Lunes, Febrero 6, 2023
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La Poesía vino después de las reparticiones: Reseña sobre el libro (DES)pliegues de papel & follage de Mario García Álvarez

por Isidora Vicencio

 

 

La primera edición de este libro fue elaborada por la editorial Barba de Palo en Valdivia, en el ’95. A pocos años del término de la dictadura de Pinochet. Dirigida por el poeta Jorge Torres, el sello comenzó a publicar títulos con propiedad intelectual en el ’93 en la ciudad pluvial, Ainileufu. Este libro ingresa sin esfuerzo en la categoría bibliotecaria de poesía lárica. Y, de pensarse todavía como objeto de colección —sin potencia efectiva en el presente— la reedición de este ejemplar no tendría mayor valor que el que otorga la estética de la melancolía. Sin embargo, las miradas en retrospectiva, atravesadas por las condiciones en las que hemos sido sometidos a habitar este presente, nos impulsan a la actualización de nuestras recepciones y las formas en que se han revestido los misterios del lar.

¿Por qué esta forma persiste después de una destructiva dictadura militar capitalista que abrió paso a la instalación del neoliberalismo? Del tiempo suspendido entre el horror, el daño y la incertidumbre, queda este eco lárico, que se mantiene resonando aún después de décadas de los traumas históricos más recientes, donde el fascismo disfrazado de «Estado democrático» todavía sigue encarcelando, asesinando y desapareciendo impunemente cuerpos que resisten. Algunas cosas no han terminado de decirse y las formas del régimen colonial capitalista sólo se han ido actualizando desde la modernidad.

Los territorios sur-patagónicos concentran escrituras fuertemente situadas, habitantes de selvas y provincias hechas de aguas que caen, corren, se reúnen y desbordan. Vastas extensiones de bosque templado lluvioso. Niebla, nieve, lluvia. Glaciares, pampas, ventisqueros y largos inviernos. Espacios donde la civilidad humana aún ocupa zonas circundadas por un amplio sistema salvaje. Incluso los sectores urbanizados no escapan a la incansable lluvia fría o a las pupilas de los soles grises del poema de Mario García. Hay una memoria heredada del territorio no humano. En parte un pasado habitante de lo salvaje, que los cuerpos no olvidan, pero que justamente no pueden olvidar pues se mantienen en contacto cotidiano con sus condiciones indómitas. La influencia de lo no humano en la escritura de estos territorios tiene mucho que nutrir a la mirada de esta forma testimonial de la experiencia de habitar con otras formas de vida. Los territorios inscriben sus saberes en los cuerpos que habitan. Las poéticas son cuerpos del territorio en acto. Como dice Sergio Mansilla en uno de sus ensayos sobre escrituras patagónicas “[…]el paisaje tiene un peso insoslayable en la conformación de la subjetividad, lo que puede
llamarse historia, no es separable de la geografía en la que ésta
acontece.”(1)

Uno de los grandes motivos de la insistencia de las poéticas de los lares es que las conciben subjetividades atravesadas por una forma de existir que denuncia la amenaza del extractivismo de fuerzas vitales. Un testimonio construido por cuerpos que experimentan la ceniza que deja el progreso. Cito a Mario García:

[…]porque la poesía vino después, /después de las reparticiones /cuando las

alambradas /llenaron de márgenes las páginas /haciendo de cada palabra /un

significado aparte, […] /un telar de palabras

/amurallándonos /en la tierra repartida /en el incendio.

 

La poesía se hizo dura /de polvo y barro, agua y tierra /como el pecho

/resistiendo el filo de la historia […]

 

La poética de Mario García asume un rol testimonial de la barbarie. Una que aprende a vivir después del desastre que violentamente impuso las murallas que le marginan y en busca de un lugar que aún se pueda habitar. Antes del incendio hubo otras formas y otros materiales, poemas al viento. Después vino la poesía, un asomo de plántula buscando un hueco de energía solar.  Profunda semilla activada por el fuego. De naturaleza resistente, como la cicatriz, adapta el lugar del daño no para regresar a un estado anterior, sino para transformarlo y seguir viviendo en este hostil reparto. Siempre queda una marca del cambio, un rastro narrador. Acaso la clave de ese rastro sean las primeras palabras. Esta poética declara su potencia resistente sin vacilaciones. No busca referirse solamente a lo perdido, sino que ahonda en aquello transformado. Se presenta como fuerza opositora al filo de la historia y capaz, no solo de atestiguarla, sino que de interrumpirla.

