Vetas de arcilla y yesca

 

Por Gabriel Gómez

 

Recostado en el monte,
me vuelvo parte de él.
Mis huesos y músculos
se fusionan con minúsculas piedras;
la hierba me recibe con clemencia,
volviéndome de arcilla y yesca.

El sol brilla en el cenit
y la luz, con su peso dorado,
baña como garuga mi cuerpo cansado.
El viento
se encarga de separar mis átomos,
los devuelve a la inmensidad del cielo.

Mi mente se va con las nubes;
juego al equilibrio
en sus indefinidos y suaves bordes.
No me preocupo de caer,
la gravedad ha dejado de afectarme:
he sido esparcido en forma de fractales.
Mi cuerpo físico
sufre la metamorfosis:
afloran raíces de mis extremidades
buscando la profundidad de la tierra.
Mi piel ya no será piel,
sino dura corteza cubierta de verde musgo
con vetas y colores indescifrables.

Un día… después de muchos años,
mi madera morirá.
Seré consumido por la humedad;
insectos xilófagos
me desmenuzarán poco a poco
y volveré a ese espacio sin tiempo.

 

Poema ganador del concurso de poesía de la Universidad Central organizado por el Centro de Estudiantes de la carrera de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación.