En pequeñas dosis VII. REM: Red de escritoras de microficción

Por Lorena Díaz M.

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En junio del año 2020 se creó «REM: Red de escritoras de microficción» con participantes de varios países, entre esos Argentina, Perú, Bolivia, México, Colombia, Chile, entre otros.

El manifiesto del colectivo señala:

Somos una red de escritoras feministas que aceptamos y celebramos nuestra diversidad porque creemos que nuestra riqueza se funda en ella.

REM se congrega en torno a la difusión del género de la microficción.

REM se compromete al apoyo irrestricto a los logros de nuestras integrantes así como también a las actividades microficcionistas en la que cada una participe.

No estamos dispuestas a restarnos de espacios literarios y exigimos ser convocadas a ellos.

Considera a escritoras con libros publicados o que han aparecido en antologías, ya que entiende la precariedad que viven las mujeres en ella y que también padecieron nuestras antecesoras.

REM cree en la literatura como el imaginario para el cambio social.

La microficción es una fiesta a la que todas estamos invitadas: cultoras, académicas, infractoras a la regla y lúdicas soñadoras.

El colectivo ya cuenta con más de setenta escritoras, abierto a seguir sumando mujeres amantes del género breve su red.

El 8M pasado REM realizó una “marcha simbólica” a través de las redes, donde mujeres de distintos países se unieron en un carrusel de microficciones a leer sus textos en conmemoración a dicha fecha.

Acá les dejamos textos de algunas de las integrantes del colectivo:

 

PARA ESTAR EN TITULARES

(Miranda Montealegre)

 

Limpiaba sus manos ensangrentadas mientras de reojo observaba el desastre que había a su alrededor.

El piso sucio, la ropa por todas partes, el baño que parecía público, los pelos. ¿Cuánto tiempo más aguantaría que él no hiciera nada?

Los constantes detalles cotidianos se acrecentaban. Furiosa, tomó el martillo y golpeó una y otra vez con toda su fuerza, la sangre comenzó a escurrir lentamente por el mesón. Para terminar, tomó el cuchillo, lo afiló hasta lastimarse el dedo, aun así, cortó en pequeños trozos la carne.

Adobó con esmero y encendió el horno.

El lomo vetado estaba listo para la cena y la práctica había terminado. Mañana ya no sería un ensayo.

 

EDIFICIO V

(Pía Barros)

 

No nos gusta el encierro, así es que el Juancho, Nieves, Lucas y yo, que somos del primer piso, nos arrancamos por las ventanas y a susurros, vamos dando vueltas en la noche, entre los autos estacionados que acumulan el polvo de los meses de cuarentena. Nieves roba caramelos y chocolates de los que no han quedado asegurados y nosotros desinflamos ruedas, escribimos obscenidades en los vidrios, hurgamos entre las bolsas de basura. Ahora ya no nos asustamos cuando de las bolsas negras salen dedos de manos o pies fuera de su contenido. El juego es quién los encuentra primero. Lucas va ganando, el Juancho y yo sólo hemos contado 9 vecinos cada uno.

 

ARMA SENSUAL

(Maritza Iriarte)

 

La pareja, envuelta en una ráfaga de deseos, transita en deliciosa humedad. Ella acepta el juego atada de manos y él delinea su cuerpo con cortes precisos y profundos.

 

CUMPLEAÑOS

(Dina Grijalva)

 

Prepararé los platillos favoritos de Laurita, para festejar sus 5 años. Pobres mis niñas, desde que empezó el confinamiento no han podido salir a jugar al parque, con lo que les gusta ver a sus amiguitas.

Las recetas de mi abuela son infalibles para la ensalada de manzanas con nueces, el mazapán de almendra, el flan con caramelo y el pastel de chocolate. Pondré todo en la mesa antes de que se levanten.

– ¡Mamá, mamá, despierta! ¡mi hermanita ya no se puede levantar! Tantos días sin comer le han hecho daño.

 

ACTUALIZACIONES

(María Elena Lorenzin)

 

Recogeabuelos s. m. pl.:  Abrazadera, generalmente de concha, que las mujeres se ponen en la base del peinado para sujetar los tolanos o abuelos.

 

Definición moderna: Maquinaria especial para recoger abuelos abandonados en estaciones de servicios y otros lugares de desamparo, por lo general en sociedades hiperdesarrolladas.

 

EL COMPLEJO DE OZ

(Karla Barajas)

 

En la primera clase magistral impartida por el gran mago de Oz, los alumnos aprenden a convencer al mundo que poseen el don de la magia; gracias al tiempo y estudios meticulosos en ilusionismo, cartomagia, numismagia, mentalismo… lo obtienen. Eso sí, bajo severos castigos y la llamada pedagogía del terror, que los vuelven seres autocríticos.

A pesar de sacar conejos de la chistera, por las noches, los invade el fenómeno del impostor y se vuelven incapaces de interiorizar sus logros, temen que serán señalados como un fraude por quienes acuden al circo, mientras levitan tanto que pueden tocar el techo de su habitación.

 

HEREJÍA

(Francisca Rodríguez A.)

 

Impugno los aprendizajes de todas las mujeres que fueron mis antepasados. Rechazo esta sabiduría ancestral que no pedí tener y que corre por mi sangre. Desconozco mi instinto de supervivencia, contradigo mi intuición y traiciono mi razonamiento. Estoy dispuesta a abandonar todo lo que soy, para aceptar la conspiración del destino que puso a un hombre maldito frente a mí.

 

 

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