Tres apuntes sobre «Grita que nadie te escucha» de Francisco García Mendoza

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1. Estaba preparándome para almorzar cuando Francisco García Mendoza me mandó un mensaje de WhatsApp para contarme que se había muerto Maradona. Al principio no le creí, pensé que era otra más de sus tantas ficciones diarias, una de esas bromas para incomodar en las que de vez en cuando suele incurrir. En menos de un segundo otros amigos me bombardearon de mensajes repitiendo la misma información. Lo inesperado se convirtió en verdad, el siglo XX venía a despedirse de todos nosotros.

Ni el fútbol, ni Maradona, ni la Copa del mundo del 86 tienen relación alguna con la obra que está construyendo García Mendoza, sin embargo, dándome un gusto personal quería compartir una de las anécdotas (no literarias) que me va a quedar marcada a fuego para el resto de mis días: fue el autor de Nunca te gustaron las niñas la primera persona en avisarme que el Diego había partido.

Todos los personajes de García Mendoza son niños que durante su infancia sufrieron alguna clase de abuso. En una etapa en la que eres un sujeto en formación, adquiriendo ritos y costumbres inculcados por la sociedad (nunca por la biología), fueron sometidos por un adulto que marcaría sus vidas para siempre. Este momento brutal e incómodo, golpea al lector incluso en los silencios que el texto presenta, pues lo no dicho es parte fundamental de Grita que nadie te escucha. El autor se juega su vida literaria en lo que no leemos, aquello que se oculta (quizás se esconde) y que García Mendoza sabe trabajar con una maestría a prueba de todo. Los nueve cuentos me hicieron recordar en todo momento una frase de Roman Gary: «En lugar de gritar, escribo libros». Como si los niños sometidos en muchos casos por sus progenitores (una mamá mete a su hijo al agua helada durante la madrugada porque se orinó mientras dormía), tuvieran un futuro marcado por la necesidad de expresar este dolor a través de las escrituras del futuro.

2. Francisco García Mendoza además de ser un gran escritor, es un extraordinario lector. Maneja una batería teórica importante que se nota en su pulida escritura. Al ya mencionado Roman Gary, le podemos agregar la influencia que la escritora chilena Eugenia Prado ha tenido en su escritura. En Objetos del silencio también se narran historias de abusos infantiles, si bien en otro contexto y desde una perspectiva femenina, el libro ha sido un eje primordial en García Mendoza, determinando no solo sus temáticas sino también sus ritmos de escritura.

Por otra parte, y continuando esta senda de la intertextualidad que el texto presenta, cada cuento del libro tiene un epígrafe. Alguien podría ver este gesto como soberbia intelectual (la necesidad de mostrarse ante la figura de un otro), pero también se puede ver como una interesante forma de ingresar al micro-universo que cada relato presenta. Disquisiciones más o disquisiciones menos (referencias más o referencias menos), el círculo de autores que cita García Mendoza es local y canónico. María Luisa Bombal, Alberto Fuguet, Nina Avellaneda, Osvaldo Lamborghini, Andrea Jeftanovic y Carmen Berenguer, son algunos de los elegidos. Este desorden, tan híbrido como lógico, se hace reconocible en una escritura que en todo momento gambetea al lector.

3. En octubre del año 2018 se lanzó la antología Todo se derrumbó. En esa ocasión, una de las asistentes al leer el cuento «Dónde jugarán los niños» (primero de este libro), rompió en un llanto desconsolado que a todos nos impactó. Debo reconocer que los cuentos, pese a lo reconocible de su apocalipsis cotidiano (empresas constructoras hacen desaparecer niños para hacer negocios inmobiliarios), no tuvieron ese impacto en mí, no me desbordaron en pena ni lograron tocar las fibras de la emotividad. No obstante, lo que realmente me conmovió del libro, fue su escritura. En la construcción de los párrafos nada está liberado al azar, cada construcción está pulida en fondo y forma, construyéndose un todo armónico que nos invita a nunca dejarlo de leer. Más allá de las tramas, la literatura de García Mendoza se juega la vida en la construcción de sus formas, y allí se encuentra su mejor tesoro.

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