Jose Serralvo: «Bolaño nunca dejó de sentirse profundamente chileno»
En revista Lector conversamos con Jose Serralvo, autor de la monumental biografía sobre Roberto Bolaño. Desde su infancia en Chile hasta su consagración internacional, esta documentada investigación reconstruye las distintas vidas del autor de Estrella distante y examina el modo en que el escritor convirtió su propia experiencia en materia literaria.
¿Cómo llevaste a cabo la investigación? ¿A qué fuentes recurriste? ¿Viniste a Chile? ¿Fuiste al D.F.?
La investigación tuvo varias capas. Por un lado, traté de reunir y ordenar una enorme cantidad de material que ya existía, pero que estaba muy disperso: entrevistas, reportajes, documentales, correspondencia, estudios académicos y, por supuesto, testimonios del propio Bolaño. El problema no era tanto la falta de información como su fragmentación y, en ocasiones, las contradicciones entre unas versiones y otras.
A eso añadí trabajo de archivo. Pude consultar, por ejemplo, la correspondencia de Bolaño con Carlos Edmundo Ory y las cartas que escribió durante años a Bruno Montané, conservadas actualmente en la Biblioteca Nacional de España. Y fueron fundamentales las entrevistas y los materiales que me facilitaron personas que llevaban mucho tiempo investigando la figura de Bolaño, entre ellas el poeta Jaime Quezada, el periodista Juvenal Rivera y el cineasta Ricardo House. En determinados episodios, especialmente en lo ocurrido en Chile en 1973, ese trabajo previo fue esencial para separar los hechos de las versiones que se habían ido tejiendo a lo largo de los años. También viajé al D.F., aunque no a Chile, porque las fuentes a las que tuve acceso me permitieron reconstruir sus años chilenos. Además, las personas clave de aquella época o bien ya han fallecido, o bien ya habían sido entrevistadas para los materiales que usé.
¿Cuál fue el punto de inflexión que te motivó a escribir una biografía sobre Bolaño?
Sin duda fue la lectura de Los detectives salvajes. La primera vez que leí esa novela yo vivía en Estados Unidos y me impresionó muchísimo, entre otras cosas por la extraordinaria variedad de voces y registros que Bolaño era capaz de manejar. A partir de ahí empecé a leer el resto de su obra y, precisamente porque Los detectives salvajes contiene tantos vasos comunicantes con su biografía, mi curiosidad inicial por la ficción fue convirtiéndose poco a poco en curiosidad por la persona que había detrás. Empecé a recopilar datos sobre su vida casi sin proponérmelo, hasta que esa acumulación de historias terminó convirtiéndose en el germen de este libro.
Además, cuanto más sabía de él, más evidente me parecía que allí había una historia extraordinaria que merecía ser contada de principio a fin. Bolaño murió con solo cincuenta años, pero acumuló experiencias que parecen pertenecer a varias vidas distintas: Chile y el golpe de Estado, la vanguardia poética mexicana, la precariedad de sus primeros años en España… Ese extraordinario material narrativo azuzó mis instintos de novelista.
¿Dejaste mucha información afuera?
Sí, muchísima, y hacerlo fue una parte esencial del trabajo. Paradójicamente, uno de los principales problemas al escribir la biografía no fue encontrar información, sino decidir qué información no debía entrar. La vida de Bolaño ha sido investigada con enorme detalle: hay podcasts sobre su infancia en Los Ángeles, reportajes sobre tu trabajo en un camping de Casteldefells, varios libros sobre la vanguardia infrarrealista, un epistolario vastísimo, documentales sobre sus años en España, blogs sobre sus distintos romances y, sobre todo, cientos de entrevistas de personas que le conocieron. Si hubiese intentado incorporarlo todo, habría terminado escribiendo una especie de enciclopedia o una biografía de mil páginas exclusivamente para mitómanos. Mi intención era otra: quería que el libro tuviese movimiento y pathos y, en definitiva, que pudiera leerse también como un relato de aventuras. Eso obligaba a jerarquizar, a distinguir los episodios que realmente ayudaban a comprender su trayectoria de aquellos que, aunque pudieran resultar curiosos, se desviaban de la historia principal.
