Joaquín Escobar: «En la literatura independiente se están creando cosas muy valiosas»

Fotos: archivo del autor.

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El sociólogo y también escritor comenzó a leer desde pequeño. Ha escrito dos libros que son Se vende humo y Cotillón en el capitalismo. Pudimos conversar con él sobre cómo llegó a la literatura, si en Chile se  lee más, acerca de su proceso creativo a la hora de escribir, entre otras cosas. Con ustedes, Joaquín Escobar.

-Cuéntanos un poco sobre ti

-Soy sociólogo, escritor y magíster en literatura latinoamericana. Pero sobre todas las cosas, soy lector. Me parece que es más importante y trascendente leer que escribir, manejar una batería teórica por sobre una creacional. Tanto en Cotillón en el capitalismo tardío como en Se vende humo, me interesar producir un lugar en donde la alta y la baja cultura puedan convivir, que tengan una relación horizontal. Me importa Enrique Lihn y Rodolfo Fogwill, pero también me importa lo que sucede en el fútbol chileno. No creo en la academia ni en su discurso snob pequeño burgués, mi literatura tiene un humor negro que se mofa de lo que se pretende imponer desde esos lugares.

-¿Cómo llegaste a la literatura?

-Desde niño leo bastante. Mis papás, a pesar de venir del mundo de la salud, me inculcaron la cultura del libro. Partí por Papelucho, Verne y Salgari; en la adolescencia fue Benedetti, Cortázar, Galeano y Fontanarrosa; durante la primera mitad de los veinte Bukowski, Miller y Vargas Llosa. Más adelante Auster, Borges y Bolaño. En un momento me dieron ganas de escribir, de distorsionar lo que veía y sentía, por lo mismo comencé a narrar cuentos que estuvieran atravesados por el realismo delirante. Empezar relatando una historia de amor convencional y terminar con esos mismos personajes en una guerrilla urbana que le expropia terrenos a la oligarquía, o contar la vida de un barras brava transgénero que lee a Foucault, o la de grupos armados que se disputan a balazos la camiseta con la que el escritor Manuel Rojas jugó un supuesto partido de fútbol contra sus pares argentinos.

-¿En qué te inspiras cuando escribes?

-No creo en la inspiración. Todo es parte de un trabajo laborioso que se va perfeccionando día a día. Esa supuesta espiritualidad de: «Estaba mirando el techo y escuchando una canción de Spinetta cuando me llegó una luz llamada inspiración», me parece un poco chanta. Las ideas que a uno se le ocurren hay que ir trabajándolas, sentarse, pensar y escribir para volver a escribir. Mis cuentos son historias que leí (escribir es robar dice Piglia en sus diarios) o escuche en el estadio o en un carrete. Salvo el cuento Todos sabíamos quién era Rosa Luxemburgo, pero a los pobres solo los conocíamos por fotos que transcurre en el colegio donde estudié que fue el Latinoamericano de Integración (y que por lo mismo es un texto autobiográfico), el resto de los cuentos no tienen nada que ver con mi vida. Literariamente me motivan más las distorsiones y los delirios que el ombliguismo.

-Cuéntanos sobre el proceso creativo de Se vende humo y Cotillón.

-Estuve cerca de 3 años trabajando en cada uno de los libros. No todos los días, pero sí de forma semanal. Nunca le pedí a nadie que leyera los primeros borradores, en ningún caso fue soberbia, pero aparecerían muchas opiniones que podían distorsionar el proyecto que estaba escribiendo. Nos guste o no uno se deja influenciar, por lo mismo, fui hermético y reservado. Después de dar por terminado el libro, lo trabajamos con Marcela Küpfer, mi editora. Fue un trabajo laborioso que en ambos libros me dejó muy conforme.

-En el Chile actual, ¿crees que leemos más o menos los chilenos?

No creo en eso del neo-apagón cultural. Cada vez se lee y se publica más. Tanto la Primavera como la Furia del libro son verdaderos éxitos, va cada vez más gente, está apareciendo un nuevo público y ello lo valoro demasiado. En la literatura independiente se están creando cosas muy valiosas, hay centros de experimentación que vale la pena tener en cuenta. Les recomiendo fervientemente a Ricardo Elías, Emilio Ramón, Francisco García Mendoza, Alex Saldías, Nicolás Meneses, Francisco Marín Naritelli, Constanza Ternicier, Emerson Pérez y Cristian Cristino.

-Eres escritor, sociólogo y magister en literatura latinoamericana, ¿cómo te influencia eso cuando escoges tus temas para escribir?

-En lo híbrido de mis cuentos, son todo un popurrí de mixturas que es difícil de catalogar. La gran mayoría son cuentos político-sociales que mezclan humor, fútbol, guerrillas, literatura, trova, música cebolla, referencias literarias, borracheras y discusiones prosaicas. Las tres articulaciones que mencionas han servido para generar este menjunje de cosas. ¿Literatura posmoderna? No sé, me da igual, no creo en las categorías literarias, cuando decimos que es una cosa inmediatamente deja de ser otra, y ello me parece un error.

-Si tuvieras la oportunidad de tomarte un café con un escritor/a, ¿con quién sería? ¿Por qué?

Me hubiese gustado tomarme un fernet con Roberto Fontanarrosa. Un genio despreciado por la academia argentina al centrar su literatura en la cultura popular. Podríamos hablar de literatura y fútbol, dos temáticas que me interesa leer y trabajar. Además Fontanarrosa le agregó humor a su escritura, variable fundamental. Un grande, un crack infravalorado

-¿Qué se viene para el 2021?

-Un libro de cuentos de la Católica, equipo del cual soy hincha, saldrá por la editorial Provincianos. Me ha costado mucho construir este nuevo libro, es difícil escribir de una institución que uno quiere con las tripas.

-¿Dónde podemos encontrar tus libros?

-En la Metales Pesados de la Alameda y en la Que leo Forestal y Príncipe de Gales. También los pueden encontrar por internet aquí.

 

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