Jueves, Septiembre 29, 2022
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Roberto Contreras, editor de Carbón y especialista en Carlos Droguett

El académico Roberto Contreras conversó con revista Lector sobre la importancia de Carlos Droguett en la literatura chilena y el proceso editorial de reeditar gran parte de su obra.

 

—Junto a editorial Aparte acabas de publicar los Cuentos completos de Carlos Droguetty con Carbón reeditaron La señorita Lara, que había sido publicada por LOM hace ya muchos años y se encontraba perdida.

¿Cómo se trabajan los contratos editoriales de un escritor canónico como Carlos Droguett? Imaginamos que hay un sinfín de editoriales con las que «disputar» permisos y licencias.

Creo que una sola puede ser la respuesta para una situación que no veo como problemática ni disputable, como es acceder a las garantías que se tienen de buscar publicar y dar continuidad, en mi caso, a la obra del escritor Carlos Droguett. Esto es un tema conversado y convenido directamente con sus herederos, que tiene una data, justamente, en el hito de la publicación de la novela La señorita Lara el año 2000 por LOM, ocasión cuando tuve la oportunidad de hacer una crítica a ese libro y fui contactado por su hijo, Marcelo Droguett desde Suiza, con quien tengo una muy buena relación desde entonces.

Desconozco, la verdad, si con algún autor chileno se den esas rencillas o disputas que señalas, acaso sería con la obra de Donoso, obviamente la de Bolaño o hasta donde sé con Lemebel, pero este no es el caso. No lo fue con la publicación impulsada con editorial Aparte y ahora también tampoco en Carbón Libros, editorial con la que nos encontramos preparando varios títulos, pero puedo comentar la reedición de Escrito en el aire, las crónicas de viaje y algunos ensayos polémicos del año en que viajó con su esposa a Europa (1971), y otro de homenaje por los 25 años de su muerte, Pusilánimes y genuflexos: asedios a la obra y figura de Carlos Droguett, un libro de archivo y con diversas colaboraciones críticas. Creo que la calidad e importancia de la misma obra de Droguett es la que se ha impuesto estos últimos años y ha llevado a algunas editoriales, cada cual a su manera, acercarse a la familia y proyectar sus ediciones.

 

—Las novelas de Droguett han sido más estudiadas que sus cuentos, ¿por qué se produce este fenómeno?

—Se debe estrictamente a una situación, por un lado, de desconocimiento y por otro a la falta de difusión. En ambos casos, digamos que se trataría de un tema editorial, sin duda, ya que si los estudiosos, lectores y editores, ahora que pienso de cualquier autor desconocen su obra, es lógico que no exista un registro renovado de esa producción. Advirtamos que la escena crítica, sin un aparato editorial, que pueda realizar el movimiento que garantice su acceso, resulta inútil y estéril. Si no hay libros editados será imposible llegar con obras a posibles lectores.

El año 2020 tuve como iniciativa postular al Fondo de Edición sus cuentos, que desde mi acercamiento los había venido leyendo de tiempos universitarios, me refiero a Los mejores cuentos de Carlos Droguett, Zig-Zag, Santiago, 1967 y El cementerio de los elefantes, Fabril Editora, Buenos Aires, 1971, y tenía muchas ganas de poder reeditarlos, me refiero a que volvieran a circular. Ese año fue apoyado por el fondo de emergencia editorial, en el marco de la pandemia, que nos permitió desde la Editorial Aparte de Arica, llevar a cabo su publicación y comenzó a circular a comienzos del 2022.

—¿Cómo surge tu incondicionalidad por Carlos Droguett? Eres uno de los académicos que mejor conocen su obra, nos imaginamos que existió un punto de arranque.

 —Me gusta eso que denominas «punto de arranque». Creo que fue como se llega a cualquier autor y obra, leyendo sus libros. En mi caso se debe a la novela Eloy, que me prestó un compañero de universidad quien ya entonces comenzaba a ser conocido como editor, Marcelo Montecinos, de la revista y editorial, La Calabaza del Diablo, cuya imprenta funcionaba donde vivía con su familia, una antigua casa de Avenida Matta, llena de libros y de historia cultural, donde además empecé a compartir con Jaime Pinos, otro droguettiano, y a recibir una abundante referencia a la literatura chilena, tanto de narrativa y poesía, a la que fui llegando por sus señas y recomendaciones. Ese libro del acoso del ñato Eloy, me voló la cabeza y fue lo que motivó que desarrollara mi tesis de pre-grado en la carrera de Literatura en la Universidad de Chile, en el año 1999. Luego tuve la oportunidad de recibir un material muy importante y a la vez desgarrador, de manos de una amiga, quien tenía un casete con una entrevista inédita de Carlos Droguett, grabada en la clandestinidad, por Ignacio Ossa, un académico y mirista, quien fue secuestrado y muerto por las torturas en 1975. Eso ocurre poco meses después de que lograra sacar hacia el exilio a Droguett y su familia. La historia y la relación de ambos, está descrita en el libro, Sobre la ausencia. Una entrevista clandestina. Un relato censurado, que publicamos con el colectivo Lanzallamas en el año 2009. Luego vino el poder publicar la novelita, La señorita Lara, justo veinte años después por Carbón Libros.

