La novela Los hombres de la Rubia de Kennedy se presentará este viernes 27 de mayo, a las 17.00 horas, en La Furia del Libro. «Ella está viva (no en el sentido “normal”) porque todos piensan en ella», anticipa el autor.
En un Santiago distópico de fines de los ’70, el detective Ulises Garbelotti investiga un misterioso suicidio en el Parque Forestal. El caso se conecta con una presencia espectral que cruza los recovecos de la ciudad: Becca Linfante, la «Rubia de Kennedy», una mujer de indescriptible belleza cuya muerte, en un accidente de tránsito, ha dado origen a un sombrío mito urbano. Junto a su joven compañero Nicholas Varella, el oscuro Garbelotti se sumergirá en una ciudad habitada por personajes insomnes que son atraídos por la presencia ineludible de la rubia y donde la muerte no significa necesariamente el final.
Esta es parte de la trama de Los hombres de la Rubia de Kennedy, la nueva novela del escritor chileno Ignacio Fritz, que será lanzada por editorial Emergencia Narrativa en la próxima edición de La Furia del Libro. La actividad se realizará el viernes 27 de mayo, a las 17.00 horas, en la sala Acario Cotapos de la Estación Mapocho, y contará con la participación del escritor José Luis Flores y la editora Marcela Küpfer.
La novela es la segunda entrega protagonizada por el detective Ulises Garbelotti, quien investiga una serie de sucesos relacionados con la aparición de una enigmática mujer cuya muerte se convirtió en un conocido mito urbano. Con elementos propios de la novela negra y el thriller paranormal, Fritz construye un relato hipnótico y visceral, «torrencial, excesivo, donde hay lenguaje culto y callejero y cabida a la hipérbole, a la caricatura tipo cómic con cine de trasnoche. En resumidas cuentas, lo mío quiero que sea único e irrepetible», afirma el autor de libros como «Eskizoides», «Providencia zombi» y «Mausoleos en el desierto».
¿Por qué te inspiró el mito de la Rubia de Kennedy para esta novela?
Era una leyenda que me obsesionó en mi infancia, allá por el año 1985. Creo que me enteré a través de la televisión, tal vez Sábado Gigante, de la cual mi abuelita era fanática, como toda buena dueña de casa. Me intrigó durante mucho tiempo, de hecho, me llamaba la atención todo lo relativo a fantasmas y desde chico estuve interesado por lo paranormal, incluso me detenía en los obituarios del diario y los leía. Aparte, hubo una película en 1995, con la malograda Carolina Fadic. Es un mito urbano que ha estado sepultado y que resurge de vez en vez, como hace unos años con el programa La Hermandad. Gracias a los investigadores paranormales chilenos esta historia ha cobrado vigencia porque es muy, pero muy extraña… Y cautivante. Se ha dicho que fue un experimento comunicacional de una universidad, y que todo es falso… Quién sabe… Psicosis colectiva. Lo cierto es que en una ocasión la vieron dos veces, en una cuadra y otras más adelante.
¿Cómo describirías el Santiago en que se ambienta esta historia?
Es un Santiago distópico (o representación de una sociedad imaginaria), algo ucrónico, donde Salvador Allende Gossens sigue en el poder y hay zepelines en el cielo. El ambiente, el espacio es muy acotado, donde Las Condes y Vitacura tienen un aroma de inocencia y que todos se conocen, y que no bajan a Plaza Italia. Fue interesante escribir con los «análogos» (como digo yo), cambiando de rótulo a ciertos detalles, las pequeñas diferencias, como diría Vincent Vega en Pulp fiction. La idea de presentar esas comunas con un local de música y mencionar lo que había en esa época, tan analógica, precaria y a la vez tan cercana, con Pancho Puelma y Los Socios. Una época donde había casets y todo era más humano, dentro de lo posible, con un hálito de sociabilidad para nada digital.
En Los hombres de la Rubia de Kennedy hay un cruce de géneros, entre la novela negra y el thriller paranormal, entre otros aportes. ¿Qué elementos rescatas de cada uno en tu obra y cómo se relacionan en la novela, desde el punto de vista de la trama y del estilo?
Me interesan todos los géneros, como el policial, el noir y el thriller, porque generan la sensación de un despegue, estampido inicial, que se va formando con cada párrafo y la acción da instancia a que se plantee una historia divertida y que no aburra al lector. En mi caso, privilegio más la atmósfera que la acción, por un tema de que no me gusta replicar lo que está de moda, o lo que supuestamente tendrá éxito comercial. Estos géneros me interesan porque es lo que más leo y ciertamente mi prosa está siempre en función de la historia, como que me encanta engolosinarme con el lenguaje, ya que mi memoria la hace el lenguaje, no lo contrario. Para mí el policial es fundamental como una «búsqueda» y el noir también en cuanto a mostrar lo sórdido y maléfico y lo mismo con el thriller, aunque en mí todo esto tiene una libertad sui géneris y muy personal. Moldeo los géneros a mi pinta. Los hago «fritzeanos».
