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Inicio/Colaboraciones/Michelle Parra: «Diana es una especie de lugar de nacimiento»
Colaboraciones

Michelle Parra: «Diana es una especie de lugar de nacimiento»

Francisca Gaete Trautmann
Por Francisca Gaete Trautmann
Octubre 30, 2026 7 Min de lectura
Lecturas: 72

En esta oportunidad conversamos con Michelle Parra, escritora que lanzó hace poco el poemario El libro de Diana. Michelle nos cuenta sobre su proceso creativo y también sobre cómo fue su trabajo con la editorial Gato Luciérnaga. Te invitamos a leer la entrevista.

Cuéntanos de ti y cómo fue el proceso de creación de El libro de Diana.

Bueno, yo escribo y pinto de manera autodidacta, soy profesora y traductora de profesión, también mamá, y mi relación con la escritura ha estado siempre atravesada por todo eso: escribo, pinto, trabajo en distintos proyectos que muchas veces se van cruzando entre sí. No suelo partir de un proyecto completamente definido; muchas veces aparece una imagen, una palabra, un verso, una conversación, un recuerdo, y desde ahí comienza algo.

El libro de Diana comenzó justamente así. Una noche desperté con un verso en la boca: «en la boca del bosque nace una hembra». No sabía todavía qué era ese verso ni hacia dónde iba, pero escribí el primer poema. Por ese tiempo, un amigo me pasó el libro La Diosa Blanca, de Robert Graves, que me gustó mucho y tenía mucha relación con lo que estaba escribiendo. Y la figura de la diosa, de Diana, empezó a resonar de otra manera. Diana, además, es mi segundo nombre y durante mucho tiempo este amigo me llamaba así. Entonces comenzaron a juntarse cosas que aparentemente venían de lugares distintos: el nombre, el bosque, la diosa, el cuerpo, la escritura. De a poco fueron apareciendo más poemas y empecé a reconocer que tenían una misma atmósfera, una misma voz. Todas estas capas se fueron hilvanando hasta que de pronto reuní varios poemas con un mismo tono, dándole forma a este viaje por el bosque a través de esta voz.

Fue un proceso lento, profundo y también muy compartido. No solamente por las personas que fueron leyendo el manuscrito en el camino, sino porque publicar un libro implica muchas decisiones: con quién hacerlo, cómo editarlo, cómo ordenar los poemas, qué objeto quiero que sea. Diana fue encontrando su forma mientras yo también iba encontrando qué quería hacer con ella.

Este es tu primer poemario, ¿qué sentiste al hacerlo? ¿Cómo fue?

En realidad, tengo varios manuscritos y siempre trabajo de forma paralela en distintos proyectos. Mi proceso creativo podría parecer caótico y lo es, pero también diría que es rizomático. Me gusta ese concepto.

Este proyecto en particular es el primero en publicarse porque coincidieron el trabajo editorial, el momento oportuno y la posibilidad. En ese sentido, la labor de mi editor y de la editorial fue fundamental. ¡Hubo muchas bellas y profundas conversaciones, que podrían ser un libro en sí mismo! Decidir qué proyecto saliera a la luz primero y cómo hacerlo fue parte importante del proceso y, por supuesto, sentí muchas emociones, desde la inseguridad inicial hasta el éxtasis máximo cuando Rena, mi editor, me mostró la prueba del primer ejemplar.

¿Qué simboliza para ti este libro? ¿Qué fue lo que más te gustó al escribirlo?

De alguna manera, es encontrar la voz que da origen a todas mis voces; un lugar desde donde comenzar el viaje y salir al escenario poético. Más bien, desde donde comenzar a mostrar el viaje de hacer pública la escritura.

Desde que se empieza a escribir hasta que se edita y publica un poemario hay infinidad de decisiones. Lo que más disfruto es el proceso mismo: encontrar la voz y la arquitectura del libro, entrar en esa biosfera creativa donde te desvaneces un poco para que aparezcan la creadora y la creación misma. Es muy similar a lo que me pasa con pintar.

¿Qué nos puedes contar sobre las ilustraciones?

La portada es una pintura mía y para mí era importante que el libro pudiera conversar con esa otra parte de mi trabajo. Me interesa mucho el diálogo entre lenguajes: palabra y color, forma y silencio, imagen y escritura. Para mí no son mundos separados. También me interesaba el libro como objeto, no solamente como contenedor de poemas: que haya una relación entre lo que se lee, lo que se ve, el papel, el espacio, el silencio de una página.

Hay una ilustración, además, muy bella, que fue una foto sacada por Rena. En un viaje que hizo al norte, se encontró de pronto con estas esculturas de dioses y diosas griegos; ahí estaba Diana y, además, estaba intervenida: tenía su brazo roto y manchas rojas de una protesta feminista. Entonces tenía todo que ver, y Diana seguía mostrándonos el camino. Cuando me mostró la foto fue un «guuuau» a duo intenso, jaja, y un «tiene que ir en el libro».

¿Cuál es el camino poético de Diana a través del poemario?

Diana es una especie de lugar de nacimiento, un lugar de partida. Me interesa pensarla como una voz que elegí para dar origen a otras voces que vendrán en los próximos libros, un lugar desde donde comenzar el viaje, desde donde salir al mundo poéticamente y públicamente hablando.

