Roberto González Loyola: «En el caso de mi escritura, la inspiración se funde con el compromiso»

Foto: Diego Armando Reinoso Carter

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Escritor y sociólogo, dedicado a la enseñanza y la investigación, Roberto González Loyola es realmente un hombre creativo a la hora de escribir, que retrata de manera única las historias populares de barrios. Te invitamos a revisar la entrevista que realizamos.

 

-Cuéntanos sobre ti

-Mi nombre es Roberto González Loyola, tengo 33 años, me dedico a la investigación, la escritura y la enseñanza. Nací en Quinta Normal, Santiago, en los barrios ubicados al poniente de la avenida Matucana, calles de anchas memorias que me dedico a escuchar, escribir y a difundir como forma de dejar impresa la historia de las clases populares en razón de un barrio al que históricamente pertenezco.

Estudié sociología y luego realicé un magíster en historia y justamente desde las perspectivas de las ciencias sociales y las humanidades, he ido gestando ciertas metodologías que dan cuenta de los complejos procesos relacionados al trabajo de memorias y a la narrativa como medio de plasmar la historia social, cultural y política de estos ponientes barrios.

He escrito algunos libros que han sido un aporte creativo en las formas de resguardar las historias populares, siempre teniendo como eje metodológico la constante escucha desde marcos temporales extensos y significativos; cada libro me ha demorado alrededor de 5 años de trabajo buscando la presencia y permanencia de los procesos de investigación desde y para las comunidades; intentando así, hacer de la literatura un real aporte al empoderamiento barrial.

Relatos, Himnos y Camisetas. Clubes deportivos y vida barrial en Quinta Normal —publicado el año 2014— fue el primer intento de acercar el trabajo de memorias a la escritura narrativa, dando cuenta que el recordar por más que parezca un ejercicio inexacto abre múltiples perspectivas temporales y culturales que deben ser pensadas y escritas.

El año 2019 publiqué Donde toman los Guapos en Damajuana, una novela que busca aportar también en esa dirección: construir las memorias barriales desde un ejercicio creativo profundo y emocional. El año 2020 publiqué Chicha, poroto, uno atrás del otro, negros y blancos, rubios y morochos.

-¿Qué significó para ti escribir Donde toman los guapos en Damajuana?

-Escribir esta novela ha sido un complejo proceso principalmente relacionado a tres aspectos: lo metodológico, lo emocional y lo creativo. La novela que lleva por nombre Donde toman los guapos en Damajuana. Una novela desde San Pablo con Matucana; debe su título a la famosa cueca Adiós Santiago querido de Segundo Zamora, quien describe esta esquina como el lugar donde los guapos se juntan a beber vino en el recipiente más profundo de todos y que más cierto hay en eso: es un barrio donde para ser y hacer la vida hay que enfrentarla con la guapeza de la tierra sobre el cemento.

La pregunta metodológica en la literatura respecto del ¿cómo escribir? trae consigo una coherencia en sentido vinculante entre lo estético, lo normativo y lo material, pues el escribir no solo involucra decisiones en formas literarias y marcos lingüísticos específicos que demarcan tal o cual posición; el escribir es un tiempo que necesita de condiciones materiales claras: un espacio (un cuarto propio diría Virginia Woolf) y un financiamiento posible. El presente libro se escribe como resultado de un Fondart de patrimonio inmaterial, proyecto que buscaba resguardar las memorias del barrio ubicado alrededor de la esquina de San Pablo con Matucana y que no necesariamente tenía al género de la novela como un compromiso escritural.

La novela se abrió como un camino, una opción de demarcar el sentido de la memoria y escribirlo entre propuestas temporales, historias barriales, reflexiones pasadas y momentos históricos de profundidad significativa dentro de la oficialidad histórica; en el centro de la novela: la Unidad Popular. Además, éticamente, la cercanía que poseo con muchas de estas historias y calles, me hicieron llevar a tomar la decisión de pasar desde la realidad a la ficción, mezclar historias, mantener en la curiosidad atrevida algunos paisajes, transformar personas -o varias personas- en personajes -o varios personajes-, entre muchas otras decisiones narrativas.

