Elisa Clark: «Más que entregar un mensaje, me interesaba invitar a mirar a Gabriela Mistral desde un lugar distinto»
Durante un curso que tomó en la Universidad de Chile, Elisa se empapó de los poemas de la destacada poeta Premio Nobel, Gabriela Mistral, y fue cuando comenzó a investigar y a escribir lo que sería el libro Oye Gabriela, editado bajo el sello Cuarto Propio. La obra juega con la realidad y la ficción, una propuesta llamativa. La autora invita a conocer a la poeta como mujer política, libre y compleja. Te invitamos a leer la entrevista. No te la pierdas.
Cuéntanos de ti y de tu nexo con Gabriela Mistral.
Soy escritora y periodista. Mi vínculo con Gabriela Mistral comenzó en un curso de teoría literaria con la profesora Kemy Oyarzún en la Universidad de Chile; al leer y analizar sus poemas, ella nos transmitía pasión por Mistral y nos mostró aspectos de su obra que no eran evidentes desde la lectura patriarcal y tradicional que predominaba entonces. Esa experiencia me abrió una perspectiva más amplia, que se hizo mucho más intensa cuando viví en Nueva York y me tocó cubrir el destino de los papeles que habían quedado bajo el cuidado de Doris Dana, su última compañera sentimental. Ella falleció a fines de 2006 y a partir de entonces los documentos siguieron una travesía hasta llegar a la Biblioteca Nacional de Santiago y al Museo Gabriela Mistral de Vicuña, tras ser donados al Estado chileno. Esa investigación me llevó a conocer manuscritos, cartas y a personas que investigaban a Mistral. Con el tiempo fui acumulando materiales que quería convertir en un libro, aunque todavía no sabía qué forma tomaría.
La trama del libro es interesante: juntaste la realidad con la ficción y jugaste con thriller en el libro… ¿Por qué quisiste realizar ese lazo, ¿cómo se te ocurrió?
Mientras seguía el periplo de los papeles de Mistral desde Estados Unidos a Chile fui tomando notas al margen que no cabían en los reportajes periodísticos. Años después logré sentarme a escribir y la escritura me fue llevando. Visto desde ahora, pienso que los materiales pedían exagerar situaciones, crear una especie de melodrama alrededor del mundo académico y explorar las pasiones, rivalidades y obsesiones que despierta un archivo literario. En un punto, se me metió entre ceja y ceja hacer pasar lo real por ficción y la ficción por realidad, y explorar cómo los archivos involucran afectos, emociones y, de alguna manera, están vivos. Por ese tiempo había leído Los papeles de Aspern, de Henry James, y esa novela me inspiró mucho. Apareció entonces también un cierto aire de thriller: las disputas y el misterio, el estar dispuesto a cualquier cosa con tal de poseer los documentos, de dar a conocer secretos.
¿Cómo fue el proceso investigativo y de documentación en Oye Gabriela?
Primero investigué alrededor de dos años en mi trabajo en torno al legado mistraliano. Viajé, entrevisté personas, revisé manuscritos, cartas y documentos, y fui reuniendo muchas notas que más tarde se transformaron en ficción. Después continué investigando mientras escribía la novela, aunque ya desde la creación literaria. La lectura de cartas, manuscritos y fotografías siguió inspirando la escritura. Hacia el final del proceso realicé una residencia de creación en el Museo Gabriela Mistral de Vicuña, lo que aportó mucho al libro. Allí impartí un taller de escritura a estudiantes de enseñanza media y esa experiencia me acercó a la comunidad y al territorio donde creció Gabriela. Recorrer el valle de Elqui, compartir con sus habitantes y escuchar sus historias fue el empujón que necesitaba para escribir los pasajes que ocurren en tierras mistralianas.
¿Cuál es el mensaje que quisiste dejar con esta novela más allá de una mujer educadora como lo fue Gabriela Mistral
Más que entregar un mensaje, me interesaba invitar a mirar a Gabriela Mistral desde un lugar distinto. Mostrarla como una mujer compleja, política, libre y humana que abrió caminos a las mujeres en la educación, la política y la literatura. También quise reflexionar sobre lo que ocurre con los archivos cuando se transforman en espacios de poder, deseo y disputa.
¿Cómo se fueron creando los personajes?
Muchos nacieron inspirados en personas que conocí durante la investigación, pero ninguno corresponde exactamente a alguien real. Me interesó trabajar con la caricatura, el humor y la exageración. La realidad fue el punto de partida; después la imaginación hizo el resto. Por eso los personajes son y no son las personas que algunos creen reconocer.
Para ti, ¿cuál es el concepto de las bibliotecas que desarrollas en la novela?
“La biblioteca es la más democrática de las instituciones, porque nadie en absoluto puede decirnos qué leer, cuándo y cómo”, señaló Doris Lessing en su discurso de aceptación del Premio Nobel. En la novela la cito, pues todo cobra sentido al quedar la protagonista encerrada en la biblioteca y confabular desde allá para escribir una ponencia sobre Mistral sin escatimar en nada: si tiene que mentir, miente; si debe inventar cómo comunicarse con el más allá, lo hace; además tiene los documentos a su alcance. Más allá de la ficción, las bibliotecas son lugares fundamentales para la formación de las personas y para el acceso a la cultura. Lo que más me gusta de ellas: son gratuitas y, como dice Lessing, democráticas.
¿Cómo fue trabajar en esta segunda edición por Cuarto Propio?
Fue emocionante volver a encontrarme con el libro después de cinco años. Revisamos cuidadosamente el texto, pero los principales cambios estuvieron en el diseño, la portada y las fotografías que acompañan esta edición, tomadas por Alexis Díaz Belmar y Álvaro Hoppe. Intentamos poner en escena lo que ocurre en la novela. Hoy existe un renovado interés por Gabriela Mistral y siento que la novela dialoga de otra manera con los lectores. Me alegra que haya encontrado una nueva vida en Editorial Cuarto Propio.
¿Dónde podemos encontrar el libro?
En Metales Pesados, Espacio Público de Libros, La Flor de Papel, Qué Leo, Catalonia, Lolita, Antártica, Buscalibre y en la página web de Editorial Cuarto Propio.
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Foto Elisa Clark: Álvaro Hoppe