La fantasía como terapia: Una reseña de «La añoranza feérica» de Paula Rivera Donoso
Por Jorge Silva Rodighiero (1)
La obra de la escritora de fantasía Paula Rivera Donoso contempla cuentos, una novela, ensayos y artículos. Lo que une estos textos no es sólo su amor por la fantasía, sino una determinada comprensión de ella. Frente a un mundo lleno de dolor, en el que tantos niños quedan rotos por la vida misma, Rivera Donoso observa que la fantasía puede servir «como terapia, sí, si se quiere, pero ante todo como un arte exploratorio que sane de formas poco normativas o esperables estas heridas» (p.195)
Ya seamos autistas como ella o no, «vivimos todos en el mismo mundo menguante» (p.174), y el llamado que atraviesa estos ensayos es que, a través de la fantasía, podemos transformarlo e incluso restaurarlo.
Sus cuentos (publicados en El idioma de los dragones, El musgo en las ruinas, Antaño, entre otros) y su novela (La niña que salió en busca del mar) lo muestran de maravillosa manera, pero en este libro, sobre todo en su última parte, nos encontramos más con un manifiesto que explica su razón de escribir y una arenga para que todos busquemos y ejerzamos «el poder generativo y redentor de la imaginación». (p.165)
Si al igual que los personajes de fantasía nos es posible encontrar un “mundo imaginario que refleja su propia alma y en el que, tras visitar regiones que la ayudarán a recomponer su entendimiento y relación con la realidad, podrá al fin reconectar con ella” (p.170), es el rol del fantasista el crear tales mundos «desde la vía del arte, de la palabra». (p.167)
Cabe preguntarse por qué esta función terapéutica se relaciona de forma más estrecha con la fantasía que con géneros capaces también de crear otros mundos. Paula Rivera Donoso lo dice de forma precisa y preciosa. La fantasía nos aleja temporalmente «de limitaciones más relacionadas con nuestra ontología humana (…) de nuestra imposibilidad de conversar con los árboles (…) de las limitaciones que suponen tener un cuerpo finito y frágil (…) de la ausencia de dragones y hadas en los recodos del mundo». (p.180)
Así, los obstáculos para una restauración, propios de la condición humana pueden, pueden vencerse y permitir una curación través de la fantasía «escrita con letras de oro; sus voces son las cicatrices con relieve de nuestros espíritus». (p.193)
La autora remite con el oro al kintsugi, arte tradicional japonés de restaurar lo quebrado mediante una resina mezclada con ese metal. Los significantes dorados no harán desaparecer las heridas que cubren nuestro cuerpo y alma, sino que volverán la obra que es nuestra vida más bella y entera al cubrirlas de esta forma áurea.
Si la fantasía puede ser terapia es justamente porque, al igual que ocurre en una psicoterapia tradicional, las palabras y «las historias puedan reparar lo que la vida ha roto sin remedio». (p.182)
(1) Jorge Silva Rodighiero (Santiago, 1984). Psicólogo clínico y escritor. Ha publicado las novelas Sacrificio (2016), Haven: La agonía de la luz (2022), y los libros de no ficción La gente sí cambia (2014) y Ser valiente (2025).
Sobre la autora:
Paula Rivera Donoso (Viña del Mar, 1987). Escritora chilena de fantasía. Candidata a Doctora en Literatura por la Universidad de Chile. Ha publicado la novela La niña que salió en busca del mar (2013 / 2026), las compilaciones de cuentos El musgo en las ruinas (2018), El idioma de los dragones (2023) y Antaño (2023), y los libros de no ficción Érase una vez siete estrellas: Super Mario RPG (2023) y La añoranza feérica: ensayos sobre literatura de fantasía (2024).