Ignacio Fritz: «Suele decirse que el escritor debe aguantar los fracasos como un buen boxeador»

Fotos: Archivo del autor

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Lleva escribiendo más de dos décadas. Ha ganado premios y es un ávido lector al que le gusta leer a Richard Matheson y ver películas de George A. Romero. Como él menciona el boxeo fue la clave para llegar a la literatura. Participó en la «Zona de Contacto», y durante el año pasado escribió bastante. Los dejamos invitados a leer la entrevista.

—Cuéntanos un poco sobre ti

—Me llamo Ignacio Fritz, tengo 41 años y desde hace más de 20 me dedico a escribir, aparte de tener una licenciatura en comunicación social. He trabajado en ocasiones como periodista, tuve una columna de culto en The Clinic y fundé dos editoriales de literatura de nicho. He ganado y resultado finalista de certámenes literarios como el de revista Paula y me siento cómodo escribiendo narrativa que no sea realismo, entre comillas; una narrativa para mí weird y freak. Lo más disfrutable para mí es leer a gente como Richard Matheson, Stephen King o ver películas de George A. Romero… ¿Qué más puedo añadir? Estuve en la «Zona de Contacto» de El Mercurio y publiqué mis primeros cuentos allí y en el 2006 eligieron una novela mía como mejor libro del año, junto a gente como Álvaro Bisama y Alejandro Zambra. Críticos literarios como Patricia Espinosa también han reconocido que algo le pego a la escritura. No sé. Debo añadir que estudié literatura, pero no terminé la carrera y que estoy casado y tengo 2 mascotas y sí, tengo tendencia a ser perfeccionista, muy crítico conmigo mismo y un ávido lector. Todo lo veo con lupa y desde distintos lados. Igual es algo agotador.

—¿Siempre quisiste escribir?

No, para nada. Por allá en 1994 era fanático del boxeo profesional estadounidense y era lector de revistas de boxeo como The Ring. De hecho, llegué a la literatura a través del boxeo. Autores como Julio Cortázar, Ernest Hemingway y Norman Mailer, aparte de Joyce Carol Oates u Osvaldo Soriano, me mostraron que ese deporte está íntimamente conectado con la literatura. De hecho, suele decirse que el escritor debe aguantar los fracasos como un buen boxeador. Pero debo decir que cuando era niño solía escribir cuentos de una página con animales de protagonistas. Bueno, la literatura es solo fracaso, aun cuando te califiquen de exitoso.

—¿Cuál fue el inicio o acercamiento con la literatura?

Fue con una biografía que me pasaron de Ernest Hemingway en 1996. La vida de ese escritor se exhibía muy atractiva. También mi padre era un gran lector; era abogado y masón y profesor universitario y teníamos una biblioteca en casa.

—Cuéntanos sobre «Zona de Contacto».

«Zona de Contacto» fue un suplemento juvenil inédito en su género (hubo otro en La Nación, pero que eran un remedo), que apareció durante unos años los días viernes por el diario El Mercurio. Siempre peligró su existencia, pero fue una verdadera factoría de gente talentosa que se reunía a conversar de literatura, sin pedantería, y a leer pequeños cuentos con la posibilidad de publicarlos a todo color. De allí ha salido gente como Pablo Illanes y muchos otros.

—Acerca de los libros que has publicado, ¿cómo fue para ti su evolución?

Comencé escribiendo relatos de realismo sucio influido por Ray Loriga y Bukowski. Yo era muy cinematográfico en mi estilo. Actualmente le agrego harta retórica a mis textos con buen uso del lenguaje y trato de rescatar palabras en desuso, que ni se ocupan en el habla cotidiana. El lenguaje culto para mí es fundamental, más que el callejero; depende de qué tipo de historia estoy tratando. En lo posible privilegio el lenguaje culterano y barroco junto con la historia y pretendo no estar a la saga de ninguna moda literaria.

—¿Crees que en Chile se lee más?

No sé. Depende. Creo que la Nueva Narrativa de los años 90 en Chile cagó el espíritu lector. Mucha gente, incluso Bolaño, desmentían la calidad de esos autores presentados por la Biblioteca del Sur de Planeta. Creo que igual el mercado literario chileno es muy pequeño y se tiende a leer lo extranjero, incluso lo «argentino» es como un canon para cierta gente. Lo bueno ahora con la ganadora del último Premio Herralde es que se leerá más literatura de terror y esto derivará a los géneros que me apasionan, como el policial o el de ciencia ficción.

 

—Si tuvieras que elegir conversar con alguien o tomar algo con esa persona, ¿con quién sería y por qué?

Creo que con Elizabeth Wurtzel, que en los 90 escribió un libro muy grunge y X llamado Nación Prozac. Los años 90 fueron iniciáticos para mí, de allí mi obsesión con esa época y con esa escritora.

—¿Pudiste escribir durante el 2020 junto a la pandemia?

Sí, fue ideal, a pesar de lo negativo que es un virus. Estuve trabajando en una novela sobre un presidente de Chile y en unas nouvelles y revisando un conjunto de cuentos inéditos.

—¿Qué se viene para el 2021?

Con mi colega Pablo Rumel estaremos seleccionando una antología que sería la tercera luego de Quiero la cabeza de sir Arthur Conan Doyle y Quiero la cabeza de Bram Stoker. Con respecto a publicaciones mías, bueno, si me piden algo, no hay problema. Lo entregaré, sin compromiso.

 

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