Nuestras vidas de Marie-Hélène Lafon

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Una narradora anónima y solitaria nos cuenta todo lo que observa cuando va al supermercado de su barrio los días viernes. Está obsesionada con Gordana, una mujer rubia y coja que venida de Europa del Este se gana la vida como cajera. En forma paralela, pero siempre en el mismo plano y a la misma hora (en lo que podríamos denominar como un ritual silencioso) un hombre llamado Horacio, paga siempre sus compras por la caja número cuatro, la de Gordana. Al parecer se reconocen hace años en esta especie de micro-tradición, pero la timidez de la rutina les impide ir más allá de los protocolos habituales. 

 

Una cosa es lo que realmente sucede y otra cosa es la que nuestra narradora imagina. Ella no tiene certezas y en su calidad de observadora de un puzzle incompleto, comienza a inventar las vidas de Horacio y Gordana. Les atribuye penas, dolores, historias y laberintos, los imagina en su niñez, en sus pueblos, en sus primeras incursiones sexuales. Todo es una ficción, la narradora es una máquina literaria que produce historias sobre más historias, no dándonos respiros en torno a la invención. A su vez ella también nos cuenta su vida. Vemos una existencia melancólica en la que abundan los fantasmas. Pareciera no vivir el presente y ser un holograma que se empeña en recordar a un viejo amor que la abandonó sin decirle una palabra. 

 

Ricardo Piglia en su extraordinario libro Respiración artificial sostuvo que los seres humanos a lo largo de nuestras vidas teníamos tres —a lo sumo cuatro— grandes experiencias, y que el resto de las cosas eran invenciones que nos creábamos con el solo propósito de seguir viviendo. La hipótesis del autor argentino es interesante pero no totalizante, pues nos puede inducir a laberínticas discusiones  de las cuales nunca podremos salir. Más allá de ello, es una frase que de vez en cuando vuelve a nuestras cabezas, ya sea por situaciones que hemos vivido o cosas que alguna vez escuchamos. El mantra de Piglia esta vez, se me apareció —en forma reiterativa— mientras iba leyendo Nuestras vidas de Marie-Hélène Lafon. Como hemos podido ver, en el texto de la autora francesa asistimos a incesantes procesos creativos por parte de la narradora. Nada lo que vemos es una experiencia real y concreta, siguiendo la máxima del autor argentino, ella genera estas vidas imaginarias con el solo propósito de poder seguir viviendo. La ficción como una nueva forma de vida.

 

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