«Preguntas frecuentes» de Nona Fernández

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Nona Fernández está escribiendo una de las obras político-literarias más sólidas de Sudamérica. Con un trabajo que nunca ha dejado de rondar a la dictadura (en lo que podríamos catalogar como la continuación de un mismo libro), esta vez se posiciona en ese lugar indeterminado entre lo que ha sido la pandemia y el estallido social, construyendo un artefacto literario que fusionando la crónica y el manual burocrático, genera un texto híbrido que burla el conservadurismo de los géneros literarios.
En Preguntas frecuentes -cuarto libro que publica por Alquimia- se vuelca sobre los recuerdos (o sobre las formas que tenemos de enfrentarnos a ellos). Fernández, hábil en poner en duda todo lo que nos rodea, comienza el libro con una frase que resulta demoledora: «Para A, que me presta sus recuerdos». Este punto de arranque (en el que se le endilga a otro una responsabilidad mayúscula) mezcla ficciones inciertas en donde nada se logra presentar con claridad, pues todo se ve como un sueño difuso que entre huevos de pascua, muertes de niñas de 11 años y carreteras ensangrentadas, golpea con furia al lector desde que comienza su lectura.
Una protagonista que conocemos como A, quiere recordar parte de un pasado que se encuentra borrado de su cabeza por un accidente. Su contraparte N, que trabaja como columnista de un diario y se atribuye frases que no le pertenecen, intenta generar tejidos en los recuerdos de su infancia para que A pueda terminar de armar el puzle de su propio tiempo perdido. Estas historias tramposas, son atravesadas por preguntas protocolares de corte institucional que se anclan en las arcas de lo político-existencial: «¿Es normal tejer para deshacer los tejidos? ¿Hay permiso para echarme de menos? ¿Es normal soñar con ataúdes? Sólo si se ha solicitado el permiso».
La nueva novela de Nona Fernández, desarrolla, en un formato breve, verticalidad y potencia, pues lo que leemos queda girando en nuestras cabezas por una cantidad de tiempo indeterminado, funcionando el texto como un ente sociológico que retrata las formas en que funciona la sociedad chilena.
Sin la retórica del panfleto, la autora de Mapocho, interpela a los gobernantes
de una sociedad desigual que sólo ha cambiado tecnológicamente, pues el perfeccionamiento del libremercado -o del milagro chileno del que se habló en los ochenta- ha sido una estafa y un eterno sometimiento que en algún momento tiene que terminar.
Fernández describe esta realidad y la reproduce con historias feroces, que yendo más allá de la sangre y la pena, muestran una ternura que ante las perforadas vidas de un otro no puede dejar de temblar.

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