Domingo, Febrero 25, 2024
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Marcela Parra: «Lo que busco siempre con mi escritura es generar saltos creativos en las personas que leen»

Foto de Marcela: Úrsula Madariaga

 

Marcela ha estado interesada en el mundo artístico desde muy pequeña, creando con naturalidad su propio universo creativo. Hoy llega, gracias a la Editorial Pez Espiral, con Pescadora de Estrellas, un libro sumamente especial, lleno de detalles para que el lector alucine. Conversamos con ella sobre su niñez, su contacto con el mundo artístico, que desde el momento en que estaba en el liceo, fue aprendiendo la magia del arte. Con ustedes, Marcela Parra.

—Cuéntanos de ti, tus inicios en la literatura, en el arte.

—Desde chica me interesé tanto por el dibujo como por la música. Era una niña que vivía en Temuco, en un clima muy frío, dentro de una familia de escasos recursos, en una época de fuerte represión social y económica. Viví hasta los nueve años en dictadura y con el tiempo me he ido dando cuenta de la dureza de esos años, porque en ese momento, como niña, incorporaba todo con mucha naturalidad, con una capacidad de adaptación que se desprende de una niñez obstaculizada en el acceso a sus derechos.

Había mucha violencia, no sólo en la represión policial, también en la educación, en la salud, en el barrio, en el acceso a la vivienda, ni hablar del acceso a la cultura. Las niñeces éramos violentadas constantemente, aspecto que todavía lamentablemente deja sus huellas. En ese contexto, el aprender a dibujar y a tocar la flauta dulce (el primer instrumento musical al que tuve acceso) se convirtió en una manera de lidiar con el entorno, encontrando un lugar seguro, en el que podía estar sola, construir belleza, encontrar sentidos, percibir mejoras, y sentir que algo progresaba, que algo era cada vez mejor.

También fue muy importante encontrarme con Juan Ulloa, un excelente profesor de música con una capacidad de entrega muy grande, y con Susana Espinoza, tremenda intérprete de Debussy y de música antigua. Ella fue mi profesora de piano y me enseñó gratis cuando el acceso a estudiar un instrumento como el piano era carísimo. En esa época todavía no escribía, eso vino después.

—¿Desde cuándo has estado metida en el mundo literario, musical y artístico?

—Estando ya en el liceo, comencé a tener contacto con más personas de mi edad que practicaban distintas formas de arte. Los talleres de música y de poesía del Liceo Pablo Neruda (Temuco) fueron importantes. Gracias a esos espacios, muchas personas nos conocimos y creamos lazos.

Me parece importante hablar de la relevancia de los talleres artísticos en la niñez y la adolescencia, es muy necesario que dentro de los establecimientos educacionales se de relevancia a la educación artística, se consoliden espacios de diálogo y experimentación desde las artes.

La enseñanza a través de las artes, apunta al autoconocimiento, nos empodera, estimula la capacidad de análisis sensible de nuestro entorno y nos proporciona herramientas de resiliencia, entre muchas otras cosas. Por ello, esta época liceana tuvo un gran impacto en mí. Fue ahí cuando se abrió un mundo en el que podía participar y sentirme un aporte. Nuevamente la expresión artística se transformaba en un lugar seguro. Esto comenzó en el liceo, pero pronto fue tomando forma de actividades que funcionaban externamente.

Más tarde comencé a tocar en bandas de rock, pasé del dibujo a la pintura, y aprendí también a organizarme, a realizar «gestión cultural», aunque en esa época esta terminología no existía. Fui parte de la creación de una organización de bandas de rock de Temuco, la OMF (Organización de músicos de la frontera), con la cual hicimos cosas increíbles para ser personas tan jóvenes: levantamos salas de ensayo gratuitas y equipadas e hicimos tocatas a las que llegaron a asistir 400 personas. Esto cuando yo tenía apenas 17 años.

—¿Cómo unes todos esos escenarios artísticos a la hora de crear?

—Creo que la creatividad nunca es unidireccional. El pensamiento creativo está muy relacionado con la memoria, con las experiencias que generan un impacto en las personas, y se alojan en nuestro cerebro en distintos lugares. Estas memorias nos permiten proyectar futuros imaginados, y son a la vez movimientos traspasados al mundo del pensamiento. La memoria es movimiento pensante, una reserva de traslados físicos, de giros oculares, de respiraciones que incorporan olores, de interacciones, sonidos.

Crear es devolver esos movimientos, esas imágenes, esos sonidos, transformar los recuerdos para que puedan sobrevivir siendo nunca los mismos. Por lo tanto, se pueden expresar con distintas materias, apelando a diferentes formas de percepción. Es más una barrera mental que nada lo que muchas veces nos impide explorar formatos diversos. Y por su puesto, si en un momento sentimos que no está funcionando, hay que persistir, generar aprendizaje. Pero creo en resumen que todas las personas podemos crear y explorar lo transdisciplinario.

—¿Qué fue lo más bonito al momento de escribir La Pescadora de Estrellas?

