Rodrigo Torres: «Escribir es hacer brotar una idea, es vestirla de convicción»

Fotos: Archivo del autor.

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Conversamos con el escritor nacional Rodrigo Torres y nos contó acerca de cómo vive la pandemia, su opinión sobre las editoriales independientes, su primer libro, lo que significa para él la música a la hora de escribir, entre otras cosas. Te invitamos a leer la entrevista.

-Cuéntanos algo sobre ti

-Siempre pasa que la pregunta en apariencia más fácil, es la más difícil. Hablar de uno es como hablar del sentido de la vida o de por qué exactamente desaparecieron los dinosaurios (los no aviarios). Es complicado porque mi vida es tan simple que ahora que me detengo a pensarlo, me aterra. Me gustaría decir que he visto duendes aparecer detrás de mi cama; que he ganado un sinfín de premios literarios y que las editoriales se pelean mis manuscritos; que como diría Naruto, soy el más «perrón» de aquí; o que he salvado muchas vidas. Pero sucede que solo soy alguien a quien le gusta escribir y que está confundido ante las incertidumbres de la vida.

-¿Te ha afectado la pandemia o has podido escribir algo?

-Es muy curioso esto. He visto en varias partes que muchas personas dicen que gracias al coronavirus y la cuarentena han podido escribir muchísimas cosas o que casi han encontrado un octavo chakra o que han descubierto no sé qué asuntos. No les creo mucho, la verdad. Uno a veces no aprende cosas en los momentos álgidos de la historia, más bien los aprende de la nada. Vas caminando, tropiezas con la vereda, te caes, y mientras te estás levantando: ¡Pam! De pronto te surge una idea o un aprendizaje. Y déjame decirte que a diferencia de toda esa gente que ha encontrado la iluminación en pandemia, yo no he escrito ni he leído nada. ¡Sí, de veras! No se me ha ocurrido nada. Pero tampoco es que esté atravesando una época oscura en mi escritura, simplemente pasaron cosas que coincidieron: la literatura y lo que podría llamarse el «mundo literario» me saturaron, y al presentarse la pandemia, me permití descansar de todo eso. Así que estoy en un período de «hibernación literaria» pero que en algún momento va a terminar. Me imagino. Y si no, tampoco es algo tan grave. La vida sigue.

-Para ti, ¿qué significa la música a la hora de crear?

-¿Te has fijado en la estructura de los conversatorios, lanzamientos o eventos literarios? Todos son planos. Es más divertido ir a un funeral y llorar un rato. Todo lo relacionado con los libros suelen convertirlo en algo tan pesado, tan aburguesado, tan fifí, tan académico. ¡Si la literatura es pasión, es corazón también! Escribir es hacer brotar una idea, es vestirla de convicción. No es hablar del concepto de no sé qué y bla bla bla. Eso que quede para la universidad. La literatura es más que eso. O no sé, en realidad es una visión muy mía que tengo. ¿Y por qué digo esto? Porque las tocatas, sobre todo la de los grupos under, tienen eso. Tienen vida. La música te transmite emociones de forma más directa, porque es algo que se mete en tus venas. Por ello cuando escribo me gusta hacerlo mientras escucho música. Si quiero sentir energía, escucho a Bad Religion. Si quiero sentir tristeza, escucho doom metal, bandas como Agalloch o grunge. Y según lo que escucho me van surgiendo ideas de atmósfera para las cosas que pongo por escrito.

-Cuéntanos sobre tu primera novela

-Aquí me suelo confundir. Porque el 2016 me publicaron El Sello del Pudú en formato digital. Pero como se suele dar más interés a lo impreso, tendría que hablar de Nueva Narrativa Nueva del 2018. Sin embargo, haré algo distinto: hablaré de la primera novela que escribí en mi vida y que jamás me van a publicar (y creo que es mejor). Se llama Aethereah. La escribí el 2004. Como dirían los siúticos: es pura autoficción. Se trata sobre la vida de una chica gótica y de la juventud de aquel entonces. Así, aparecía el Teatro Carrera, los brit pop, el msn, las micros amarillas. Era todo un mundo. Y más allá de lo “rosa” que pueda parecer la trama en algunas partes, para mí representa lo que me marcó en esa época: la música rock y el despertar a la madurez. Además, lo de publicar no es algo obligatorio. Es solo un paso más. Pero no el más importante. Para nada.

-¿Cómo fue el proceso creativo de ella?

-Con Aethereah sí que escuché mucha música. Sobre todo Tool, Type of Negative y Danzig. Harto punk también. A propósito, me envolví en una atmósfera muy depresiva y oscura. Hoy, no lo recomiendo para nada porque absorbe mucha energía y te deja mal. Sobre todo, cuando te involucras tanto con la historia. Pero son etapas. Y cuando uno es joven, no se puede evitar pasar por ello. Incluso, es necesario.

