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Inicio/Colaboraciones/El presagio y la manzana confitada: un comentario del libro «Mariposa abortada» por la colmena de Javier Grover Pinto
Colaboraciones

El presagio y la manzana confitada: un comentario del libro «Mariposa abortada» por la colmena de Javier Grover Pinto

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Por Lector
Octubre 7, 2026 6 Min de lectura
Lecturas: 105

Por Andrés Latorre.

Hay canciones que se mueren en el intento de fracturar el esternón invisible. Falla el beat o se repliega la intención: un asunto incompleto que no cuaja para todos los oídos donde reside el latido del alma, sin importar el algoritmo.

Otras, apuñalan porque tienen la cosa poética que nos falta siempre. La poesía es natural porque existe y se produce. Sin embargo, no es propia, se descubre, se saborea, se necesita después. Muchas de ellas juegan con la expectativa o con la posición resistente de negarse al gris de la tecnología de calculadora o el diseño de las modas persistentes, como pintar de blanco las paredes de tu sanatorio personal con base en imitación de trends.

Mariposa abortada por la colmena (que desde ahora llamaré simplemente Mariposa) es un título que te avisa los colores que desfilarán en la imaginación de tus ojos de lector voraz o lector de lento rumiar. Una mariposa que vino para demostrar la belleza inútil de volar entre tanta abeja laboriosa y viscosa de tanta miel, puñal sin ser visto.

El poeta Javier Grover Pinto, presenta su libro de vitral con alas en tres columnas de tiempo, que bien podríamos decir que son su propio «Jardín de las Delicias» de El Bosco, aunque esto no le guste, por ejemplo, a la diputada Cordero, esa psiquiatra farandulera que lo considera inmoral. Sin embargo, a quien le importa mi referencia pop, cuando la culpa cristiana no está presente en el tríptico del poeta, aunque sí, abunda más la nostalgia solapada en versos cargados de metáfora, similar a un jardín selvático. Un anhelo del poeta nacido entre las aduanas del océano y el desierto: esquivar la sal de la costra, aunque venga de turquesa y arena blanca de la vecina english bahía.

Mariposa, como mencioné, es tiempo. Releí, como hacen los cariños que nos unen desde hace tanto con el poeta, cuando todos teníamos más pelo, más colágeno disponible en nuestros cogotes. Por lo que comencé desde el final hacia el principio, imitando las lecturas japonesas. Sin embargo, se transformó en una suerte de arqueología poética en la biografía de Javier.

Sin tilde

[La verdad sin tilde] el último poemario, demuestra la madurez del escritor, un dominio de la incertidumbre que es una clásica tormenta sobre el mar, siempre indómito y correntoso (por eso Hegel hinchaba las pelotas con este relieve y yo también) que resuelve con ingenio punzante, encontrar su puerto seguro después del terror:

«Creo./ Pienso que los poseo./ Así como./ Algunos./ Soy un ángel en la Tierra./ Camino./ No me escondo de las calles».

Como fantasma, como silueta asomada de la sombra al mediodía o a las tres de la mañana en la humedad del sueño, parece deslizarse entre el hambre previo al almuerzo o en las sábanas arrugadas de tanto ronquido para poseer la respiración de la lectura. Nos obliga a respirar con él, el más mínimo de sus manifiestos, como el título [murmullos] porque hay canciones que se soplan al oído. La Mariposa no sólo comprende su naturaleza, sino que sublima su condición a un ser celestial que con humildad prefiere caminar mostrando sus alas en las calles mojadas de Puerto Montt, entre su línea costera fragante de choros estancados cuando la marea baja. Si lo piensan con mayor detenimiento, parecen las palabras de un santo moderno que asume los estigmas de su propio destino. Muy Leo, si crees en el horóscopo zodiacal aunque lo veo con más tragedia: la Virgen ascendió y se olvidó de él, dejándolo a cargo de Susy Pinto para criarlo en este tiempo. Es ahí cuando los versos trapicados de puntos seguidos cobran su soberbia.

Por supuesto, el poemario navega entre los enseres y artefactos personales del autor, para el espanto de algunos escritores y abundantes antipoetas que juegan la caracterización parriana. Entiéndame ustedes, Parra es el genio. No es Cristo el problema sino sus discípulos y parece que Javier se encontró entre letras y amantes esa postura: “Sentado como el inodoro/ de expresar por el culo;/ el arrepentimiento,/ actitud de vida que llevas en un hormiguero”.

Qué más da hablar de lo que hay tras el pantalón desabotonado, con culos, pelos y elegante lenguaje escatológico. Lo dejo a su lectura, una Mariposa que sabe de los dobleces aromáticos del reptil.