—Me gusta mucho hablar de lo «bonito», es una palabra que ha sido trivializada y de la que se suele hablar peyorativamente en ciertos círculos artísticos. Expresa ligereza y sí, felicidad. No hay nada malo en eso. El arte nos hace más felices. Hace tiempo que no publicaba mis dibujos. Cuando me puse a hacer mi tesis de doctorado perdí la conexión con ese ámbito de la muestra, dejé de participar en exhibiciones, de pensar en algo así como una trayectoria artística desde la visualidad. Incorporar mis dibujos ahora en un libro de poesía, fue por un lado, reflejar la importancia que tienen para mí las producciones artísticas que vinculan palabra e imagen (principalmente poesía visual, libro álbum, novela gráfica y fanzine), y por otro, una manera de volver hacer circular mis creaciones visuales. Eso fue muy bonito.

—¿Nos puedes contar sobre la estética y diseño del libro?

—Buscaba una conexión con el libro álbum y explorar sus lógicas desde la relación con el libro de poesía, pero también quería darle un leve tinte de ilustración científica de libro antiguo, ilustración creada con medios análogos. De esto también se desprendió otra exploración científico-matemática, que da como resultado una especie de poesía concreta. Se trata de un poema que comienza con una simbología, la cual señala que un punto negro equivale al momento en que acaricié una abeja, mientras un punto blanco representa ese mismo momento, pero dentro del promedio de vida de una abeja. Con esto se busca averiguar qué porcentaje de tiempo en la vida de la abeja, ocupó ese momento en que la acaricié, ese encuentro.

Lo que sigue son varias páginas de puntos blancos, entre los cuales hay uno negro. Estas páginas de puntos son en realidad un gráfico hecho con una fórmula matemática que genera un porcentaje, expresado visualmente con una serie de puntos, pero es pura matemática generando una imagen, una estética. Para este tipo de exploraciones, necesitaba un formato cuadrado, que funcionara como un plano de tiempo y espacio infinito, equivalente en todas direcciones.

También pensamos en el tamaño del libro, que debía encontrarse en un punto liminal entre el libro de poesía y el libro ilustrado. Por otro lado, el cartón metálico de la portada, bajo los círculos troquelados, repite esta lógica del interior del libro, brillando también como estrellas, y también reflejando. Lo que es importante, porque el libro adentro está lleno de imágenes especulares, de equivalencias, encuentros entre realidades paralelas y seres que habitan en distintos planos.

 

—¿Cómo fue trabajar junto a Pez Espiral?

—Fue bonito, porque este libro siempre estuvo pensado para Pez Espiral. Es un libro que buscaba ese complemento que sabía que la editorial iba a entregar. Pablo Fante, quien editó el libro, es también una persona ligada a la poesía, las imágenes y la música. Entonces, el diálogo con él siempre fue fluido y sirvió mucho para leudar la masa. Lo mismo con Daniel Madrid.

Fue posible generar con él esa conexión, alinearse con naturalidad para que el libro se encontrara con sí mismo, a través de las materialidades necesarias y detalles de diseño que unieron todo el conjunto, como una especie de costura que se generó entre el contenido del libro en sí, los materiales, el diseño, todo lo que se lee en un libro.

—¿Qué buscas entregar (algún mensaje) con tu poesía?

—Lo que busco siempre con mi escritura es generar saltos creativos en las personas que leen. No me llama mucho la atención hacer declaraciones políticas, pero sí operar como un agente político en el sentido de desarmar las realidades que están anquilosadas socialmente, rebelarse desde una liberación del pensamiento, un darse cuenta de que podemos pensar de otra manera, percibir trozos de la realidad que son importantísimos y que pasan desapercibidos, salir de la huella sináptica que nos mantiene repitiendo las mismas acciones una y otra vez sin indagar en nuevas soluciones, encontrar formas diversas de enfrentar la vida y de vivir más auténticamente. También para esto es importante que nos conectemos con nuestra sabiduría interna, con nosotras mismas. Una forma en que se refleja esto en La pescadora de estrellas, es que el libro sucede dentro de una sociedad matriarcal simbólica.

En el libro aparecen varias generaciones de mujeres sin nombre, lo cual está inspirado en lo autobiográfico, pero trasladado a un espacio simbólico. Hay interrelaciones, diálogos, intercambios de experiencias entre mujeres, pero todas están dentro de nosotras. Todas tenemos una madre interior, somos a la vez nuestras hijas, nuestras propias hermanas, somos niñas, jóvenes, adultas, ancianas, monstruosas. Todo al mismo tiempo. Nunca estamos solas. La soledad sólo es desconexión.

—¿En qué te inspiras a la hora de crear?

—Recojo muchas memorias de mi infancia. La niñez es un momento en el que se condensa mucha vida y donde se generan experiencias, percepciones, que forjan las bases de lo que seguimos continuando durante nuestra vida. La niñez de hermosa y también horrorosa. Es por otro lado, un pozo del que siempre saco agua y barro para edificar.

—¿Dónde podemos encontrar el libro?

En todas las librerías en que se distribuyen Libros del Pez Espiral. También este es tiempo de ferias, donde se puede encontrar a mejor precio que en librerías. Pueden seguir a Pez Espiral en redes sociales también para conocer novedades. Así que les invito a acercarse a estas instancias.

Francisca Gaete Trautmann
Francisca Gaete Trautmann
(Santiago, 1985) Periodista de la Universidad Gabriela Mistral. Ha trabajado para revistas, televisión y medios online. Ha seguido cursos de escritura creativa. Le encanta escribir, escuchar música. Vive en Santiago.
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