«Infinitud» de Leonardo Acosta

Por Guillermo Bown Fernández (Escritor, periodista y ex Presidente del Ateneo)

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Con Infinitud, poemario de Leonardo Acosta, la poesía vuela sin límites, sin fin para vivir la vida y la muerte en un espacio solamente soñado por la fineza del hilo de seda que el poeta le da al verso, en un silencio que es «una muda cópula de goces inefables». Es un silencio no nacido «en los bordes de la espera». Para Leonardo, «el murmullo del silencio abre sus alas».

Este poeta tiene el conocimiento y sensibilidad que dan muchos años vividos en el espacio y tiempo de la poesía y habla sobre la eternidad, que «no es más que sentir al Yo/ensimismado en aquel instante único/que se llama Vida».

Leonardo sueña en cada estrofa, pero «sueña en voz baja/un sueño adentro del sueño/sin oírte/apenas perceptible».

Conocí a Leonardo, asomándose a las veinte primaveras en unos talleres literarios, después nos encontramos en el Ateneo, donde fue mi secretario y así pasaron los años gozando de la lírica que todos los miembros cantaban en versos de diferentes colores, formas y fondos. Hace dos años publica su extraordinario poemario Bajo las sombras del silencio, me pidió que presentara aquella publicación, la que ha tenido éxito al ser valorada dentro de la poesía joven nacional. Y sigue escribiendo con la pluma y la espada , como buen mosquetero de la palabra profunda y que alcanza el infinito en este último poemario Infinitud.

El estudio de la filosofía, en el caso del estudioso Leonardo Acosta, ha superado a las leyes frías y determinadas por la sociedad. Leo, goza de las altas cumbres para «subir al vuelo de la propia esencia/perforando lo invisible/con la virgen fragancia de la conciencia». Es la voz que tiene escuela, un halo y fragancia que conmueve al lector y lo hace subir a mirar al Hombre en un observatorio ideal.

Infinitud es poesía que sale del humano poeta, de la mano con lo divino y la completa posesión de perfección y carencia de limitación. Es infinitud de tiempo y espacio para la eternidad e inmensidad. En esto, Leonardo nos dice «debo absorber el infinito/convertirme en vasija inmarcesible/en cuya profundidad doliente/caigan los ojos de Dios». Más adelante otro verso nos canta «Irrumpimos en la infinitud del cosmos/como relámpagos arrojados/en la intangible certidumbre del inconsciente».

La vida y la muerte conforman la existencia en esta profunda poesía y ahí están «Los difuntos olvidados» que «van lamiendo y hurgando la memoria/en busca de plegarias nuevas donde invocarse y permanecer».

«La carne/se desprende de los huesos/como la utopía desvistiéndose/la piel a pulso/ como una rama de acacia/aleteando en la hondura/del núcleo esencial»

Hay mucho que volar en este espacio mágico e infinito, en lo efímero, en la nada y la palabra perdida, por ello hay que felicitar a la editorial Gluck y Das Kapital por haber publicado esta bella edición de una poesía que motiva, hace reflexionar y creer en la humanidad mirando el mañana.

 

 

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