Por un instante

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Por Esteban Cañuta

La noche sobre mí,
no hay nada más que decir,
todo sobre ella ya está dicho.
Las estrellas
distantes,
quietas
miran,
a ninguna le molesta mi presencia.

Entonces una estela radiante.
Brilla.
Parecía venir directamente a mí.
Con el corazón acelerado,
el aire cada vez más duro,
la dicha, el miedo.
Estoy llorando.
Es tan bello.
Tan peligroso.
Tan doloroso de ver.

Estabas tan cerca.

Entonces seguiste tu camino,
continuaste.
En realidad, la dirección nunca cambió.
Siempre estuviste lejos,
avanzando,
abriéndote camino
en la negrura de la noche,
entre las estrellas.

Un cometa en el cielo.

Quiero pedir un deseo,
“Detente”
Sé que a los cometas
hay que pedirles lo imposible.

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