Ryūnosuke Akutagawa: El mago.

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lectorcl el mago trece cuentos japoneses

 

Pocos meses después del nacimiento de Ryūnosuke Akutagawa, su madre empezó a delirar. Gritaba por las noches, totalmente descontrolada, poseída por alucinaciones que no la dejaban tranquila. Los médicos timoratos e indecisos decidieron diagnosticarla -irresponsablemente- con una psicosis. Este hecho marcaría no solo la vida del autor japonés (que se fue a vivir con uno de sus tías), también lo haría con su posterior volcamiento a la literatura. Otro hecho que levantó al japonés como un autor de culto es la forma en que llevo a cabo su suicidio. Frente a su escritorio, y rodeado de su narrativa, se mató tomando veneno. Pese a no ser una figura pública (o más bien lo que entendemos comúnmente por ello) su muerte causó gran repercusión en la prensa de la época, haciéndose seguimientos al estilo policial de todo lo que ocurrió en sus últimos días. Gran parte de los fieles seguidores que dejó la literatura de Akutagawa, sostiene -cual detectives- que en sus cuentos podemos hallar pistas de todos los misterios que rodearon su obra, como si en cada trozo de narración fuera dejando pequeñas luces de la relación con su madre y de las formas con las que siempre contempló el suicidio.

La literatura de Akutagawa tiene potentes dosis de sociología pues sus relatos pretenden ir más allá de lo ficcional que trae consigo toda literatura. Lo que buscó a lo largo de toda su obra fue anclar puentes entre oriente y occidente, le interesaba ver la forma en que las culturas se retroalimentaban, buscando espejos e influencias que permitieran diálogos incesantes entre un mundo y otro, valiéndose de este recurso al crear y reescribir historias ancladas en distintos períodos de tiempo. Por ejemplo, en el cuento Mandarinas logra recrear una atmósfera propia de la literatura japonesa que es establecer una relación sutil entre la construcción de los personajes y las formas en que se manifiesta la naturaleza. El narrador del cuento observa adentro de un vagón de tren a una vagabunda que en un comienzo le genera repulsión, luego la construye a partir de un imaginario cultural de clase y finalmente le despierta el sentimiento de esperanza. Hay un tránsito entre las percepciones que van de lo particular a lo general, construyendo a partir de lo íntimo una historia generacional que a su vez es la historia de un país. En el cuento Otoño tenemos un escrito íntimo que se aleja de lo realizado en Mandarinas. La dispar historia de dos hermanas (Nobuko una chica inteligente a la que todos le auguran un extraordinario futuro en el mundo de la literatura, y Teruko que prefería pasearse por vitrinas comerciales antes que interesarse por el mundo de la lectura). Los dos cuentos parecen escritos por personas distintas, en lugares y tiempos dispares, por lo mismo, la multiplicidad de formas con las que opera Akutagawa es una característica a rescatar. Sus distintas modalidades de escritura demuestran el talante de su genialidad.

En un ejercicio totalmente oficialista, eurocentrista y occidental, cuando hablamos de los mejores cuentistas del mundo siempre menciónanos a Cheever, Borges, Chejov y Carver, como si la literatura se definiera en tan solo una parte del globo. Desde mi perspectiva, y trabajando con temáticas dispares y distintas a las de los autores mencionados, el que más me conmueve es Akutagawa. Tanto su delicadeza como sus tejidos literarios permite ganarse bastante más que un podio entre los grandes de los grandes, y este libro de Candaya viene a reafirmar nuestra hipótesis. En esta edición, a excepción del Mago (cuento traducido por Borges bajo el nombre de Sennin), el resto de los relatos son inéditos en español, por lo mismo, el texto es una buena puerta de entrada -o de continuación- a la obra de Akutagawa, pues nos permite levantar la cabeza, salir de la comodidad del canon y mirar la otra parte del mundo. El mago narra la historia de un hombre que anda buscando trabajo. Llega a una agencia laboral y pide que alguna familia lo adopte para enseñarle -en forma rápida- cómo ser un sennin. El dependiente lo observa como un loco, un anacrónico, un disparatado. El sennin es un ermitaño que habita en las montañas niponas y que tiene el don de volar cuando se le plazca. En este comienzo de cuento, que alguien podría señalar como nimio, se encuentra parte de la riqueza escritural de Akutagawa. En esa idea por representar un Japón extraviado en los pliegues de una memoria difusa.

 

Ryūnosuke Akutagawa: El mago.
Candaya, 2019. 
192 páginas
$15.000

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