Emotivamente también surge una discusión interesante, pues el hecho de centrar muchas de las historias y personajes en las memorias de mi propia familia habitante histórica del barrio, hizo del escrito un proceso que hoy se entiende tanto desde lo terapéutico, al entenderse y escribirse como un sujeto lleno de sentidos, como desde lo político, al narrar a quienes no son visibilizados en la historia de la oficialidad republicana.

-¿Cómo fue el proceso creativo a la hora de elaborar el libro?

-Ligado a emotividades personales, el día 15 de julio del 2017 un fuerte nevazón cayó en el barrio y en toda la ciudad, esa noche, entre las preguntas respecto de cómo comenzar un proceso de escritura que involucraba hacerse cargo de un sinfín de historias barriales comprendidas alrededor de los últimos 170 años de historia local, decidí vincular las formas narrativas con las búsquedas emocionales de mis propios andares en las mismas calles que intentaba narrar.

El día 19 de junio de 1971 una nieve tan abundante como la del 2017 llenó el barrio de blanco, esa vez los hermanos de mi padre fueron fotografiados en la calle San Pablo junto a un mono de nieve por don Manuel, el fotógrafo que aún hoy sigue trabajando en el barrio; allá atrás, trabajadores sacaban los rieles del Ferrocarril Santiago Oeste, transporte que corrió por estas latitudes entre la década del 40 y los días de la Unidad Popular. La fotografía sigue adornando los recuerdos familiares. Exactamente un año después de la aventura fotográfica, en 1972, se crearía el primer cordón industrial en Cerrillos, acá en el barrio la industria Chiteco sería parte de esos históricos procesos de avance popular.

Decidí, por ende, hacer de las cosas cotidianas, de las narrativas callejeras, de las historias familiares y de los recuerdos colectivos, el centro de la narración en esta novela, por ende, la historia oficial, la historia política y los cambios sociales, encontraron en esos cotidianos gestos un núcleo de sentidos creativos.

-¿En qué te inspiraste para escribir el libro?

-En el caso de mi escritura, la inspiración se funde con el compromiso. Escribir estas historias ha sido una de mis tareas como parte del campo cultural, de cierta forma la inspiración respecto de la escritura se mueve entre el compromiso de plasmar la memoria del barrio, de visibilizar y dar cuenta del protagonismo de pobladores, vecinos y vecinas dentro del transcurrir del tiempo y a la vez, en buscar una metodología que haga de la narración un recurso para fomentar el aprendizaje de nuestra propia historia local.

Mi inspiración está depositada sobre la posibilidad que mis libros sean un aporte a la vida cultural y al resguardo de las memorias barriales; intentando motivar la creatividad, la inspiración artística y el atrevimiento estético; por supuesto que dentro de este planteamiento incorporo la posición de las y los lectores, indudablemente.

Además, en este momento soy presidente de la Fundación Nicomedes Guzmán, escritor de origen y vida proletaria que, desde estas mismas calles, forjó todo un movimiento literario de enfoque realista en el contexto de la generación del 38; tanto Nicomedes como la generación son para mi inspiración en mis procesos narrativos, editoriales y estéticos.

Por todos estos cruces, que van desde el compromiso a la didáctica, es que decidí incorporar metodologías pedagógicas que se orientan desde un doble nivel: durante la novela los profesores de las escuelas del barrio deben comenzar un giro pedagógico hacia la historia local, motivando la investigación y la escritura de las propias calles que niños y niñas recorren.

«Mientras algunos cabeceaban con el discursito, otras encontraron algo de sentido y creyeron que, al menos por ahora, sería interesante cambiar la enseñanza de presidentes por clubes, batallas por calles, décadas por sobrenombres e hitos por esquinas». (Donde toman los guapos en Damajuana, 2019).

Pero, además, como forma de mantener curricularmente actualizadas estas estrategias, es que desarrollamos un material pedagógico para poder incorporar a las asignaturas de lenguaje e historia la novela Donde toman los guapos en damajuana en las aulas regulares, siendo un aporte al trabajo docente actual.