Pero también me interesaba tomar una figura que ya tiene una historia, una representación y una tradición, e intervenirla, darle una vuelta de tuerca y ver qué ocurre cuando esa figura vuelve a aparecer desde otro cuerpo y desde otra voz.

Hay una dimensión política en ese gesto: cuestionar una figura construida desde una mirada europea y masculina, volver a mirarla desde una voz feminista, latinoamericana y contemporánea.

Y quizás eso es lo más desafiante del proceso: darle cuerpo, coherencia y tono a esa voz mientras escribía. Aquí quiero detenerme para hablar del trabajo de mi profe, Sebastián  Novajas, también poeta y fundador de la revista Montaje. Hice una clínica de poesía con él, y también fue parte de este proyecto, tanto por su impulso como por su trabajo de editor, en este y otros proyectos que estaba trabajando. Sus sugerencias de lectura y el trabajo en torno a la idea de hacer un poemario con una misma voz poética como hilo conductor fueron importantes para el proceso.

Se notan mucho los tintes y conceptos de la naturaleza en El libro de Diana, ¿por qué?

La naturaleza encarnada es un concepto que me interesa mucho y atraviesa bastante mi poética. La voz de Diana no le canta a la naturaleza desde afuera, ni la idealiza; la encarna. No hay una romantización contemplativa, sino un reconocimiento de los elementos a través de la vivencia del propio cuerpo, y de darle a la naturaleza su lugar como cuerpo vivo, no como un conjunto de elementos externos, medibles, utilizables y puestos a nuestro servicio.

¿Cómo fue que Cyara T hiciera tu prólogo?

Fue otro de los regalos hermosos de este libro. Yo no la conocía; mi editor, Rena, le compartió el manuscrito. Sinceramente, casi no leo prólogos (de hecho, tengo un poema titulado así), pero un día Rena me dijo: «Mi amiga Cyara leyó tu manuscrito y… ¡habemus prólogo!».

Cuando lo leí, quedé asombrada y maravillada. Más que un prólogo, es un diálogo o una conversación con el texto. Cyara entendió profundamente la esencia del libro y generó un texto complementario que invita a transitarlo. Y eso me gusta mucho: que el libro no quede completamente explicado, que haya otra mirada que se encuentra con la obra y la acompaña.

Me han dicho que el prólogo es largo y lo sé. Pero también creo que este libro tiene algo de colectivo. Ha sido un proceso compartido y me gusta que haya espacio para probar, para innovar y crear a partir de una creación. Me gusta pensar que se generó un diálogo entre textos.

¿Cómo fue editar bajo la Editorial Gato Luciérnaga? Y ¿dónde podemos encontrar tu libro?

La editorial es esencialmente mi editor, amigo y un gran artesano de libros, y fue parte fundamental para dar el impulso. Siempre admiré su trabajo delicado, respetuoso y amoroso con el objeto libro. Para mí era vital esta propuesta humana, cercana y al margen de parámetros puramente comerciales. Esta forma de trabajar es también una postura política, una manera de ir a contracorriente: que no responda solamente a parámetros de producción, eficiencia o mercado. Por supuesto, queremos que el libro se venda, circule y permita seguir creando, pero las decisiones no pasan solamente por un criterio comercial, sino principalmente por un camino de creación y diálogo.

Cada encuentro con Rena era una conversación profunda, incluso filosófica, sobre el arte, la escritura y el mundo literario; también había trivialidades, copuchas, jaja, confesiones y contingencias, entre cafés, plazas, mi casa, etc. En fin, toda la profundidad y superficialidad que puede contener un vínculo humano significativo. Así también fuimos afianzando este vínculo creativo y de amistad. Rena en este caso no se metió en la edición de los textos como tal, fue muy respetuoso de mi trabajo, sino más bien en el contenido, diagramación, diseño el concepto del libro como un todo.

El amor por los libros de la Editorial Gato Luciérnaga se refleja en cada detalle: en el cosido hecho uno a uno, el diseño, la diagramación, la selección del papel, etc.

El libro se puede encontrar contactándome directamente a mí @michelleparraibacache o a Rena @gatoluciernaga, con envíos sin costo a todas las comunas de Santiago y a regiones, y físicamente en la librería Libros del Parque Almagro @librosparquealmagro, en el puesto 29 (San Diego con Santa Isabel, a un costado de los juegos Diana).

Etiquetas:

El libro de DianaGato LuciérnagaMichelle Parra
Francisca Gaete Trautmann
Por autor

Francisca Gaete Trautmann

(Santiago, 1985) Periodista de la Universidad Gabriela Mistral. Ha trabajado para revistas, televisión y medios online. Ha seguido cursos de escritura creativa. Le encanta escribir, escuchar música. Vive en Santiago.

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Editores: Iván Martínez B., periodista / Carla Salazar L., magister en edición.

Colaboradores frecuentes: Francisca Gaete Trautmann, periodista / Joaquín Escobar, sociólogo y escritor / Ernesto González Barnert, poeta y cineasta / Juan José Jordán, editor.

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