Apuntes sobre La música de los domingos por la tarde, de Gonzalo Garay Burnás

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Vivir literariamente, como si la vida formase parte de una gran obra que merece ser contada

 

Por Pablo Ayenao

 

La música de los domingos por la tarde (Editorial Trayecto, 2025), corresponde al octavo libro que publica Gonzalo Garay Burnás; escritor originario de Concepción, pero afincado en la ciudad de Temuco desde hace ya algún tiempo.

En esta reseña no pretendo encauzar directrices ni revelar peripecias. Sólo intentaré rozar ciertos hilos, desabrigar ásperas contraseñas y examinar las sinuosidades que esta novela despliega.

Comenzaré con un aspecto indicativo y preciso. La grafía que se desarrolla en La música de los domingos por la tarde es sobria, perfilada. Así, el relato se nos presenta sin ambages, anclando la tensión narrativa. Por ende, la novela logra desdoblarse, y se potencia desde la particularidad de una escritura que no le teme al efecto que ella produce. O dicho de modo más analítico, se aquilata historia y letra, no sobrepasándose un apartado por sobre el otro.

Aunque, pensando de forma más obliterada, las complejidades y opacidades de la trama necesitan precisamente una grafía contenida y adaptable.

Engarzado a la anterior, encontramos la arquitectura cimentada en el libro, que exhibe rasgos que deben ser explorados. Porque estamos frente a una fábula que soporta otra fábula. Este formato permite ampliar los límites y ópticas de los personajes, atrapando contrapuestas gradaciones y concavidades. De esta manera, La música de los domingos por la tarde se establece como un libro a dos voces; voces que, lógicamente, se integran e interrelacionan, en un espiral continuo. Y creo aquello es el aspecto primordial que esta novela propone: la vida y la literatura como espejos convexos, pero al mismo tiempo indisolubles, peligrosamente zurcidos. Más adelante intentaré explicar este punto. Vuelvo a la estructura entonces. La escritura a dos voces es una técnica literaria compleja, que requiere un importante trabajo y pericia escritural. Gonzalo Garay realiza esta operación estilística con entrega y atrevimiento, valiéndose de un marcador tipográfico que nos explicita cuando se trastoca la perspectiva del relato.

Desde otra cuadratura, complementando con la historia y su nominalidad, quisiera destacar el carácter dúctil de la novela. La música de los domingos por la tarde podría catalogarse de plurales formas, y en todas ellas se acertaría. Nos encontramos con una novela de formación, con un thriller pendular, con una novela espejo, con un texto de carácter moral – filosófico, con una novela del exilio, con narcoliteratura. Incluso podríamos señalar que vislumbramos una novela de infancia y arraigo, en donde la ciudad de Concepción se transforma en vital personaje. Sin embargo, según mi óptica, lo más relevante es que nos encontramos con una novela metaliteraria. Y entonces vuelvo al punto que dejé suspendido unas líneas atrás. La vida y la literatura se instauran como espejos convexos, pero al mismo tiempo indisolubles, peligrosamente zurcidos Así, la creación literaria es el soporte de toda reflexión que se realiza en la novela, es el sedimento de toda cavilación que se confecciona en los oscuros párrafos. De allí las disquisiciones sobre el retozo y el peligro (en un fragmento el narrador señala que la literatura no es un juego, para eso está Borges y Perec; el mismo sentido tiene la cita de Nietzche que lanza una pelirroja mientras se come un sándwich, entre resignada y altanera). En consiguiente, son imperiosas y elocuentes las analogías y relaciones que se establecen con otras disciplinas y elementos, entre los cuales hallamos la pastelería, el karate, el bidet, la teoría del delito, la criminología, los aditivos estimulantes; y probablemente algunos más que se me quedan en el tintero. La literatura soporta todo, y un poco más; la literatura abarca todo, y un poco más.

Entonces, La música de los domingos por la tarde nos presenta al escritor y su siempre inacabada obra, en dinámicas arriesgadas y reconcentradas: maestro – discípulo, cazador – cazado, poder – deseo. Por eso el crimen, el delito y el fuego impregnan toda la novela; porque es imposible escribir y salir indemne de aquello.

Quisiera mencionar un hecho alegórico, que se alza como uno de los orígenes del mal. La escena de la muerte de la gallina. Al igual que Benjamín Subercaseaux en Niño de lluvia, o Clarice Lispector en Una gallina. Este animal simboliza cierto estado de cosas. La pérdida y la perversidad, pero también la sobrevida y su sempiterna sombra. En La música de los domingos por la tarde, la gallina nos interpela certeramente en este cruento tranvía, en este carrusel que bifurca rotundo y entonces avanza sin cortapisas, hasta alcanzar el perentorio estropicio.

Otro ámbito a enfatizar son las mujeres que aparecen y desaparecen en estas páginas. Estas mujeres poseen un carácter iniciático y, por ende, transformador. Mariela y el sexo, Candy y la elusión. Pero, la más importante es Andrea, la sagaz profesora, quien también escucha La música de los domingos por la tarde. O quizás, expresado de manera ciertamente consumada. Andrea le enseña a nuestro protagonista a escuchar la música de los domingos por la tarde.

Aunque, probablemente, él ya percibía aquel rumor. Pero las palabras de su profesora hicieron palpable la abstracción.

Sintetizando, La música de los domingos por la tarde es una novela auto- reflexiva, ejercitada desde una arquitectura moldeable, y fundamentalmente metaliteraria. Explora el crimen, la obsesión y la redención (si acaso existe), anteponiendo ópticas múltiples e intensidades dialógicas. La literatura es el principio de todo, y también el fin. Eso parece señalarnos este libro; y quizás tenga razón, al menos para algunos nostálgicos pirómanos.

 

Pablo Ayenao  (Pitrufquén, 1983). Es escritor y profesor de castellano y comunicación por la Universidad de la Frontera, además de magíster en ciencias de la comunicación por la misma casa de estudios. Ha publicado los siguientes libros: “Flúor”, Poleo ediciones, 2011, poesía; “Memoria de la carne”, Bogavantes Ediciones, 2015, novela que obtuvo el Premio Municipal de Literatura de Santiago el año 2016; “Antes que el alba te sacuda en el pavimento”, Ediciones de la Ausencia, 2015, poesía; “Animales muertos”, Cagtén Ediciones, 2021, cuentos; “La vida toda”, Bogavantes Ediciones, 2023, cuentos; “Lugar de cenizas”, Editorial Pequeño Salvaje, 2025, novela. Actualmente reside en la localidad de Padre las casas.

 

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