Jueves, Septiembre 29, 2022
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María José Ferrada: «No pienso tanto en el formato antes de escribir sino en la historia que quiero contar»

Fotos: Gentileza editorial.

 

—Resulta interesante la cantidad de registros que utilizas para narrar Diario de Japón. Estamos ante un texto híbrido en el que dialogan fotos, crónicas, viajes, entradas; la mixtura como una forma de construcción narrativa.

—El diario, como formato, es bien libre y creo que esa es su gracia. Puedes ir mezclando anotaciones, fragmentos de lecturas, imágenes interiores o exteriores, según vayan apareciendo. Es una especie de desorden. Aunque la verdad no pensé: voy a escribir un diario, sino que fue la forma que esa mezcla de cosas fue tomando. Por otra parte los diarios que escribían las mujeres japonesas, antes de escribir las primeras ficciones aparecen como tema porque son fundamentales para la escritura de las primeras ficciones. También con Tanizaki aparece el tema de que aun en la escritura que pretende ser biográfica hay un narrador que se construye. Entonces hay también un intento de reflexión sobre las formas que toma la escritura.

—Diario de Japón funciona como una guía de lecturas. Si bien se narran pasajes de la vida cotidiana, histórica y política del país nipón, también hay muchos intertextos que invitan a conocer clásicos (Kawabata o Tanizaki) y autores menos mediáticos.

—Sí, porque mi aproximación a Japón es principalmente a través de las novelas que he leído. Y de los autores más cásicos vas llegando a otros que no se conocen tanto. La traducción de literatura del japonés al español ha tenido un crecimiento inmenso en los últimos diez años, entonces siempre hay autores y autoras que conocer.

—Por lo general, el imaginario cultural que existe sobre Japón está mediado por caricaturas y ridiculizaciones  (por ejemplo la película Perdidos en Tokio), no obstante, Diario de Japón no cae en caricaturas, no hay un tono moralizante en que se enjuicia desde Occidente a Oriente. No se cae en la figura de la otredad. 

—No, porque a mí me interesa Japón, y cuando algo te interesa lo quieres conocer, no que se ajuste a lo que ya conoces. Obviamente vas haciendo comparaciones, buscando similitudes o diferencias, porque es la forma que tenemos de acercarnos a lo que nos parece nuevo, pero si usas eso para hacer una caricatura pierdes mucho de lo que esa novedad te podría revelar. Además me parece que en la caricatura hay algo de crueldad, de necesidad de afirmar lo propio ridiculizando lo de otro. No quisiera caer en eso.

—¿Cuánto de lo que conocemos de Japón es una ficción? ¿Cuánto es una parte inventada? 

—En mi caso , que es de lo que puedo hablar, mucho. Tiene que ver con la pregunta anterior. Vamos buscando similitudes, usando lo que conocemos para armar imágenes de algo a lo que en principio nos acercamos a través de las palabras, la literatura japonesa en este caso. Pero es divertido porque cuando un escritor nombra una montaña, yo pongo a eso una imagen: la montaña que yo conozco, que es la del sur de Chile. Entonces al final cada uno crea sus paisajes, de modo muy particular, muy personal. Y de algún modo hasta los habita.

—Me parece que Diario de Japón es muy distinto a Kramp y El hombre del cartel, ¿en el futuro tendremos más diarios? ¿seguirás explorando en este género?

—No lo sé. No pienso tanto en el formato antes de escribir sino en la historia que quiero contar. De a poco eso va tomando una forma, se va acomodando o no dentro de un género. Pero eso, hasta que no tengo claro lo que quiero contar no lo sé. No digo en la primera página, esto será una novela, porque espero que eso vaya tomando una forma, sin forzarlo.

—¿Cuál es tu metodología de trabajo? ¿Escribes por las mañana, las noches, todos los días? ¿Hay alguna receta?

—No, yo creo que cada uno va buscando su sistema. Yo escribo harto. No sé si todos los días, pero generalmente no pasa una semana sin que escriba algo. Ya se ha convertido en una necesidad para mí. A veces escribo columnas, cuentos que no son para que los lea alguien, pero yo sí los leo, yo voy probando qué puedo hacer y qué no me resulta con las palabras. Es como si trabajara en la mesa de un carpintero. Me gusta ir probando ver si la mesa se sostiene o no. Hay un pequeño componente de angustia siempre porque tienes algo en la cabeza y quieres volverlo palabras pero nunca queda exactamente igual, queda parecido. Yo he aprendido a quedar tranquila con que quede lo más parecido posible y a conformarme con eso. Eso ha sido importante para hacer de este oficio algo placentero.

—¿Qué te encuentras leyendo actualmente? ¿Qué nos puedes recomendar? 

Limónov de Emmanuel Carrére y Todo tipo de animales, una antología de poesía alemana para niños. Pero a propósito de la entrevista, imagino que debería recomendar algo japonés, podría ser La residencia de Estudiantes de Yoko Ogawa.

Joaquín Escobar
Joaquín Escobar (1986). Escritor, sociólogo y magíster en literatura latinoamericana. Es autor de los libros de cuentos Se vende humo y Cotillón en el capitalismo tardío, ambos con la editorial Narrativa Punto Aparte.
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