¿Por qué aún no se publican las cartas de Bolaño?
Como todos los textos de Bolaño, las cartas están sujetas a derechos de autor. De modo que publicarlas requerirá un minucioso trabajo de investigación y edición, pero también el consentimiento de su familia.
Es Roberto Bolaño el mejor heredero literario de Jorge Luis Borges?
Borges fue un precursor del boom y Bolaño es seguramente el mejor heredero del boom, pero resulta difícil hacer juicios categóricos a este respecto. Lo que sí podemos decir es que Bolaño admiraba profundamente a Borges, hasta el punto de repetir varias veces que era, y cito textualmente, «Dios». Este se ve muy claramente en obras como La literatura nazi en América. Otras obras de Bolaño, como Los detectives salvajes, me parecen mucho más cervantinas que borgianas.
¿Bolaño es un escritor chileno, mexicano, español o latinoamericano?
Bolaño nunca dejó de sentirse profundamente chileno. Chile está presente no solo en los escenarios, personajes e historias de muchas de sus obras, sino, de una manera más profunda, en su concepción de la literatura. La experiencia del gobierno de Allende, el golpe de Estado de 1973 y la violencia que siguió dejaron una huella decisiva en él y ayudan a explicar incluso obras que transcurren muy lejos de Chile. En ese sentido, me parece que fue chileno hasta la médula.
Ahora bien, su literatura desborda por completo cualquier frontera nacional. Vivió y se formó entre Chile, México y España, heredó buena parte de la tradición literaria latinoamericana y terminó escribiendo libros profundamente globales, poblados por personajes de distintos países y ambientados en geografías muy diversas. Esa dimensión transnacional es precisamente una de las razones por las que su obra ha conectado tan bien con lectores de todo el mundo.
La vida de Bolaño se ha ido decodificando, como bien señalas en el libro, entre la realidad y la ficción. Uno de los hitos que se problematizan es si efectivamente vino a Chile meses antes del golpe de Estado.
Sobre ese episodio circularon durante mucho tiempo versiones contradictorias, pero los testimonios de amigos de Bolaño, como Jaime Quezada, no dejan lugar a dudas. Hay también pruebas materiales, como cartas que mandó desde Chile a su familia en México. La otra duda que persistía es si estuvo o no en prisión, pero el trabajo investigativo del periodista chileno Juvenal Rivera ha aclarado esto de forma fehaciente: Bolaño fue detenido en un control militar poco después del golpe y pasó unos ocho días encarcelado.
En cualquier caso, este es un buen ejemplo de una de las dificultades que plantea cualquier biografía de Bolaño: él mismo contribuyó a convertir su vida en literatura y no tenía ningún reparo en modificar, adornar o dramatizar determinados episodios. Por eso uno de los trabajos fundamentales del biógrafo consiste en contrastar testimonios y documentos y tratar de separar, hasta donde sea posible, la realidad de las invenciones bolañescas.
¿Qué te han dicho sobre la biografía los hijos de Bolaño, has tenido alguna retroalimentación?
Por desgracia, no he logrado entrar en contacto con la familia. Carolina López, su viuda, ha sido muy reservada y apenas ha concedido un par de entrevistas desde la muerte de Bolaño, de modo que no es de extrañar que no respondiese a mi solicitud. Lo único que espero es que si leen el libro sientan una mezcla de alegría y nostalgia. El escritor norteamericano David Foster Wallace dijo en una ocasión que nada crea una mayor conexión cognitiva entre dos seres humanos que una obra literaria. Ojalá que mi biografía ayude a revivir un pedazo de Roberto Bolaño, para los lectores, pero también para todos sus seres queridos.