Oxímoron y el teatro

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Dentro del circuito cultural chileno hacía falta una editorial que pudiera agrupar las extraordinarias obras de teatro que de un tiempo a esta parte se estrenan en las salas locales. El ejercicio de ir al teatro -y todo el imaginario que ello trae consigo- se debe complementar con la lectura de los textos dramáticos, funcionando ambas variables como ejes que se retroalimentan y vislumbran el fenómeno en su totalidad.

La editorial Oxímoron en un ejercicio tan urgente como necesario ha publicado ocho obras de teatro de prestigiosos dramaturgos locales. Nona Fernández (El taller y Liceo de niñas), Carla Zúñiga (El amarillo sol de tus cabellos largos, La trágica agonía de un pájaro azul, Sentimientos e Historia de amputación a la hora del té), Gerardo Oettinger (Pompeya) y Bosco Cayo (El Dylan) han sido los elegidos. Los textos en sí no tienen una relación temática, sus contenidos revueltos y dispares no operan bajo claves conjuntas, más bien, lo que las agrupa es su calidad de indiscutibles. Todas las obras publicadas fueron exitosas. Tuvieron varias temporadas a salas llenas, siendo alabadas por críticos culturales en más de una oportunidad; ofreciéndose ante Latinoamérica como embajadores locales. De hecho, la compañía La pieza oscura estuvo el verano en Buenos Aires presentando El taller, cuestión que es un portal para que los artistas sigan yendo de un lugar a otro.

Lo que resulta más interesante de poder leer la obra sin haber visto su montaje (más allá de poder apreciar de otra forma la estética de los diálogos), es la particularidad de poder imaginar nuestra propia escenificación. Siendo lectores podemos asumir el rol de directores teatrales, para de esta forma convertir lo leído en nuestra propia edificación.

Las tres obras que recomendamos:

El amarillo sol de tus cabellos largos. Carla Zúñiga.
El texto de Zúñiga se define -y se juega su trascedencia- en la dualidad de la tragicomedia. Hay una visibilización de la figura del travesti desde una configuración política que está construida por procesos y no por panfletos. A su vez, hay una oralidad en torno al humor que resulta interesante. El texto deambula por distintas emociones que van desde la retórica de obviedades propia de la policía hasta la parodia misma del mundo teatral: “Lo que pasa es que es impuntual, como todos las actrices. Se cree diva la maricona, y nadie la conoce, ¿Tú crees que alguna vez ha salido en alguna teleserie? ¿En algún comercial? Ni de extra ha salido, si es una pobre weona”.
El taller. Nona Fernández.
El taller es una obra de teatro que con potentes dosis de humor negro, narra lo que fue durante la dictadura militar el taller literario que realizó Mariana Callejas en su casa en Lo Curro. Mientras en el primer piso se hablaba de Borges, en el subterráneo se torturaba. En un ejercicio similar al realizado por Roberto Bolaño en Nocturno de Chile, hallamos la dialéctica destrucción-creación dentro de un mismo espacio de tiempo. Tan cruenta como real estamos ante un imperdible que poniendo en tensión el pasado reflexiona sobre el presente. Los diálogos son punzantes, no causan indiferencia, hay un cuidado estilístico que también podemos apreciar en su potente narrativa.
El Dylan. Bosco Cayo.
El Dylan de Bosco Cayo es una obra que retrata el asesinato de un joven transexual en la ciudad de La Ligua. Más allá de la historia en sí, lo que resulta novedoso es el posicionamiento de la provincia como lugar de enunciación. Aquí no está la figura de la -a estas alturas repetida- disidencia urbana, más bien se visibiliza un borde dentro de otro borde. En este giro -tan necesario como interesante- se muestra el doble abandono que sufre el pueblo y el personaje, ambos cuerpos dialogan como entes inseparables que no dejan de reflejarse.

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