-¿Qué significó para ti, tu libro que sacaste con Santiago-Ander?

-Nueva Narrativa Nueva es una declaración de principios. Y es así como debe leerse. Hubo «críticos» que no les gustó y la verdad es que eso es bueno, porque significó que el libro les generó malestar. Porque es una especie de rabieta contra la forma en que se toma la literatura. Para mí, la novela fue un desahogo. Y creo que fue bueno. Debía desintoxicarme de un malestar. De la falsedad del mundo literario. Y lo hice.

-¿Cómo ves la literatura nacional?

-La otra vez hablaba con un amigo que es de San Felipe. Él recordó a una amiga que escribía en el colegio y era muy buena. Me preguntó si es que la conocía o si sabía algo de ella puesto que él desde que salió de la enseñanza media no supo más de esa compañera. Y la verdad es que no. Jamás he escuchado su nombre. Y pienso: ¿y si esa chica un día salió del colegio y dejó su sueño de escribir por dedicarse al trabajo o a otros asuntos? En ese sentido, suponiendo que la historia de ella fue así (aunque quizás ahora hasta ya haya publicado en el extranjero, quién sabe) no puedo ver bien la literatura nacional. Es verdad, hay muy buenos escritores y escritoras. Excelentes e ingeniosos. Pero lo que cuentan generalmente no me transmite nada. Mucha Plaza Italia hacia arriba, mucho «abajismo», o paternalismo, muchas historias que quieren ser feministas pero que de feminismo no tienen nada, y así. Cada vez veo más aburguesado a este medio. Y eso me saturó igual. O sea, Pablo Simonetti cobra $400.000 en total por un taller de 4 meses. O estos magísteres o diplomados de literatura creativa del tipo: Ven y aprende a ser escritor o escritora con nosotros por un módico precio de unos cuantos millones. Ya, está bien, me pueden decir que cada cual ve cómo se gana los porotos. Sí, es verdad…. ¿Pero no será un poco mucho, digo yo? Y, además, hoy la gente está más preocupada de no herir susceptibilidades más que del mensaje o la idea que quiere transmitir con su obra. Y eso es matar la literatura

-¿Qué autores recomiendas?

-Aquí yo soy muy poco original. Siempre hablo de los mismos: Raymond Carver, Hesse, Kafka. Pero para hacer ver que sí he madurado en este aspecto voy a agregar a dos a la lista clásica: Lorrie Moore, porque es una excelente escritora que en un párrafo puede transmitirte nostalgia y diversión a la vez. Tiene una actitud muy potente que plasma en sus letras. Y el otro es Breece D`J Pancake. Apenas dejó un libro, que es una recopilación de cuentos (Trilobites), porque se suicidó. Y nadie sabe muy bien por qué: ¿La vida, el vacío, una enfermedad? En sus escritos plasma lo cotidiano siempre rodeado de ese misterio raro que me gusta. En ese aspecto tiene algo de la esencia de Carver.

-Para ti, ¿qué significan las editoriales independientes?

-En este punto quiero ser muy enfático en una cosa: lo que aportan las editoriales independientes a la literatura es de un valor innegable porque dan cabida a un gran espectro de escritores. Y ojalá que se mantengan firmes frente a los problemas causados por la pandemia y que sigan surgiendo muchas más editoriales independientes. Pero, por otro lado, también es necesario decir que las editoriales son empresas. Y a veces en las empresas hay buenos jefes y malos jefes. Si se va a publicar, no importa lo buena que parezca una editorial, siempre hay que atender al asunto del contrato, qué dice la letra chica, el asunto de qué va a recibir en términos monetarios el autor o autora, etc. Para mí es un fastidio poner tanta atención a estas cosas. Lo mío es escribir y ya. Pero si uno no entiende cómo funciona este oficio, puede olvidarse de que una editorial por más de izquierda y «yo apruebo» que sea, es una empresa.

-¿Qué se viene para tu futuro?

-Aunque he dicho que estoy hibernando en lo literario, de todas formas, he echado mano a escritos antiguos que tenía guardados. Así, la Universidad de Los Lagos me va a publicar una novela de fantasía juvenil titulada Equipo Huemul. Es probable que aparezca entre fines de este año y comienzos del próximo. Eso me tiene contento porque es paradójico que en mi momento «menos literario» de todas formas me van a publicar. Pero como insinué antes, el valor de la literatura no se mide por las publicaciones. Es más bien un ejercicio íntimo de desdoblamiento.

 

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