Domingo, Febrero 25, 2024
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Manuel Garate Chateau: «El libro está pensado para diversos públicos pues tiene distintos niveles de lectura, incluso una puramente visual»

 

La creación de un monstruo, editado bajo la UAH/Ediciones (Universidad Alberto Hurtado), es un libro que nace de manera accidental luego que el historiador revisaba periódicos de diferentes países. Ahí nace la iniciativa de la obra inspirada en Augusto Pinochet. Hoy te invitamos a leer la entrevista a  Manuel Garate Chateau, un encuentro donde podrás conocer más sobre la génesis de este libro, para quién está dirigido este trabajo, y, entre otras cosas, qué le pareció «El Conde».

 

—Cuéntanos de ti y de tus inicios en la literatura

—En primer lugar, tendría que decir que no me siento un escritor ni menos un literato, sino que más bien un historiador con vocación por una escritura sobre el pasado que alcance a públicos más amplios que los de la academia. Hasta ahora he publicado dos libros sobre historia reciente de Chile y varios capítulos en libros sobre diversos temas históricos. Ambos han sido con la Editorial de la Universidad Alberto Hurtado, quienes siempre han hecho un gran trabajo no sólo con el texto, sino que también apoyando en todas las instancias que significa la transformación de un manuscrito en un objeto libro que circula ampliamente, y que necesita distribución y difusión.

¿Cómo nace este libro?

—Este libro nace de manera accidental. No fue un tema buscado ni mucho menos. Fue durante los años que estaba investigando para mi tesis doctoral en Francia sobre los orígenes del modelo económico chileno impuesto durante la dictadura militar. Mientras revisaba periódicos de distintos países, una y otra vez aparecían caricaturas sobre Augusto Pinochet. En aquel momento no supe mucho qué hacer con ellas, pero tuve la intuición de que había un tema de investigación y por eso les fui reuniendo y fichando para trabajarlas en el futuro. Fueron decenas, incluso cientos de imágenes las que se fueron acumulando y que me fueron enviando desde distintas partes del mundo. En 2013, cuando se conmemoraban los 40 años del Golpe Militar pude acceder a un proyecto Fondecyt posdoctoral que me permitió tener el financiamiento para buscar más imágenes, digitalizarlas y clasificarlas por dibujante, país, período, tema, medio impreso, etc. El libro se fue armando prácticamente solo cuando tuve el corpus de caricaturas y pude ordenarlas. Es me significó también aprender y leer mucho sobre historia del arte, historia de la caricatura y entender el oficio admirable de los caricaturistas de prensa.

—¿Cómo fue el proceso creativo de La creación de un monstruo?

—Fue un proceso largo y no exento de dificultades. Sin embargo, como puedes ver en el libro, se trata de una investigación histórica que parte de la vivencia personal y de mis miedos de infancia respecto a Pinochet; algo que creo que comparten varias generaciones de chilenos. Después son las mismas imágenes y el carácter que le dan los caricaturistas las cuales me fueron guiando en la escritura y en el desentramado del contexto y los códigos del humor, que no son los mismos en todos los países. Pero había algo en común y que fue surgiendo durante a investigación y la escritura: la idea de que el personaje se fue convirtiendo en una especia de monstruo para gran parte del mundo, independientemente que existieran otras dictaduras en el continente. Fue la brutalidad del golpe, la muerte de Allende, la represión posterior y la fotografía de los lentes oscuros, que fue conformando esta imagen de Augusto Pinochet en el extranjero, y que se potenció nuevamente tras el arresto en Londres en octubre de 1998.

—¿Qué importancia tiene las ilustraciones en la persona de Augusto Pinochet?

—Creo que son importantes en la medida que alimentan un imaginario universal en torno a la figura del dictador, del autoritarismo unipersonal, pero también del contexto de la Guerra Fría y del enfrentamiento entre capitalismo y socialismo. Pinochet se presentó al mundo como uno de los primeros gobernantes que supuestamente había vencido al marxismo, y posteriormente como un líder de una revolución capitalista que se impuso a sangre y fuego sobre una sociedad que había tenido una trayectoria bastante prolongada de democracia y creciente inclusión social. El Pinochet caricaturizado, sobre todo en Europa, refleja todo aquello que se critica y se quiere dejar atrás: las imágenes del fascismo y del uniforme prusiano, el militarismo, la represión ideológica y las peores formas de violaciones a los derechos humanos: desapariciones, torturas, prisión política y exilio. Es, de una u otra forma, una especie de perfecto villano, especialmente si le pones los lentes oscuros y el ceño fruncido.

