalibre y a través de la pagina de la editorial Los Perros Románticos.

Francisca Gaete Trautmann
(Santiago, 1985) Periodista de la Universidad Gabriela Mistral. Ha trabajado para revistas, televisión y medios online. Ha seguido cursos de escritura creativa. Le encanta escribir, escuchar música. Vive en Santiago.
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