lector-tambo-quemado-choripan-social

Una vez en la oficina de Saporitti, este descorchó una botella de champagne y soltando una risita arremetió de nuevo: 

—Ahora que salió lo del subsidio, tengo otro nego-cio para vos... Ya que sos el que dirige la batuta con este tema... Bueh, te cuento: re-sulta que tengo un montón de hectáreas en el interior que... no viene al caso cómo las conseguí, perooo... Hay un grupo de inversores interesados.

El enano se ponía nervioso, le transpiraban las manos de solo pensar en billetes y el otro le hablaba pausado.
—La cosa es así: ¡chorizos de soja! —soltó de una, esperando la reacción del sindicalista, quien dejó es-capar una sonrisita del tipo Gioconda.

—¡¿Eh?! —preguntó finalmente.

Saporitti largó una carcajada.

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