—¿Cómo fue el proceso investigativo de este libro?

—Esta pregunta la respondí en parte en la pregunta dos, pero fue un proceso de más de diez años en al menos cuatro países. Muchas horas revisando periódicos, revistas, sitios de Internet, archivos, bibliotecas, y además realizando algunas entrevistas a dibujantes. También hay un momento triste cuando me enteré del asesinato cobarde de los dibujantes del periódico satírico francés Charlie Hebdo, a quienes les dedico el libro y que no me fue posible entrevistar a causa del atentado y de las medidas de seguridad extrema en la que han vivido aquellos que sobrevivieron en 2015. La investigación también me llevó a entender mejor el humor gráfico y cómo este también suele ser el resultado colectivo de discusiones al interior de los comités de redacción de los medios de comunicación. La importancia de la fotografía como medio de inspiración de los caricaturistas fue un hallazgo que considero de gran importancia, y que enriqueció el proceso investigativo.

—¿Fue fácil o más bien complicado conseguirte este material? Cuéntanos.

—Hubo de ambas cosas. Aunque cuando se trata de imágenes nunca es fácil conseguir las autorizaciones, especialmente cuando se trata de muchos dibujantes de diferentes nacionalidades y contextos, y en muchos casos ya fallecidos. No diría que hay algo fácil, pero si lo más agradable era constatar la generosidad de los caricaturistas y lo interesante de poder entrevistarlos cuando se dio la ocasión.

—¿Cuál es la importancia de la prensa extranjera en el libro?

—La importancia de la prensa extranjera, especialmente europea y norteamericana es clave, pues se trata de una época donde diarios y revistas eran leídos masivamente y generaban opinión pública. En este caso, una imagen muy negativa de la dictadura chilena, y sobre todo de quien la encabezaba. Estamos hablando de algunos de los periódicos y revistas informativas más importantes del mundo. Dentro de este contexto, la caricatura de Pinochet se insertó como una crítica transversal hacia la represión a los militantes y simpatizantes de la Unidad Popular. Los atentados a Prats, Leighton y Letelier no hicieron más que profundizar la imagen negativa del régimen incluso en países gobernados por partidos conservadores, pero democráticos.

—¿Cómo se te ocurrió el título?

—El título nace de una conversación en la editorial de la UAH, en el sentido de que Pinochet, al menos en el extranjero, se transforma en una imagen, un ícono, que termina alejándose del Pinochet histórico y condensa muchos elementos de la imaginación y representación del mal. En tal sentido, es una creación individual y colectiva de muchos dibujantes y fotógrafos. No es que esas imágenes no carguen con una verdad evidente y terrible, pero también revelan imaginarios de la propia historia de los países en los que se producen estas imágenes.

—¿Para quién está dirigido “La creación de un monstruo”?

—El libro está pensado para diversos públicos pues tiene distintos niveles de lectura, incluso una puramente visual. Sigue siendo una obra que es el resultado de una investigación histórica que posee un sustento teórico y una metodología. Dicho, esto, mi intención es que fuera de fácil lectura y que además no fuese necesario leerlo únicamente de manera lineal. La idea es que cada lector se interese por las imágenes y, desde ahí, busque el contexto histórico y así realizar su propio recorrido por las representaciones de la monstruosidad. También está pensado como un libro para reír y pensar en el humor gráfico en política. También funciona como una caja que abre recuerdos sobre nuestro pasado reciente, pero desde un punto de vista transnacional.

—¿Viste «El Conde»? ¿Qué te pareció?

S—í, la vi el mismo día de su estreno, pues me pareció que había algún vínculo con la idea central del libro. La película me pareció un ejercicio interesante de llevar la figura de Pinochet a otros ámbitos fuera del político o documental. Se juega con la monstruosidad, pero creo que se cae en el error de banalizar al personaje hasta convertirlo en un tierno vampiro cansado de la vida, que además con la buena actuación de Jaime Vadell lo llega a hacer “querible”. La fotografía de la película es destacable y las grabaciones en exteriores también. Sin embargo, el guión me pareció flojo y la película es excesivamente larga. Entiendo que está pensada para un público extranjero, donde en general puede funcionar mejor.

Francisca Gaete Trautmann
Francisca Gaete Trautmann
(Santiago, 1985) Periodista de la Universidad Gabriela Mistral. Ha trabajado para revistas, televisión y medios online. Ha seguido cursos de escritura creativa. Le encanta escribir, escuchar música. Vive en Santiago.
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