Eventos

Revisa los próximos eventos

«Romeo y Julieta»: A cantar con una obra inmortal

Date:

image_print

 

Cuando uno lee y asiste a un montaje de una obra de Shakespeare da la impresión de no estar viendo teatro sino que los planos de construcción de un arquitecto por el modo en que todo encaja como engranaje de perfecto diseño: la construcción y presentación de personajes, la forma en que la acción avanza, intercalando escenas en diferentes espacios. Además, aparte del perfecto engranaje narrativo que es, las obras siempre tratan complejos dilemas morales.

Todo el mundo conoce a Romeo y Julieta, aunque no se sepa nada de teatro y solo se conozca ese feo parlamento inexistente (“Romeo, Romeo ¿dónde estás que no te veo?”). Sería raro llegar totalmente virgen a esta obra: una relación oculta de amor entre dos jóvenes cuyas familias, Capuletos y Montescos, son enemigas a muerte. A lo mejor esta unión podría hacer que terminara la animosidad, pero eso será para las generaciones futuras. La obra es una tragedia y por lo tanto, los enamorados no terminan bien.

Para un actor debe ser un gran desafío representar a Shakespeare, teniendo que recitar esos parlamentos largos, algunos con palabras poco comunes. Shakespeare era poeta antes de cualquier cosa y eso también se nota en lo que se dicen los personajes. Que sea poeta no quiere decir que sienta una cercanía por lo dulce, no, es una forma particular de decir las cosas. En sus obras aparecen personajes de distinto tipo: malandras, reyes, gente de arriba y de abajo y a todos los conocemos en gran medida por lo que dicen y por cómo lo dicen.

Para que esto se aprecie en su totalidad es necesario que los actores pronuncien con buena dicción, marcando adecuadamente los sonidos de las letras y cada palabra. Y acá a ratos hay dificultades para entender, en especial en lo que se refiere a Romeo. No es que sea inteligible, pero en ocasiones se le entiende la idea general, no el detalle.

La puesta en escena se toma libertades que le permite agregar cosas, creando algo nuevo pero respetando el texto, que en este caso se trata de la traducción de Pablo Neruda. El montaje optó por hacer un musical y lo hizo de forma novedosa: en el escenario están los instrumentos que serán usados por los mismos actores, incluso en una situación Benvolio aparece en escena hablando mientras toca un ukelele. La primera vez que tocan es por la fiesta en casa de los Capuleto, cuando Romeo y Julieta se conocen, y por eso mismo el estilo de la música es más pachanguero, la única vez en la obra. Ahí la música tiene que ver con lo que sucede en la historia, está bien integrado. El resto de las veces será para darle ambiente, como las secuencias de transición en una película con música de fondo. Si bien los músicos saben tocar sus instrumentos y se nota que hubo ensayo, el problema es que hace que la obra se alargue un poco y, además, le agrega una carga emotiva a situaciones que no necesitan ningún adorno. Como cuando, justo después del desenlace fatal, con los dos novios muertos en el escenario, la banda toca una balada romántica, con Julieta en la voz, en un estilo cercano a Beyoncé y atrás aparece una frase que Romeo dice al comienzo, “Hay tanto que hacer por el amor”. Lo que era sugerente en el texto se torna empalagoso y cansa por lo evidente.

El eje central de la puesta en escena es el hecho que sea un concierto con teatro, así, al fondo se instaló una cortina roja llena de pliegues, que automáticamente le da a la representación un sello de local nocturno. Al finalizar una escena los actores no salen, permaneciendo sentados en unas sillas a ambos lados del escenario, una práctica que tiene más que ver con un café-concert que con una representación teatral, donde el espectador está habituado a que los actores abandonen una vez terminan su escena. Si bien se ve un poco extraño y a ratos los actores sentados participan de la acción con alguna expresión facial o una palabra, lo que torna la situación un tanto confusa porque se supone que no están en escena, lo cierto es que no representa una distracción importante.

