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Soledad Lagos: «Pienso que toda lectura se asemeja a un viaje»

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Cuéntanos de ti y sobre este libro.

—Mi nombre es Soledad Lagos, soy dramaturgista, investigadora y crítica teatral, presidenta del directorio del Centro Cultural de Matucana 100. Traductora inglés-alemán por la Pontificia Universidad Católica de Chile, magister artium (M.A.) y doctora en Filosofía y Letras (Dr. Phil.) por la Universidad de Augsburgo, Alemania. Traduje del alemán al español el libro El Niño Lagartija del escritor Vincenzo Todisco. La historia está ambientada en el siglo XX, en las décadas del 60 y 70, época de mayor auge de la productividad económica y en ella se entrelazan sucesos de la niñez con la nostalgia que sienten los trabajadores migrantes del sur de Europa, en un territorio desconocido para ellos.

La razón por la cual traduje a nuestra lengua ese libro fue porque la temática me parece muy actual, en primer lugar. En segundo lugar, sentí la imperiosa urgencia de traducir ese contenido; entre otras cosas, por la perspectiva que su autor escogió (la mirada de un niño que, por ley, debe volverse invisible en el país al que llega y donde no se le permite estar) y por la profundidad, sensibilidad y maestría de la escritura en sí, que trenza un contenido complejo con una capacidad de observación notable, pero que no descuida el empleo del humor.

—¿Fue complejo el proceso de traducción?

—Como traduzco desde que me titulé de Traductora Inglés-Alemán de la Pontificia Universidad Católica de Chile, hace ya muchas décadas y siendo muy joven en ese momento, cada proceso de traducción lo abordo con gran placer, además de con mucho rigor y compromiso. Primero, efectúo un análisis muy centrado en la sonoridad del original; luego, me enfrento al trabajo propiamente tal, intentando que la sonoridad del original se vea reflejada (tendría que decir «se escuche») en la sonoridad del nuevo texto. En este caso, el original formaba parte de una textura sonora híbrida, lo cual me fue llevando por derroteros bastante desafiantes, para terminar, tomando las decisiones que tomé, respecto de las equivalencias adecuadas.

¿Cómo llegó a tus manos este libro?

En los «agradecimientos», al comienzo del libro, narro en detalle el camino que hubo que recorrer, para que el libro original llegase a mis manos. Todo empezó, cuando escuché un programa de una radioemisora suiza, lo cual quizás ayude a entender mi propensión a poner la sonoridad al centro de todo, al enfrentarme a cualquier tipo de texto.

—¿Qué fue lo que más te conmovió del libro?

—Pienso que toda lectura se asemeja a un viaje. En este caso, el protagonista atraviesa las diversas etapas de un viaje, que se podría tildar de iniciático y quienes leemos el libro, viajamos también, junto a él; es decir, acompañamos ese recorrido vital,

Me conmovió la capacidad del autor para narrar incluso detalles que podrían parecer insignificantes para cualquier persona que no conozca un contexto diferente al de su propio territorio, pero que son centrales, para entender cómo se construyen las identidades individuales y colectivas, muchas veces sobre la base de prejuicios y estereotipos transmitidos de generación en generación, pero también gracias a la posibilidad de traer al presente recuerdos, vivencias y memorias, que son muy sensoriales. La evocación sensorial permite la re-significación de un material que se vuelve universal, a pesar de que esté situado en un eje local o geográfico reconocible.

—¿Quién es el «Niño Lagartija»?, ¿Cuáles son sus características?

—El «Niño Lagartija» es el único hijo de una pareja de trabajadores italianos. El padre llega a Suiza, a desempeñarse como obrero de la construcción.  En los años en los que la novela se centra, esos trabajadores tenían autorización legal para permanecer nueve meses seguidos en el país y debían volver después de esos nueve meses a su país de origen. Gran parte de esos trabajadores provenían del sur de Europa: de Italia, España o Portugal. No podían llevar a sus familias a Suiza. Esa ley estuvo vigente desde 1931 hasta el año 2002. En el caso del Niño Nagartija, su madre lo deja, siendo él aún pequeño, al cuidado de la abuela materna, cuando ella decide visitar al padre del niño a Suiza. El jefe de la empresa donde trabaja el padre del Niño Lagartija le consigue un trabajo a la madre de ese niño, por lo cual ella decide ir a buscar a su hijo a Italia y lo lleva a Suiza, escondido en un tren. Desde ese momento en adelante, el Niño Lagartija debe aprender a volverse invisible, a no hacer ruido, además de a aceptar  que no puede asistir al colegio ni vivir una infancia como la de cualquier otro niño.