Más allá de la trama, en tu novela hay reflexiones sobre la vida y la muerte, el deseo, el mal, la fe, etc. Es decir, una dimensión que podríamos llamar filosófica y existencial. ¿Qué importancia tienen estos elementos en tu obra literaria?
En los últimos diez años he estado desarrollando un estilo más filosófico y atmosférico y barroco. He realizado ciertas concesiones al establecer ideas metafísicas, sobre el bien y el mal y el libre albedrío y aunque no soy Albert Camus ni Heidegger, tiendo instalar el mosaico para que las figuras entreguen su aporte, que también puede ser nada. Cero. El nihilismo de Garbelotti se desintegra con el ímpetu propio de la juventud y no sé qué podría pasarle a Garbelotti para que deje su actitud malsana de que todo vale un pimiento. Tal vez tratar el quid de su malestar vital. El qué le sucedió.
En la novela aparece el concepto de «egregor», ¿cómo se relaciona con los hombres que rodean a este personaje espectral de la rubia?
El «egregor» es una fuerza psíquica colectiva que con los hombres expuestos aquí alimentan la imagen y la personificación de la Rubia de Kennedy. En realidad, ella está viva (no en el sentido «normal») porque todos piensan en ella. Una femme fatale que nace a través de los hombres que la piensan. Imagino lo que sucedía con Howard Hughes y su casco que lo aislaba de la fuerza del pensamiento de los demás, que en cierta forma nutre la idea de fondo del fantasma.
¿Quién es Ulises Garbelotti?
Ulises Garbelotti es un detective privado de la PDI que apareció por primera vez en un cuento sobre licantropía publicado en mi libro El festín de los engendros, de 2016, titulado La luna bajo sospecha. El texto apareció también en la revista Luvina de México, ese mismo año. Creo que la idea de ese personaje surgió en 2014. El arquetipo es old fashion, de la vieja escuela, machista y rancio pero con cierto sentimentalismo que lo tiene encasillado en una decepción total que él logra sobrellevar con el whisky y mucha soledad, aunque estuvo casado. Es un lobo de mar, mañoso y llevado a sus ideas. Tal vez no sea un detective perfecto (se supone, hasta ahora, que es humano), pero este protagonista tiene ese aire de quien ya no cree en nada, dando pie al nihil est o «no hay nada».
¿Cómo describes tu estilo literario? ¿Rupturista, experimental, barroco? Sin duda, hay una búsqueda por alejarse de la narrativa convencional.
En efecto, creo que puedo ser esos tres. Me gusta lo torrencial, lo excesivo, donde hay lenguaje culto y callejero y cabida a la hipérbole, a la caricatura tipo cómic, con el cine de trasnoche. En resumidas cuentas, lo mío quiero que sea único e irrepetible. La otra vez estaba leyendo a unos autores españoles como Camilo José Cela y José Luis Sampedro y me sentí identificado. Me encantaría tener ese estilo narrativo. Puede sonar más complejo y que ahora se privilegia lo digerible, pero ese tipo de narrativa tuvo mucho éxito en su momento. Los españoles por suerte no han sucumbido al facilismo literario.
Los hombres de la Rubia de Kennedy es la segunda entrega de una saga protagonizada por Garbelotti, ¿qué le espera en el futuro a este detective?
Hay otro detective mucho más antiguo que Garbelotti, llamada Delfina Edith, que aparece en mi novela La indiferencia de Dios, de 2016. Incluso hay un carabinero llamado Sartoris Rausch. Creo que quedaré feliz escribiendo otras novelas cortas en las que pueda moldear el lenguaje y estableciendo un cosmos llamado Antimundo, en los que dé rienda suelta a lo deschavetado y freak. El realismo suele aburrir, para eso está el diario y las noticias, y en lo personal la literatura me interesa en la medida de que no me recuerde la lata del presente, y eso que no quiero decir que lo mío es «literatura de evasión» con algo de «filosofía de cantina».
Sobre el autor
Ignacio Fritz (Santiago, 1979), inclasificable y arriesgado autor, se declara fanático de los subgéneros malmirados de la literatura y el cine, como la ciencia ficción, el terror y sus derivados. Sus primeros relatos los publicó en la desaparecida «Zona de Contacto» del El Mercurio. Escribió una mítica columna de opinión en The Clinic, llamada «Nihilista al Acecho». Ha publicado los libros Eskizoides (2002, 2019), Terrorismo marxista (2023), Providencia zombi: El misterio eterno (2023) y Mausoleos en el desierto (2024). Los hombres de la Rubia de Kennedy es la segunda entrega de una trilogía de novelas breves sobre el detective Ulises Garbelotti.




