Reseña de «Árboles borrachos» de Fernando Sanhueza Olea

Reseña de «Árboles borrachos» de Fernando Sanhueza Olea

 

Por Oscar «Puky» Gutiérrez,
poeta y gestor cultural boliviano

 

Fernando Sanhueza Olea, es el menor de siete hermanos e hijo de un padre menor de siete hermanos, brujo mayor veterano de la metáfora comienza su ceremonia de vocabularios y uno, chitón, silencio la Poesía está sucediendo.

Árboles borrachos me encanta porque tenís que ser chileno, po para andar nombrando el mundo reinventándolo (por si se muere o acaba) ofreciendo un poemario que es un comestible salvavidas de la memoria una manera invicta de perpetuar a ciertos amigos a cierto paisaje a cierto entrañable espejismo (una niebla vívida) hecha de fuego, cercanías y clorofila.

 

 

Fernando Sanhueza Olea (Santiago de Chile, 1948)

Fue director alumno del periódico en su liceo, donde publica su primer relato y algún poema. A los 20 años inicia su andar de curiosidad literaria, arribando anónimo a La Paz y Lima. Trabajador de la cultura desde los años 70 del siglo pasado. Participó en el taller del poeta Braulio Arenas. Funcionario exonerado de la Biblioteca Central de la Universidad Técnica del Estado. Publica poemas y crónicas en diarios de la época, pasando a integrar la Generación Perdida. Realiza diversos oficios de sobrevivencia por décadas.

Ha publicado una quincena de libros, poemas, relatos, biografías y dos novelas ganadoras del Premio Municipal de Literatura, de la ciudad de San Bernardo, Lima Hora Zero, primer lugar en 2020 y segundo el año 2023 con el libro Nalgas de oro. Es socio del Centro Cultural y Literario Ateneo de San Bernardo y de la Sociedad de Escritores de Chile.  Fue artesano en arpillera y cestería rústica en su Taller Challay en Paine, ubicado en el kilómetro 43 de la Carretera Panamericana Sur hoy Autopista del Maipo. Su original artesanía se puede encontrar en Casa de Piedra, Casas de lo Matta, ferias, encuentros y revistas de decoración.

Entre su primer libro de poemas Huellas poéticas, publicado en Lima en septiembre de 1969 y el segundo, Perro muerto pasaron 52 años.

 

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