Bruno Jara: «Cuando escribo literatura no pretendo dejar ningún mensaje»

Bruno Jara: «Cuando escribo literatura no pretendo dejar ningún mensaje»

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El multifacético escritor, tipógrafo y diseñador gráfico escribió Aguas de marzo, libro que fue trabajado en distintos talleres literarios. Él relata que muchos de sus cuentos son autobiográficos, como también historias ajenas. Bruno quiso constatar, como dice en una de las preguntas, que este libro es un tipo de inquietudes estéticas y de su mirada ante el mundo.

¿Quién es Bruno Jara?

Soy diseñador gráfico, escritor y tipógrafo. Nací en Santiago, pero crecí en Pichidangui, un pueblo costero de la cuarta región. Desde el año 2021 vivo en Konstanz, Alemania, donde hice mi doctorado en Literatura.

¿Cómo nace Aguas de marzo?

Aguas de marzo es un volumen de cuentos que había escrito hace tiempo. El más antiguo, por ejemplo, lo escribí el 2013. La mayoría fueron pensados y revisados a lo largo de diferentes talleres literarios. Cuando me propuse armar un manuscrito, ya contaba con varios cuentos sueltos. Entonces, el libro implicó editar esos archivos, dotarlos de un sentido coherente y añadir textos nuevos.

Este es tu primer libro, ¿cómo fue la experiencia de crearlo?

La vida de Aguas de marzo tiene dos momentos. El primero es en el 2015, cuando armé una primera versión del manuscrito a partir de tres cuentos: «Entreactos», JÚltimas piedras» y «Libraciones de la luna». Como no pude publicarlo, abandoné el proyecto y me concentré en mis estudios de posgrado.

Después, durante la pandemia, me inscribí en un taller literario y escribí los últimos dos cuentos del conjunto: «Aguas de marzo» y «Otros sacramentos». A la vez, este período coincidió con el inicio de mi doctorado. Aunque había sido aceptado para realizar una tesis en estudios culturales, llegando a Alemania me informaron que esto ya no sería posible: ahora tendría que analizar exclusivamente un corpus literario. Entonces, inesperadamente, me reencontré con la ficción y, con ello, con las ganas de escribir.

¿Cómo fue el proceso creativo e inspiración del libro?

En general, utilizo distintos insumos y procedimientos narrativos. Algunos textos son autobiográficos, otros se basan en memorias ajenas, y también hay textos experimentales. En la autoficción, por ejemplo, me interesa entender, mediante la literatura, ciertas experiencias que no responden a una razón ni pueden enmarcarse tan fácilmente en una teoría sociológica. Como en la narrativa necesariamente hay un orden, revisitar y ficcionar esos episodios me permite entenderlos y sentirlos de otro modo. Este fue el caso de «EntreactosK.

Por otra parte, el resto de los cuentos nace al mezclar distintos tipos de memorias. Por ejemplo, en «Últimas piedras» hago un cruce entre las memorias de mi madre, quien jugaba durante su niñez con muñecas de piedra, y mis propias vivencias de infancia. Como crecí en un balneario, para nosotros era muy común hacernos amigos de los hijos de los turistas. Y como vivíamos en un barrio de pescadores, siempre había roces de clases. A esa edad, los conflictos sociales se sentían y se peleaban, pero no se nombraban discursivamente. Más bien, aparecían implícitamente en los juegos o en la ropa que usábamos, cosas así. Otro ejemplo de este procedimiento es «Otros sacramentos». Cuando éramos chicos, mis amigos y yo le teníamos miedo a una piedra con forma de campana. Habíamos escuchado que se trataba de un portal hacia el infierno que se abría durante las noches.

En general, tengo la impresión de estar escribiendo lo mismo una y otra vez. Por eso, cuando pienso un volumen de cuentos, intento que sean formalmente distintos entre sí. Ojalá tener distintos registros, técnicas y perspectivas. O sea, intento ir en contra de la prosa que me sale naturalmente, de la conformación de un estilo, reconociendo de antemano que es una lucha perdida. Y pienso que Aguas de marzo es un buen ejemplo de esa tensión.

¿Qué mensaje quisiste dejar con el tema «amistad», «amor» y «familia»?

Cuando escribo literatura no pretendo dejar ningún mensaje. Creo que esa función se emparenta mejor con el texto académico, donde formalmente se podría decir que existe una función narrativa y pedagógica concreta. En la literatura, lo que me interesa es cómo nos acercamos a las preguntas y cómo las volvemos presentes. Hay temas que emergen únicamente a través del efecto que generan las palabras. Para mí, la amistad, el amor o la familia son misterios en tanto vínculos: uno nunca sabe cómo nos recibe el otro. Y si lo pensamos así, creer en la palabra del otro es un acto ciego, un salto de fe. Esa incertidumbre de qué nos une y qué nos separa no puede resolverse, es infinitamente compleja. Sin embargo, escribir literatura me permite jugar con las posibilidades de esos encuentros y desencuentros. Literalmente se amplían las combinatorias, los puntos de vista, las preguntas que se esconden detrás de un silencio, de un abandono, de la adicción, etcétera. Y en ese sentido, un volumen de cuentos me parece una herramienta estética perfecta, porque me permite analizar un mismo problema desde múltiples variables (narradores, voces, tiempos, etc.).

En una oración, ¿cómo definirías tu libro?

Es una muestra de mis preocupaciones estéticas y de mi visión del mundo.

¿Se puede pasar del amor al placer o viceversa?

Pienso que el placer es, en la mayoría de los casos, condición de posibilidad del amor. El placer estira la experiencia del tiempo, transforma un instante gozoso en un infinito. El paso del placer al amor ocurre cuando ese infinito momentáneo busca durar, y el amor es justamente ese intento de impedir su fuga o su agotamiento. O bien, de acumular pequeños infinitos y dotarlos de sentido dentro de un marco temporal más amplio. Entonces, diría que el placer es también un momento específico del amor, una fotografía de sus mejores momentos.

Lo cual no se opone al hecho de que existe placer sin amor, y amor sin placer. Creo que, como sea, es importante no perder de vista esa tensión entre lo fugaz y lo duradero para entender por qué ciertas relaciones se extienden más de lo debido, o por qué otras nunca pueden comenzar.

¿Qué significa el mar?

Como crecí a veinte pasos de la costa, el mar es un tópico inevitable en mis cuentos. A nivel paisajístico, me interesan las piedras, la brisa, el olor a sal, la fuerza de las marejadas. En el mar coexisten la calma y la violencia, lo bello y lo terrible. Por eso, narrativamente es un lugar que mis personajes contemplan y anhelan, pero no siempre como refugio. Aunque allí proyectan deseos, muchas veces el mar es el lugar donde se escenifica la violencia que los constriñe y que define su devenir. Entonces, el mar me interesa porque es un entorno vivo que soporta múltiples interpretaciones y evoca diversos estados anímicos.

¿Cómo fue trabajar con Neón y dónde podemos encontrar el libro?

El trabajo con Neón fue bastante fluido y rápido. Sobre todo agradezco el diseño del libro, tanto de la portada como de los interiores. Lamentablemente, Neón no está activo a nivel editorial. Es posible, sin embargo, encontrar el libro en La Komuna (https://lakomuna.cl/narrativa/aguas-de-marzo/), Busca Libre y en varias librerías del país.

 

Francisca Gaete Trautmann
Francisca Gaete Trautmann
(Santiago, 1985) Periodista de la Universidad Gabriela Mistral. Ha trabajado para revistas, televisión y medios online. Ha seguido cursos de escritura creativa. Le encanta escribir, escuchar música. Vive en Santiago.

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