Llegamos a la mariposa

Mariposa abortada de la colmena, obra vertebral desde donde se extienden las costillas del libro es una biografía y relación con otras personas, especialmente, la familia del poeta. En esta pintura de palabras, Javier alcanzó una madurez autoral, afincando su hablante lírico, que, contraviniendo el derrotero minimalista de la poesía en español, decidió flamear la bandera de las metáforas, entre relaciones personales y objetos cotidianos que construyen este puzzle de su vida. Si se asemejara a algo, sería un cumulonimbo que te llueven pétalos de colores interminables. Aquello es una promesa: siempre encontrarás matices distintos por cada relectura.

Mi favorito, médula absoluta, es «Hermanas Pinto»:

«Las parió con humildad/ entre abortos que no los consideró delitos;/ los presagios con alas para emprender vuelo»

Este comienzo, sitúa un hito de interés en la arqueología emocional y su telaraña de relaciones en la vida del poeta. Con inicio que puede incomodar a tanto provida y medicucho objetor de conciencia, la sutileza de sus palabras se asemejan a un kyrie eleisson sin tanto aspaviento. Una súplica escuchada que le resta todo dramatismo al origen de los presagios, al origen de la mariposa adoptada (abortada) desde el útero por una colmena de matriarcas.

Finaliza con una sentencia itinerante, el cambio de geografía:

«Del norte hacia el sur, ninguna “Pinto” habló de los presagios sin alas».

Los presagios no abandonan, están siempre presentes, ignorados como si aquello sirviera para espantarlos y ojalá escuchar el portazo y, porque no, el rechinar de la reja hacia la calle. El presagio encontró en el sur, exuberante de verde, las hojas para masticar en su próximo jardín.

Un jardín original

El jardín de Marco es un poemario entrañable de una voz mucho más novata, donde los lugares comunes los invierte maravillosamente en figuras retóricas artesanas. Este poemario fue con el que conocí su voz en Puerto Varas, hace años, cuando mi pelo era largo, ruliento y mi poesía era visceral y deficiente, asistiendo como oyente a los talleres literarios de la Fundación Pablo Neruda en la Biblioteca Paul Harris. Fue becado, bajo la dirección del poeta valdiviano Clemente Riedemann, ese de Karra Maw’n, obra infravalorada del bestiario poético de Chile y al que le chantaron a trompicones a la Gabriela.

Entre seres de dudosa procedencia y mucha boca para tan poco verso, destacaba Javier por su canto lector y su voz nasal, donde recitaba extractos de su Jardín. Más intenso era con unos pisco sour en el cuerpo y aquello nos aproximó hasta formar una amistad que perdura hasta hoy.

«En el jardín de Marco…/ (aunque no lo creas)./ Saboreé la manzana confitada».

Una ruptura del velo para que el lugar sagrado se convierta en un comestible clavado y bañado de azúcar cristalizada, una cosa achilenada afuera de las escuelas que arrancaba los dientes de leche como pequeñitos epitafios de un hueso que pasó a mejor vida. Una metáfora de la promiscuidad en una sexualidad a medias demostrada, con códigos aprendidos entre el ocultismo de la ciudad diseñada heterosexual.

La obra de este poeta, recoge las capas propias del sur de Chile y las impregna en cada verso. No es un Lemebel porque Javier no imita, pero contiene esa locura verseada intensa de toda fleta apuesta, esas figuras recargadas que hacen recordar a Perlongher, pero con un barroso de las arenas de Tenglo con su cruz vigilante en su cima. Ciertamente, Javier es heredero y presagio con alas de ángel que se presenta sin miedos a un público que busca el sismo bajo sus costillas, esas que la antipoesía tan amachada y heterosexual, apenas alcanza más que para la risa y la nostalgia mediana de un recuerdo que acaba demasiado pronto.

Hay versos que se mueren en el intento de fracturar el esternón invisible. Falla el beat o se repliega la intención. Mariposa abortada por la colmena, solo le queda en deuda la melodía para ser cancionera, porque ya pinta cuadros con las palabras.

Una obra que debe ser descubierta como fundamental para la estética y versada queer, no tan sólo del sur de Chile, sino del país completo.

Esto es un comentario. No pierdo mi tiempo criticando lo deficiente que en esta obra, brilla, brilla por su ausencia.

Sobre el poeta reseñado:

Javier Grover P. (Caldera,1975). Poeta y Artista Chileno de profesión Publicista, actualmente se desempeña como Consultor de Moda y Estilista -@modaconestiloyohlala . Ha cumplido un rol importante como Gestor Cultural. Becario de la Fundación Pablo Neruda @fundacionneruda en la X Región de los Lagos -2007-. Su primer libro autopublicado es Hojas al ritmo del viento (2013) y el año pasado  presentó Mariposa abortada por la colmena (2025). Últimamente ha participado en numerosos conversatorios y recitales poéticos internacionales.

Etiquetas:

Javier Grover PintoMariposa abortada por la colmenaPoesía
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