Desde joven escribe y todo gracias a sus papás, especialmente cuando estuvo hospitalizada cuando era pequeña. El poemario Pellejo, editado bajo el sello de Vísceras Editorial fue realizado bajo un accidente doméstico, que le causó mucho miedo. Sin embargo, bajo esa experiencia pudo crear este poemario. Quedan invitados a leer esta entrevista a Valentina.
Cuéntanos de ti
Nací en Santiago en 1992. Me crie en Puente Alto lejos del bullicio y el aire sucio de la ciudad. Escribo desde que tengo memoria y comencé a escuchar poesía desde muy pequeña gracias a mis papás que me leían todas las veces que estuve hospitalizada debido a una extraña enfermedad de nacimiento, donde mi única entretención era imaginar. Estudié Periodismo y me dedico al análisis de datos de percepción social.
¿Qué fue lo que te inspiró en crear este poemario?
Pellejo es un libro literal, narra acontecimientos que viví en un momento puntual de mi vida el 2021: se comenzó a incendiar la polera que llevaba puesta encima de mí al darme vuelta para buscar la mantequilla para echarle al pan mientras éste se estaba tostando en la cocina. De alguna forma el pompón de la polera rozó el quemador y se prendió, subiendo rápidamente el fuego.
Afortunadamente mi roomie había vuelto al departamento a buscar algo que se había quedado y, no sé cómo, apagó el fuego evitando que las llamas alcanzaran mi rostro. Como el fuego era por la espalda, me quemé parte el omóplato y el pelo que cubría la espalda, nunca más he vuelto a usarlo largo.
Las palabras, letras de canciones y poemas asociados al fuego —o con palabras como cenizas, llama, fuegoù vinieron a mí mientras estaba sintiendo, oliendo y viendo el fuego. Yo soy muy musical, por eso mientras el acontecimiento estaba en desarrollo, mi mente reproducía: «Un cuerpo inflamable es menos frágil» de «Mundo de Quimeras» – Soda Stereo y, guardando las proporciones del caso, recordé el Caso Quedamos con extractos de la canción que recuerda el hecho: «las hojas ya no son hojas, son llamas que trae el viento» de «Para Seguir viviendo» de Illapu.
En síntesis, el libro llegó como accidente con una inspiración forzada para el desahogo.
¿Cuál fue el mensaje que quisiste dejar al escribir Pellejo?
Quizás en el libro no hay un mensaje explícito dado los simbolismos a pesar de ser bien literal y predecible. Cuando me preguntan siempre digo que evitemos el consumo «Fast Fashion», ya que la polera era importada de estos portales de internet chinos, donde la ropa que llega es altamente inflamable.
Quiero visibilizar ese aspecto ya que, al final, representa la rapidez en la que nos toca vivir, donde culturalmente vemos en lo fácil algo bueno y placentero. ¿Qué más adictivo que llenar el carrito con productos baratos?
¿Qué simboliza Pellejo para ti?
Es mi primer libro así que por un lado es un sueño cumplido, pero por otro es revivir una tragedia que me costó mucho superar. No prendí mi cocina en un año, tenía pesadillas, veía la carne viva porque tuve que tomar fotos el primer mes para ver la evolución de la herida. Así que tengo sensaciones contradictorias y extremas que van desde la felicidad a la re victimización.
¿Cómo fue el proceso creativo del libro?
Nunca pensé que podría ser un proyecto hasta meses después. Comencé a escribir por desvelo en octubre del 2021, donde las palabras llegaban solas. Escribía en mi block de notas del celular y como en marzo del 2022 me di cuenta de todos los poemas que tenía guardados y los pasé en limpio.
Ese año cambié hábitos luego de años con problemas con el alcohol por lo que comencé a ir a la playa fin de semana por medio y fue ahí que el proyecto empezó a tomar forma y cambiar la narrativa trágica por algo más curativo, con clases de surf y cosas «hippies» a las que me abrí que sirvieron de inspiración para nuevos poemas.
La palabra «incendio» se repite fielmente en el poemario, ¿qué significa?
Hay una canción de Rosalía que dice: «el fuego es bonito porque todo lo rompe», la palabra, además de narrar los hechos mencionados, para mí simboliza el cambio de una época: pandemia, penas de amor y problemas con el trago que quedaron atrás luego del accidente.
Hay un verso del libro que dice: «dicen que el fuego es un trauma necesario», el cual escribí cuando me di cuenta de los cambios positivos que estaba experimentando el 2022.
Una pregunta: ¿Cómo ves a los poetas de tu generación?
He leído poco, pero de los que he leído me he sorprendido bastante. Este año leí Caudal de Catalina Ríos y aluciné con la forma de mostrar los hechos, donde la literalidad de las palabras y situaciones simples nos invitan a viajar con ella siendo parte del libro. También destaco a mi compañero de editorial, Victor Hugo Ortega, a quien conocí por su libro Amantes de Cartón, quien también nos plantea imágenes a las que nos podemos unir más allá de ser un simple espectador.
Creo que hay un tremendo desafío hoy para las letras en estos tiempos. Las redes sociales consumen mucho tiempo que podríamos destinar a leer autores nuevos, quizás por eso uno sigue prefiriendo sus lugares comunes y de confort. Llevo como dos años pegada con Idea Vilariño jaja.
¿Cómo fue trabajar y editar con Vísceras Editorial?
Hermoso. Mucho se habla de que es la editorial la que escoge el libro, pero en mi caso yo las elegí desde antes de que el libro fuera siquiera una idea. El 2020, plena pandemia, las chicas organizaron ciclos de lectura y dije: acá publicaría. Esto porque, en primera instancia y la principal, me parecieron increíbles personas, con quienes puedo ser yo misma.
La postulación fue el 2023 y no envié el manuscrito a ninguna otra editorial, solo las quería a ellas para el proceso de mi primer libro. Gabriela Albornoz, autora de Tajo también para Vísceras, fue mi editora. Las reuniones con Gaby fueron muy amenas, con un respeto y admiración mutua, me sentí muy cómoda trabajando con ella.
¿Dónde podemos encontrar tu libro?
Hasta donde yo sé, está en la Librería del GAM, en Inquieta Librería, Librería Imaginaria, Alma Negra Librería y en el sitio web de Vísceras.




