«Neozona» de Juan Carreño. Ediciones UDP

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Neozona es un archivo íntimo que se traspasa a las esferas de lo público. El texto de Carreño es una autobiografía a pedazos que más que hablar del obliguismo de las puertas cerradas, expone la realidad de un país agonizante, funcionando como un documento sociológico que sin las pretensiones teóricas del aparentar, narra la vida en la periferia, ese lugar geográficamente determinado donde sobrevivir es la única condición humana.

En el libro de Carreño no hay impostación, no se habla sobre algo que no se vive o que se escucha de boca en boca. Estamos ante un ejercicio verosímil que en todo momento golpea al lector. El poeta sabe de lo que habla, por lo mismo, lo hace con propiedad y autoridad, otorgándole un sello característico que se distingue notoriamente de sus pares de la literatura chilena. Hay una condición de clase que se pretende llevar a los terrenos de la ficción, posicionando la vereda como una micromunidad que tiene voz propia.

En las crónicas no está presente la figura de la victimización, no se narra desde la concepción del desvalido que se resignifica en su retórica de desplazado (historia no oficial se le suele llamar), más bien, expone las entrañas de una periferia que se reconoce entres sus códigos, canchas, colegios y disputas.

El retrato se construye a partir de lo híbrido. El texto está compuesto de poemas, pensamientos, crónicas y diarios de viaje. Hay un intento por abarcar terrenos y formas de narración que no se pierden en la inmensidad de los dispares cruces, más bien se complementan en una totalidad que logra funcionar con estilo y contundencia.

No solo se narran vidas que están al borde (vivir afuera lo llamaba Rodolfo Fogwill), también se trabaja el lenguaje desde una arquitectura distinta, como si vocablos, retratos y retratados tuvieran que dialogar. Los títulos comienzan sin mayúsculas y son el comienzo de la frase que posteriormente se va a desarrollar, funcionando Neozona como un mapa sobre el cual construir un nuevo formato escritural en el que desarmar las distintas formas en que se expresan los convencionalismos.

Viajes por Centroamérica, supermercados quemados, vida de poetas, bomberos charlatanes, perros callejeros, ironías en torno a los santiaguinos que aprenden a tocar guitarra con canciones de Spinetta, estos son algunos de los sitios por los que deambula el texto de Carreño. Una construcción necesaria que con potentes dosis de humor y tristeza marca el camino de lo que ha sido Chile en sus últimos años.

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