Lo demás ha sido seguir proyectando mi propio gusto con la posibilidad de ver su obra publicada. En Lanzallamas acuñamos el eslogan: «Hacemos los libros que siempre quisimos leer», para mí en la actualidad es seguir en esa consecuencia y, por supuesto, tener la plena certeza de que una editorial independiente define su catálogo como un plan de lectura, de acuerdo a los principios de su propio gusto, afinidad y fascinación por una obra. Digo con eso, a contrapelo, que un plan editorial es tanto ideológico como estético, y en eso creo no perderme —al decir del propio Droguett— que un libro puede ser un arma peligrosa.

—Para un lector poco avezado que aún no ha leído a Droguett, ¿por dónde le recomiendas partir?

Me cuesta incluso desde un plano de profesor sugerir un texto en especial, pero sujeto nada más a la idea de la extensión, quizás pueda recomendar el empezar por sus crónicas y columnas, que han sido publicadas por Editorial Garlopa (2020) y La Pollera (2021), aunque también, por supuesto, la breve novela La señorita Lara, que tomará exactas 3 horas leerla.

Luego, si hay tiempo, estarán sus cuentos que edité y prologué con la intención de que fueran leídos en dos tomos separados. Uno de sus cuentos, seguidos cronológicamente, del primero al último, y otro, aquellos que califico como el «germen» de sus novelas, a modo de una clave para pasar a través de sus relatos, a las novelas que luego los desarrolla en una obra mayor.

Se dice que es difícil de leer Droguett, pero creo que en eso estriba su mayor valor literario: haber abordado desde la riqueza del lenguaje, utilizando los mejores recursos de la narrativa contemporánea, una de las prosas más sugerentes, demandantes y cautivadoras. Sus historias recogen la sangre, la violencia, la injusticia, la ternura y la memoria, si no es material suficiente ese, no sé qué puede llamarse un clásico a estas alturas. Droguett pareciera haber creado una propia lengua para montar su obra. Y sus lectores, supongo entramos al universo que recrea, seguros de perdernos, como dice él mismo, en esos alambres de púas del idioma.

—¿En qué se diferencian editorial Aparte de editorial Carbón? ¿Cuál es el punto de separación?

Diría que las vincula su origen en la extrema ciudad de Arica. Luego también la amistad y compañerismo de sus editores, me refiero al haberme encontrado allá con Rolando Martínez Trabucco y coincidir en el interés de leer y compartir proyectos. Aparte de amar los pájaros, aunque eso es otro punto. Eso y nada más, lo que no es poco, pues creo que un editor es alguien que lee y mucho.

Luego está el catálogo que cada editorial define, los materiales que utiliza y los recursos que maneja, en mi caso el equipo de Carbón Libros está compuesto por mi hermano, Joaquín Contreras, un muy buen lector, con basta experiencia en el diseño editorial, y mi amigo de tantos años, Felipe Reyes, con quien compartimos no solo el gusto por ciertos autores, sino la plena conciencia de que no puede pensarse cualquier proyecto y empeño editorial si se desconoce, se oblitera o se niega, la tradición literaria, que son los cimientos de la literatura; y no digo ya solamente chilena, sino latinoamericana y mundial. Saber leer la realidad es hacerse cargo de la historia literaria. El resto es dar vuelta la espalda al origen, y eso no es solo una evidente ignorancia, sino una impostura y pose, que cuesta practicar si se lleva tanto tiempo leyendo, editando y publicando.

—¿Qué se vienen por ambas editoriales?, ¿qué nos podrías adelantar?

—Solo puedo dar cuenta de Carbón Libros. Hace unos días, acabamos de entrar a imprenta con un libro de fragmentos de las crónicas, prosas y entrevistas de Joaquín Edwards Bello, se llama: 100 diatribas contra Chile, luego viene una traducción y versión que hicimos de Bartleby de Melville, además de una novedad con Manuel Rojas, publicaremos sus apuntes de clases sobre escritura, un material hasta ahora inédito. Además, como decía antes, saldrán en unos meses más las crónicas de viaje de Carlos Droguett, con la reedición de Escrito en el aire, del año 1972.

Esperamos seguir ensanchando con Carbón un catálogo con libros breves, de bolsillo y con la dignidad de las grandes obras.

 

Joaquín Escobar
Joaquín Escobar (1986). Escritor, sociólogo y magíster en literatura latinoamericana. Es autor de los libros de cuentos Se vende humo y Cotillón en el capitalismo tardío, ambos con la editorial Narrativa Punto Aparte.
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