El destacado periodista, editor, docente, como también escritor argentino, Walter Lezcano, junto a la editorial chilena Santiago-Ander, unieron sus fuerzas y realizaron el libro El chico que moría todos los días. Pensar a Kurt Cobain en el siglo XXI. En esta entrevista realizada a Lezcano quisimos conocer en profundidad el vínculo que él y su generación tuvo y sigue teniendo con el vocalista de Nirvana, más allá del fondo de sus canciones, discos, y relación humana.
¿Por qué quisiste escribir este libro sobre Kurt Cobain?
Es un intento más por entender a mi generación (la del 90), a mi clase social (baja) y, también, a mi país en ese punto particular de la historia del siglo XX. Tiene que ver, además, con revisitar a una figura importante de mi etapa formativa, en la que hice, digamos, mi educación sentimental. Considero que pensar la música, y a ciertos músicos, es adentrarse en una suerte de misterio atávico que no se termina de resolver pero siempre regresás, de ese viaje de escritura, con modificaciones adentro tuyo. Me parece una aventura atractiva. Cada libro nuevo es la posibilidad que encuentro de lanzarme a lo que todavía me desvela y no alcanzo a comprender del todo. Escribir me resulta la herramienta que encontré para poder dialogar con otros.
¿Cómo te relacionas con la música de Nirvana y la persona que fue (es) Kurt Cobain?
Fueron dos etapas bien definidas. Una relación intensísima de escucha mientras escribía el libro. Y una segunda etapa, la actual, donde necesité tomar una distancia prudencial. Pero en un sentido general, la música de Nirvana (que es, en definitiva, la música de Cobain) me llena de emoción, de adrenalina y, todo hay que decirlo, de un desconcierto fascinante. No es una música que escuche todos los días, pero su nivel de intensidad, pero hubo épocas de tener a Nirvana en loop en mis oídos porque lo necesitaba para tener el combustible necesario para enfrentar el día.
Para ti, ¿qué significado tiene los discos (y las canciones) de Nirvana que sigue siendo escuchadas en la actualidad?
Considero que Cobain fue el último rockstar creíble del siglo XX, y quizás del rock occidental. Cuando digo «creíble» me refiero a una estrella que vino de clase baja y dio el salto al estrellato gracias a volverse el Zeitgeist de su generación y su época. Eso mismo que estaba buscando lo terminó destruyendo. Lo que llevó a su suicidio. Y este último punto es imposible de correr cuando nos ponemos a pensar en la vida de Cobain y en la música de Nirvana. Creo que hoy se lo escucha, desde la juventud, como una postal honesta de los 90. Si de joven no admirás a alguien que se posiciona en contra del sistema, de grande sos una basura de persona. Quien de chico no pasa por la furia desolada del punk, de adulto es un ser sin empatía, consciencia social ni profundidad psíquica y mucho menos emocional.
¿Qué característica tiene Kurt que te llama la atención a la hora de escribir El Chico que moría todos los días: Pensar a Kurt Cobain en el siglo XXI?
Sus ojos tristísimos, su actitud de desprecio por todo, su odio al sistema tal como lo conocemos, su confrontación contra el machismo del rock, su entrega a la búsqueda de sentido vital en las canciones, su admiración inclaudicable con los ideales punks con los que se formó, sus ganas de hacer funcionar bien su cuerpo, su despedida. A la larga se lo puede ver como un hermoso perdedor. Creo que por eso es posible identificarse con él todavía. Todos somos perdedores en este sistema económico asesino y criminal de concentración de riqueza.
Varia gente tiene un diario de vida, artistas, escritores, músicos y gente común y corriente. ¿Qué opinas de los diarios que llevaba Cobain?
Creo, sinceramente, que fue su mejor obra porque ahí se sentía completamente libre de verdad.
¿Te imaginas a Kurt (si estuviera vivo) teniendo Redes Sociales?
No. Para alguien como él tener redes sociales sería un fracaso absoluto.
Kurt tenía un amigo imaginario, Boddah, ¿qué importancia tuvo en su vida?
Cuando la realidad no te provee de las herramientas necesarias para sobrevivir, te las tenés que inventar. Creo que eso era Boddah: supervivencia en medio el horror que es la existencia.
La manera de expresarse, desde la forma de gritar en las canciones, hasta su arte siempre llamó la atención de muchos. ¿Qué opinas de eso?
Gritar es un arte que no todos saben cultivar. Gritar en una canción es para pocos. Él era uno de esos elegidos para pegar los mejores gritos del rock del siglo XX.
¿Cómo llegaste a Santiago-Ander? Y, ¿dónde podemos encontrar el libro?
Llegué a Santiago-Ander gracias al amor por la música que compartimos con los editores, a quienes admiro por el trabajo que hacen y el catálogo que armaron. El libro se puede conseguir en la página web de la editorial y en todas las librerías del Chile y en cualquier parte del mundo en Buscalibre.




