Entrevista a Gabriel Dukes por su novela El psicoanalista desnudo
«Escribo para indagar en la condición humana para explorar más adentro, para descubrir y elaborar nuestras propia inquietudes»
Tras el éxito de Malamente, el psiquiatra y escritor Gabriel Dukes Cohen vuelve a sumergirse en los laberintos de la mente humana con su nueva novela, El psicoanalista desnudo (Editorial Forja). En esta obra, el autor retoma al doctor Lev Kogan, un psicoanalista que, entre las historias y conflictos de sus pacientes, se enfrenta también a su propia vulnerabilidad. Aunque no se trata de una continuación directa, ambas novelas dialogan entre sí a través de la mirada introspectiva y lúcida de un protagonista que intenta comprender a los demás mientras se pierde en sus propias contradicciones.
En esta conversación, Dukes Cohen reflexiona sobre la evolución de su personaje y de su propia escritura, el vínculo entre su práctica clínica y la literatura, y los dilemas éticos, emocionales y existenciales que atraviesan su obra. El psicoanalista desnudo es, más que una novela, una invitación a mirar de cerca la fragilidad humana: un relato sobre el deseo, la soledad, la culpa y la búsqueda de sentido.
A continuación, una entrevista que nos permite entrar —sin diván de por medio— en el universo íntimo del doctor Lev y de su creador.
—El psicoanalista desnudo es una especie de segunda parte de tu primera novela Malamente. ¿Cuándo sentiste que el doctor Lev tenia más que contar?
—El psicoanalista desnudo no es una continuación directa de Malamente, lo que tienen en común ambas novelas es que el protagonista es un psicoanalista llamado Lev. La segunda novela profundiza y explora temas distintos, son otras historias las que aparecen. Como dice el escritor Pablo Azocar «Se trata de una saga del atribulado psiquiatra Lev Kogan, el mapa sentimental de un hombre que afronta las emociones y comportamientos de los otros con una lucidez inexorable, pero no le sucede lo mismo con su vida propia».
—¿Qué cambio en tu aproximación narrativa entre una novela y otra? ¿Cómo evoluciono Lev, y cómo evolucionaste tu como escritor?
—Quizás, más que evolución El psicoanalista desnudo enriquece el personaje y la trama, creo que el lector es desafiado a reflexionar en su propia vida. La narrativa es entretenida y fluida, la novela se lee rápido, como dice el escritor Marcelo Simonetti: JUna vez que se comienza a leer no es posible detenerse». El lector hace un pacto con el psicoanalista y se asoma a su mundo interior y en cierto sentido se transforma tambien en psicoanalista, a medida que avanza la lectura el lector tambien deviene en paciente, interrogándose por sus propios problemas. Tal vez, esté es uno de los secretos que hacen atractiva la novela
—El titulo: El psicoanalista desnudo sugiere exposición, vulnerabilidad, incluso transgresión ¿Qué significa para ti esa desnudez?
—Lo desnudo invita siempre a mirar, despierta el deseo de conocer, de saber, en este caso se trata de adentrarse en la vida de un psicoanalista, en su intimidad, en su existencia, en sus miserias, en sus virtudes, en su historia y además en su oficio. Lev es un hombre solo, que en cierto sentido es arrastrado por las circunstancias. No tiene el cobijo de una familia que lo proteja. En este sentido vibra con cada situación que le ocurre, es como si estuviera a la intemperie, desprotegido, en la calle. Entonces la desnudes es tambien soledad y vulnerabilidad. Lev es como una hoja al viento. En la novela se despliegan las conmociones existenciales de un hombre solo y desnudo.
—Eres psiquiatra y psicoanalista además de escritor. ¿Cómo dialogan esas dos prácticas en tu proceso creativo?
—La experiencia clínica enriquece mi escritura, estoy entrenado a mirar en las profundidades de la mente, esto me facilita la creación de personajes con las complejidades y ambivalencias propias de la condición humana. Me entretengo escribiendo. Primero pienso en algún tema que me interesa, la vejez, la enfermedad, el amor etc. Luego creo personajes y situaciones que exponen distintos puntos de vista sobre el tema a indagar. Es decir puedo hacer dialogar distintos pensamientos, o puntos de vista a veces contradictorios. La escritura otorga esa facilidad. Distintas ideas que uno tiene sobre un tema pueden confrontarse en el espacio literario.
—¿Qué tanto de tu experiencia clínica nutre tus historias? ¿Alguna vez sientes que la literatura te permite decir cosas que el consultorio no?
—Un colega psicoanalista compro una novela y se la regalo a su papá. «Toma papá aquí tienes una novela para que entiendas lo que hago» le dijo. El oficio de psicoanalista es reservado y misterioso y excluye a los demás y a las familias de los profesionales. Una de las virtudes de la novela es que muestra como funciona el psicoanálisis, se trata de una ventana donde el lector se asoma y puede observar en vivo y en directo. La novela no solo entretiene, sino que también ofrece un espacio para la reflexión personal, ayudando al lector a explorar sus propias emociones. Creo que acerca a las personas a una dimensión de la vida que en solitario, a veces, puede ser bastante inaccesible.
—En la novela hay una tensión constante entre ética y deseo. ¿Fue un desafío narrar desde ese punto de vista sin caer en lo moralizante?
—La novela siempre transita en zonas difusas, en tierras de nadie, en la frontera, en lugares donde se producen tensiones, por ejemplo entre lo permitido y lo prohibido entre la moral y el deseo. Entre cuando y cuanto involucrarse en una determinada situación. Cuando abstenerse. En la tentación a transgredir y el peligro que ello implica. Lev vive en ese lugar peligroso donde hay que estar muy atento para cuidarse, a veces Lev llega tarde y queda atrapado. Se trata de fenómenos de frontera donde a veces no existe ley. Los personajes no son completamente malos ni completamente buenos y todos deben siempre resolver sus dilemas y exponer sus contradicciones y ambigüedades.
—¿Crees que la literatura puede funcionar como una forma de análisis personal, una manera de «hacer terapia» a través de la escritura?
—Para hacer terapia se necesitan al menos dos personas. Justamente el poder dialogar con alguien distinto a uno es el punto de partida de cualquier proceso terapéutico. En la novela el lector dialoga consigo mismo estimulado por los problemas universales que atraviesa el protagonista. La novela sin duda invita a la reflexión y acerca al lector a temas que seguro están dentro de él. Un buen comienzo de todas maneras para seguir indagando dentro de uno. Vargas Llosa decía que la novela era una manera de adentrarse en mundos en los que el lector jamás estará, una forma de conocer vidas diferentes y evadir, a veces, la dura realidad. En mi caso escribo para indagar en la condición humana para explorar más adentro, para descubrir y elaborar nuestras propia inquietudes.
—Después de esta segunda novela, ¿piensas seguir explorando la historia del doctor Lev?
—Tengo en mente completar una trilogía. Pero no me amarro, más bien, trato de estar abierto a lo que valla surgiendo. Me gusta mantener un espacio de libertad, quizás ese es el secreto para disfrutar del proceso creativo de la escritura. Escribir debe ser siempre sin compromiso.
—¿Qué te gustaría que quedara resonando en quienes lean El psicoanalista desnudo?
—Me agrada que los lectores se entretengan leyendo El psicoanalista desnudo me gustaría que se sumerjan en las emociones y reflexiones del Dr. Lev. Que vivan por un breve momento la vida del protagonista, que se enojen, que sufran, que se apenen y se alegren convirtiendo así la lectura en una experiencia en un viaje emocional de la mano del entrañable doctor Lev.