lector mago editores santiaguinos roberto rabi

«Los malos son los decepticons, aquellos que no viajan en el Transantiago, sino que andan solos en sus cuatro por cuatro, ocupando el espacio, el tiempo y la riqueza robados a otros. Poseedores del dinero del que se han apropiado manejando la maquinaria de la desigualdad.
Ostentando el brillo de las carrocerías, sin pudor pero con un poco de culpa. Poco, tan poco, que no cuenta. Seguirán siendo los perversos, los individualistas, los que ineludiblemente ganaron todo o casi todo lo que tienen con las malas artes del egoísmo, del sacrifi cio y la religión; esgrimiendo a sus familias como razón. Innumerables megatrones que sin embargo arrancan a esa hora al igual que Optimus Prime, pero en dirección a la cordillera.
Caminando en dirección a su autobot de la estación de Metro Universidad de Chile encontramos a Beto, quien camina como un zombi, con la mirada extraviada tras una mala noticia laboral. Conservará su trabajo, esa es la parte buena, pero lo cambiarán de subgerencia. Ala más penca, digámoslo con todas sus letras, donde probablemente tendrá que hacerse cargo de gran parte de las tareas más
abrumadoras y menos apreciadas».

 

Santiaguinos - Roberto Rabi

Mago Editores

lector diario che gay victor hugo robles 150

«En esas últimas citas pude ver a un Pedro más afectuoso, débil, pero igualmente luchador, arañando hasta el último instante unos minutos más de existencia terrenal. Tierno, cariñoso, me invitó a su casa para «celebrar» el Año Nuevo de 2015. Y ahí estuvimos junto a un grupo de amigos y amigas abrazando al compañero de tantas e intensas luchas. Pedro, desde su cama señorial, sedado con morfina, miraba los fuegos artificiales de Valparaíso a través de la TV. El final parecía inminente pero Lemebel tenía su propia agenda del adiós y resistió un tiempo más.
Su fallecimiento, si bien no fue sorpresa, nos despertó de golpe. Esa triste madrugada hablé con mi abuela de los amores y desamores con la loca madre de Chile. «No sea tonto, mijo, usted quédese con lo mejor», me dijo ella. Y así lo hice, guardé lo más valioso: las risas, las caminatas, las comidas en la Vega Central, las fiestas, las voladitas, las marchas callejeras por tanta causa posible e imposible, las complicidades con Gladys, Cuba, Bolivia, Palestina, las mujeres, los estudiantes, los trabajadores, los mapuches. Un hermoso sueño ocurrido días antes de su muerte cerró el círculo. En los brazos de Morfeo, Pedro Lemebel apareció hablando y agradeciéndome por un chaleco que —oníricamente— le había regalado. Un obsequio estrellado tejido de sincero afecto que tranquilizó mis culpas amistosas.
Hasta siempre querida mariquita linda. Nos veremos en otro lugar. Espero me abras la puerta —celestial o infernal— para abrazarnos, copucharnos, amarnos y desamarnos otra vez».

 

El diario del Che Gay en Chile - Víctor Hugo Robles

Siempre Viva Ediciones

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