—¿Cuéntanos sobre la portada y de cómo fue trabajar con Palabra Editorial?

—La portada es un hermoso grabado de la artista Rosana Lagos, una de mis hermanas. Apenas lo vi, ese grabado me transmitió la sensación de que no sólo simbolizaba los pasos que el Niño Lagartija debe aprender a contar, para saber cómo y dónde esconderse, en su propio departamento, cada vez que suena el timbre, de modo que nadie sepa que está ahí, sino que, además, esa obra de arte constituía la metáfora perfecta para el camino que ese niño emprende, una vez que decide salir a explorar el mundo exterior.

El trabajo con Palabra Editorial ha tenido muchas etapas. Yo misma negocié con la editorial suiza que publicó la novela en alemán, también negocié por correo electrónico con el autor (no conozco en persona a quien ha sido mi eficiente y muy amable interlocutora en la editorial suiza, ni tampoco al autor de la novela, pues toda la comunicación con ellos se ha concretado por correo electrónico) y, en paralelo, busqué una editorial para el libro, acá en Chile. Tenía varias opciones, pero me dejé guiar por la sensación de urgencia; es decir, por el hecho de no tener que esperar un año completo, para que un determinado comité editorial decidiera si valía la pena o no publicar ese material, que sentía que era muy valioso y debía conocerse lo antes posible, en nuestra lengua. En términos generales, pienso que Eugenia Prado, quien dirige Palabra Editorial en Santiago de Chile, es una diagramadora muy competente. Lamenté mucho que no asistiera al lanzamiento del libro, el 4 de septiembre de 2025, en el Auditorio del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Espero que, en el ámbito de la difusión, Eugenia despliegue su indudable compromiso editorial y la novela encuentre a sus lectoras y lectores.

—La familia es un tema poderoso, ¿por qué pasa?, ¿Qué piensas tú?

—Se define a la familia como la piedra angular de cualquier sociedad. Podemos debatir mucho acerca de qué tipos de familia son los que cada sociedad define como los tipos aceptados por esa sociedad u óptimos, para el funcionamiento de la misma, desde un punto de vista del sistema legal vigente en cada una de esas sociedades. Espero que, al leer esta novela, se reflexione en forma seria acerca de las «barreras de entrada» que ciertas reglamentaciones legales fijan, en determinados contextos sociopolítico-económico-culturales, para que ciertas familias sean aceptadas como equivalentes a otras, a todas las demás, en cuanto a derechos y obligaciones.

—¿Cómo se toca el tema de la niñez en este libro?

—Se aborda la perspectiva de un niño, con su propia comprensión de todo lo que lo rodea y ese ejercicio, bastante difícil para cualquier autor(a) adulto o adulta, es uno que Vincenzo Todisco aborda con gran sensibilidad y empatía.

—¿Dónde podemos encontrar el libro?

—El libro, que tiene un valor de $15.000 (quince mil pesos chilenos), se encuentra disponible en la página web de Palabra Editorial y, en breve, según me informó Eugenia Prado, podrá adquirirse en algunas librerías de Santiago. Además, como, por contrato, quedó en mi poder un considerable número de ejemplares, las personas interesadas en leerlo también me pueden escribir en forma directa al correo electrónico.

Francisca Gaete Trautmann
Francisca Gaete Trautmann
(Santiago, 1985) Periodista de la Universidad Gabriela Mistral. Ha trabajado para revistas, televisión y medios online. Ha seguido cursos de escritura creativa. Le encanta escribir, escuchar música. Vive en Santiago.

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