-¿Tienes algún método creativo para escribir que puedas compartir?

-Principalmente mis métodos literarios se basan en la realización de los puentes entre la investigación y la escritura urbana; para ello he establecido algunos principios para realizarlo, primero que todo considerar que la memoria es un libro abierto, por ende, al investigar se debe estar pleno de escucha, para que, al escribir, sean esas voces que orienten los caminos a recorrer.

Segundo, al escribir desde la memoria se debe tener claro que la distancia entre el recuerdo y el dato empírico es igual a la distancia entre el recuerdo y la imaginación, por lo tanto, una literatura que sea capaz de trabajar la memoria debe abrir caminos para vincularse con los sucesos históricos al mismo tiempo que con la creatividad imaginaria.

Tercero, el olvido. Toda escritura creativa que intente hacerse cargo de la memoria debe entonces dar cuenta que el olvido es parte importante de este trabajo, la literatura debe dar cuenta del olvido, no intentar totalizar discusiones, no intentar imponer una verdad; discutir el olvido como forma de ficción, de imaginaciones pasadas, de historias que no necesariamente deben buscar eternos desenlaces. La obra también es parte del proceso.

-¿Cómo ves a las editoriales independientes?

Donde toman los guapos en damajuana fue lanzado por la cooperativa editorial Victorino Lainez, cooperativa a la cual también pertenezco. Las editoriales independientes sin duda alguna son hoy la potencia y la agencia literaria de Chile e incluso Latinoamérica; con objetivos de alcances diversos, las editoriales independientes tienen el desafío no solo de difundir, promover, crear literatura, sino también, deben buscar que es lo que las define como tal, como independientes.

Podrá ser la independencia de grandes capitales, la independencia de la acción del Estado, la independencia de líneas editoriales específicas, la independencia de movimientos literarios, etc. Lo cierto es que urge definir su carácter e impronta, para que, el campo editorial, logre diversificar su trabajo y promover las diversidades literarias existentes, pues cada día que pasa en este siglo XXI, la independencia pareciera transformarse en norma y no en excepción.

-¿Crees que en Chile hay más acceso a la literatura?

-Creo que Chile está en un momento complejo en relación a la literatura, hay siempre una constante pregunta por profundizar y conocer sobre la literatura propia, autónoma, de las calles nocturnas, del mar inquieto; en las escuelas se trata de componer metodologías que motiven el mirarnos como un territorio de literaturas y como una literatura territorial, para eso los desafíos son múltiples, tanto a nivel de política pública como de creación, a nivel de pedagogía como de fomento, a nivel de cotidianeidad como de educación popular.

En pleno siglo XXI, hay una gran consideración por motivar el desarrollo literario, jóvenes, niños y niñas han visto pasar frente a sus ojos uno de los movimientos sociales más importantes de las clases populares, el estallido social del 18 de octubre ha de cambiar la composición literaria chilena, que, hasta antes de dichos sucesos, se veía como parte de un movimiento posmoderno carente de sentidos reales y enredada en los orgullos del yo. Aunque pueda decantar en sentidos épicos o heroicos, el ser presente desde la historia compone un fomento nuevo y actual de la literatura, en cierta medida se ha establecido un nuevo agente comunitario en el quehacer literario, nuevas metodologías de establecer los horizontes y, sobre todo, perspectivas que establezcan una escritura sostenida desde una realidad histórica, podrían motivar no solo una masificación respecto del acceso, sino también, motivar la centralidad de la literatura en nuestra sociedad.

En esta realidad, lo que el historiador francés Ivan Jabronka señala, podría tener más sentido que nunca: la historia es una literatura contemporánea.

-¿Qué género literario te gustaría incursionar?

-En el libro que publicaré este año Chica, poroto, uno atrás del otro, negros y blancos, rubios y morochos, he logrado plasmar una narrativa que ha permitido viajar entre todos estos asuntos tratados, considerando eso sí, marcos temporales que busquen el quiebre temporal, haciendo de la novela una forma de entender la historia y el paso del tiempo desde un prisma diverso. En un futuro próximo intentaré profundizar en los cuentos y sus desarrollos temporales diversos.

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