 

Luego de afirmar raíces, esta poética abre su taller:

 

                      y se hace necesario[…] /cantar nuevamente a la orilla del fogón,

/haciendo arder las palabras /entre las piedras /y las flores del mantel.

 

Esta nueva forma de vivir busca reunir sus herramientas y se encuentra en un espacio suspendido entre el desarraigo y la supervivencia, volviéndose nómada. Habitando un entremedio doloroso que abre paso a la ironía para lanzar la puntiaguda crítica al desastre de la poesía neoliberal que, después de veintiséis años, sigue más vigente que nunca.

 

Todo      poeta     /quiere       que     sus     raquíticos        versos      /crezcan,        se

                        multipliquen[…] /transformándose en Super Ventas, /en productos de

exportación, […] /es decir mostrarle los calzones /a la política de libre mercado /por la cual se mantienen inéditos.

 

Su taller es el del poeta inédito, un creador sin nombre que se enfrenta al lienzo en blanco de aquello a lo que quiere dar forma para lo cual, paradójicamente, debe arrinconar. La palabra y la alambrada van juntas:

 

      Somos los intangibles habitantes /del papel[…] / habitando /esta tierra

                   de  nadie[…] /cada día aparece con nuevas /alambradas /arrinconándonos

 

Pero lo inédito es un juego. No altura moral o deber. No tiene importancia, porque nada es inédito y solo espejismo es el poema. Ineditud es el casi de las cosas, la sombra que proyecta la palabra.

 

               Ineditud es todo y nada /en la misma mano […] /Es decir: / Ineditud es blanco, negro, chino, /mapuche, etc. /uno de dentro de otro/inéditos todos […]

 

De todas las materias primas, la fuente inagotable y clave del flujo vital es la muerte:

        […]La novedad siempre será la muerte /solo la muerte[…] /vida microscópica /que sobrevivirá en otro cuerpo[…] /cuando el verso hecho polvo /vuelva a la tierra a ser raíz /semilla árbol[…] /Hoja blanca /por escribir.

 

La poética de Mario García no duda que resiste pues ella misma es brote, la balsa en la memoria

                 […] porque aunque no quede ni la sombra de un árbol /habrá un poema que

hable de un árbol: /por sus hojas muertas /seguirán creciendo las palabras.

 

Estas certezas vienen de un saber intuitivo del flujo abierto del sistema salvaje, que recicla materiales y genera nuevas formas. Se habla aquí del acto de comprensión e integración a la dinámica interdependiente de la naturaleza, el Hábitat:

 

                                   Todo ha de cambiarse /Transformarse[…] /todo ha de añejarse

/podrirse /sepultarse[…] /bajo el pasto. […] /ni estas eternas /heridas existen.

 

Esta poiesis de integración a un hábitat generado con otras formas de vida, es una oportunidad de interrupción de la corriente silenciosa del veneno colonial capitalista que se propone utilizar como combustible universal la fuerza vital. Haciendo peligrar la perseverancia de las formas de vida que  lo componen. La persistencia de las poéticas de los lares siempre tendrá sentido mientras se persiga el objetivo de pensar y practicar formas posibles de germinación en medio del desastre. Una herida no es eternamente una herida, una herida es también posibilidad de brote.

(1)Mansilla, Sergio. Sentido de lugar. Ensayos sobre poesía chilena de los territorios sur-patagónicos. Valdivia: Komorebi ediciones, 2021.

 

(DES)pliegues de papel & follaje

Mario García Álvarez (Chile)

Andesgraund Ediciones

Colección Ojos del Salado

90 páginas

Agosto de 2021.

 

 

 

Fotografía: Gentileza Andesground Ediciones

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