Las actuaciones llevan sus papeles de forma convincente. Los personajes representan distintos mundos y en cada uno de ellos hay chispa y gracia, como Romeo (Kai Berg) con su tropilla de amigos-primos, Mercucio y Benvolio, tipos irónicos, ocurrentes que pueden decir una broma y sacar el cuchillo al instante. Por lo mismo, son roles en donde la parte física tiene mucha importancia: se mueven los brazos, se desplazan por el escenario, lo que tiene que ver con la energía que a veces se transforma en una pelea a muerte. Donde los Capuleto es otro el ambiente. Los padres son tipos poderosos, más “empaquetados”, pero cuando lo ocasión lo requiere, pueden ser excesivos y violentos, inolvidable la erupción verbal del padre (Marco Rebolledo) cuando Julieta le dice que se niega a casarse con Paris. Las cosas que dice son horrorosas, preso de la posesión maligna que puede ser la rabia y la necesidad que las cosas se hagan como uno estime. La nodriza (Jacqueline Boudon) encarna un papel más tranquilo, que representa muy bien esas relaciones de cariño-padecimiento que se arrastran de toda una vida; se pone a hablar y si no la hacen callar bruscamente puede estar contando cosas todo el día. El papel de Julieta (Konstanza Villalobos) es intenso, demostrando un amplio abanico de emociones.

Un montaje que logró una curiosa combinación entre tradición e innovación, respetando el texto original salvo algunas pocas diferencias. Es una obra siempre actual, por un lado, por la dramaturgia misma, que incluye diversos registros como tragedia, humor, acción. Por otro lado, es sano tener presente que la rabia, el odio incluso, no tiene porqué ser algo que domine nuestras vidas. Incluso para la madre de Julieta, quien dijera en cierto momento que Romeo debía morir por el asesinato de Tybaldo, después de un tiempo se da cuenta que en realidad nadie ganó y no vale la pena mantener la odiosidad. En el texto este cambio entre ambas familias es explicito, en la obra se utilizó la música y la frase que mencionaba (“Hay tanto que hacer por el amor”), como una forma de dar a entender que el amor prevalece a larga sobre el odio. Que así sea, ojalá.

 

 

FICHA TÉCNICA

Dirección: Cristian Keim

Elenco: Jacqueline Boudon, Carmen Diza, Konstanza Villalobos, Kai Berg, Marco Rebolledo, Fernanda Pérez, Gabriel Muñoz, Gabriel Bastías, Vicente Soto, Alejandro Miranda

Dramaturgia: William Shakespeare -Pablo Neruda

Asistencia de dirección: Catalina Rozas

Dramaturgismo: Tomás Henríquez

Diseño integral: Isidora Páez, Kristian Orellana

Asistencia de Diseño: Florian Aguilar

Composición musical: Alejandro Miranda

Coreógrafo: Gonzalo Beltrán

Coach vocal: Nicole Vial

Comunicaciones: Catarina Vásquez

Diseño Gráfico: Alonso Morales

Fotografía: Felipe Poga

Video: Sebastián Cárez-Lorca

Gestión: Ana Laura Racz

Equipo Técnico TNCH: Joaquín Riquelme, Hugo Hernández, Guillermo Cerón, Sebastián Chávez

Producción: Teatro Nacional Chileno con el financiamiento de la Línea de Apoyo a Teatro Universitarios de Chile del Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio.

 

Coordenadas:

Del 25 de junio al 19 de julio
Miércoles a Sábado a las 19:30hrs
Teatro Nacional Chileno (Morandé 25, Santiago)

 

Juan José Jordán
Juan José Jordán
(Santiago, 1982). Egresado de Literatura UDP. Ha hecho talleres literarios, participado en proyectos de edición y ha intentado hacer de periodista en diferentes entrevistas. Le interesa la lectura como espacio de diálogo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Share post:

Subscribe

spot_imgspot_img

Popular

More like this
Related