Aquella noche

Aquella noche

Por Camila Urbina

 

Cuando recuperé la conciencia, noté que seguía corriendo sin dirección, ¿dónde estaba? No había nada más que árboles y más árboles a mi alrededor. Claramente había pasado algo. Hace apenas unos minutos me encontraba con mis amigos disfrutando de los bailes y la comida, o ¿quizás no fueron minutos? Ahora que lo pienso, la luna no estaba tan brillante y las estrellas no parpadeaban tanto, aunque claro, si estoy a tu lado nunca nada se siente más brillante y cautivante que tú y tus bellos ojos… ¡Eso era! Había confesado mis sentimientos y luego corrí antes de escuchar tu respuesta, pero no era mi intención, no planeaba decirte entonces, ni nunca realmente, siempre hablo de lo mucho que valoro nuestra amistad y es cierto, pero la música, el brillo, tú, todo me hacía sentir una euforia como nunca antes, las palabras salieron de mi boca antes de que mi cerebro pudiera procesar todo lo que ocurría, por supuesto que te ibas a sorprender, ¿me pregunto si en algún momento te diste cuenta?, ¿pensaste en mí de esa forma? No debí correr, ahora no tengo idea dónde estoy ni cómo regresar y peor aún, te abandoné sin antes escuchar tu respuesta, vaya preocupación por la amistad.

Como claramente no recuerdo por donde vine, regresar será difícil, aunque eso me dará tiempo de pensar en lo que diré cuando nos encontremos, no puedo decir que fue una broma, en realidad, crear cualquier excusa para tratar mi confesión como una mentira sería una estupidez, decir la verdad siempre es lo mejor, ¿no? Realmente no era mi intención que te enteraras, ni menos de esta forma, pero no espero nada de lo que dije, nuestra amistad es más que suficiente, hemos compartido maravillosos momentos y … ¿Ya llegué? Creo que sobreestimé mis capacidades atléticas, no podía haber llegado tan lejos. Ahora que había vuelto a la junta, la realidad me golpeó una vez más, no podía simplemente volver, me senté en un tronco que se encontraba un poco alejado del lugar donde se encontraban todos, tratando de darme el ánimo para volver a disculparme por lo que ocurrió, pero antes de que pudiera hacerlo, apareciste tú. Siempre me encuentras. Siempre logras calmar mis ansiedades. Tú. Tu voz, tu sonrisa. Cualquier idea que pude tener sobre negar mis sentimientos, sobre pedirte que lo olvides, todo desapareció. Eres y siempre serás tú, una luz que, en vez de cegarme, me ilumina la mente, el camino y las decisiones. Era claro lo que quería hacer, ¿tendrás la misma idea?

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