Esther Margaritas: «Escribo porque siento la necesidad rápida de no olvidar»

Fotos: Archivo autora

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Desde hace un tiempo que se dedica a la escritura y a la performace. En esta entrevista nos cuenta sobre la poesía,  la recepción de sus libros, su opinión acerca de los nuevos escritores de su generación, entre otros temas. Con ustedes, Esther Margaritas.

 

-Brevemente cuéntanos de ti

-A grandes rasgos, radico en el sur de Chile en una ciudad que se llama Puerto Varas. Mi oficio ha de ser la escritura pues llevo un buen tiempo dedicándome a entresacar las palabras que sin querer brotan y brotan las condenadas. Actualmente imparto talleres de poesía y performance a través de una plataforma digital.

-¿Siempre quisiste dedicarte a la poesía, al performance?

No. Más bien fue siempre a lo que rehusé. No sé, cuestiones sociales, desde que tengo el lenguaje de la oralidad escuché que ser artista no, que escribir no, ya sabes, imposiciones. Y fui bastante rebelde durante toda mi infancia o adolescencia a los márgenes, más ese de, «ser escritora» era algo que definitivamente no quería ser, no podía ser. A los 18 años tomé la decisión de no escribir nunca más. Quemé todo. Todo. Lo recuerdo siempre como el primer gran impacto. Escribir me llevaba a lo más oscuro y no quería estar ahí. Por ese tiempo nos estábamos empezando a escribir Irreverente y yo. Él muy-muy se salvó de las cenizas pues era un cuaderno que no alcancé a ver. Me fui de la ciudad de donde nací y cuando regresé empecé nuevamente a visitar mis estantes allanados. Uno a uno mis libros; todos arrasados por el fuego y ahí estaba un cuadernito amarillo roñoso, decía en la primera hoja, «tengo 16 años y no sé qué pasa» tuvieron que pasar siete años más para volver a reeditar ese manojo de palabras púber y darme cuenta que con lo que siempre tropezaba —de buena o mala manera— había sido la escritura. La performance como tiempo/espacio viene después, sin duda que ese acto inquieto de mi adolescencia al quemar toda esta historia fue un acto performativo, pero ya vez, todo purga y a veces aparece.

-¿Cómo ha sido el recibimiento de tus dos libros?

-Para mi terrible. Es decir, la exposición me vuela la cabeza en un comienzo. Miedo a ser evidenciada dentro de tus tantos estragos. Pero vuelvo al origen y pienso la escritura como el único mecanismo que hube adquirido para desalojarme de la carga. Aprendí a pensar ahora que todo tiene una segunda o tercera mirada. Lo que significa para mí, para otre es absolutamente un lenguaje distinto. Tengo recuerdos hermosos de personas que adquirieron mis libros. Lagrimal —por ejemplo— fue un libro que nació en plena pandemia Covid-19. En abril del año 2020 llegaron las copias, entonces todos los mensajes que he recibido son digitales. Es un libro que aún no presento en público, extraño mucho leer en un escenario, a sobre manera. Qué sensación más deliciosa esa. Sin duda sé que hay a más de algunxs que no les gusta lo que hago y es completamente válido, todes tenemos gustos variados, la literatura es tan amplia que sin duda debe de ser un puente en todas las vías de escape que sean posibles. Pero sí, yo siento que ha sido un hermoso recibimiento. A veces me pasa que las personas me preguntan sobre un determinado poema o también me cuentan sus impresiones dónde lo leyeron, las atmósferas que recorrieron, ¡hasta algunos se han aprendido de memoria uno que otro verso! Eso es una locura, me encanta.

-¿Crees que en Chile se lee más poesía?

Más bien yo creo que ahora existen otros canales de pensarse desde lo poético. Las calles están rayadas enteras, por más higienización policial y aunque traten de sacar los panfletos, o limpiar la geografía no pueden con el rastro que queda ahí. La huella. Nos aprendimos cánticos sólo asistiendo a marchas como si fueran odas hermosas que sólo nos hablan de lo que verdaderamente hay que reafirmar: la lucha.

Con la revuelta social sentí que muchxs autorxs que se atrevieron a publicar en dictadura volvieron a ser leídos. Vi muchos stories o feeds en Instagram de personas que estaban leyendo La Bandera de Chile de la Elvira Hernández, un poemario que nos habla de la dictadura ejercida por Augusto Pinochet y para nada alejada de la impuesta por Sebastián Piñera en la actualidad. Eso es hermoso. Hay un compromiso social realmente importante desde escritura y para la escritura.

-¿Qué opinas de los escritores de tu generación?

-Me encantan. Que generación más deslenguada somos. Y cuántas más vendrán diciendo constantemente que no. Me reconozco en la escritura de muchas. Es importante que existan todo tipo de escrituras, últimamente he conocido autoras que están trabajando elementos mixtos en la escritura y eso es hermoso. También he leído muchos comics muy políticos que, por ejemplo, también me han vuelto a reencontrarme con Mafalda.

-¿Cómo ha sido el proceso creativo de tu primera novela?

-Lindo. Cómico y también trágico. Es la historia de una travesti que maquilla muertos y su mejor amiga dice ser Evita Perón. Actualmente estoy varada sí, espero este primer semestre poder seguir. Es primera vez que escribo una novela y a veces aparecen las ideas o diálogo, sobre todo diálogos de golpe. Me pasa que como vivo en el sur de Chile acá la gente es mucho de decir sobre-nombres o decir rimas, los acentos por geografías se denotan más… eso me hace estar muy alerta de las conversaciones en las micros, en los colectivos, en las filas de espera, etc. La novela sin duda es muy diferente a la poesía y creo que es lo que más me gusta. No sé. Siempre escribo cantidades de páginas sin pensar cuantas haré, luego tengo que volver a releer todo, imprimir, pegar a pared y ver qué pasa, a veces hartas hojas se van al fuego entonces vuelvo a mi origen de las cenizas. Con la poesía me pasa que me quedo pegada en determinadas palabras y desde ahí juego a las repeticiones. Siento que en la novela debe de ser todo rápido o si no tiende a aburrir. Interesante la memoria de la palabra.

-¿Qué es lo que quieres transmitir a los lectores?

-Es raro. Por lo general escribo sin ánimos de pensar en ello. Escribo porque siento la necesidad rápida de no olvidar. Siempre pienso en mi abuela paterna que hace poco falleció de Alzheimer. Le gustaba recordar, tenía muy buena memoria, entonces pienso que quizá habría sido lindo que haya escrito sus memorias. Decidí ser escritora para no olvidar, sin duda. Quizá espero que les lectores sientan esa necesidad tal vez, evidenciarse, conocerse desde su biografía a través del arte y su infinidad de posibilidades. Siempre hay estragos que contar, historias que recapitular.

-¿Qué se viene para el 2021?

-Tengo muchas ganas de dedicarme a la performance de lleno, me encanta. Tengo un poemario nuevo que me gustaría publicar. Es sencillo, es corto, es sobre mi proceso trans en pandemia y su recorrido con la memoria.

 

Saldré a recorrer los pastizales
pesadumbre
me pinto las uñas
una a una mis uñas
esmalte con mierda
qu árida la mierda
cuando pasa por el canal
de mis uñas
sequedad de una mano rota
me doblo en la cama como carta vieja
arrumo mis espacios
uno a uno mis espacios
una a una mis uñas
desecación:
incapacidad de un ser vivo a lo vivo.

 

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