Viaje sin retorno
Por Merari Mora
El auto avanzaba lento
mientras la noche caía sobre el lago
y las luces temblaban sobre el agua quieta.
Él estaba conmigo,
tan cerca,
y aun así parecía lejos.
El parque quedó atrás lentamente,
los árboles moviéndose con el viento
y el ruido del motor llenando
todo lo que ninguno decía.
Yo miraba el paisaje
solo para no mirarlo a él.
Las ventanas empañadas,
las manos quietas,
la carretera extendiéndose
bajo las luces apagadas de la noche.
Cuando todo terminó
la calle quedó vacía frente a mí
y el silencio se mezcló con el frío.
A lo lejos aparecían sombras
que por un segundo se parecían a él,
pero nunca lo eran.
Me di vuelta y seguí caminando,
aunque a cada paso miraba hacia atrás
pensando que quizás esta vez sí.
Pero no.
Esperé unos minutos más
mientras el frío recorría mi piel
y la noche seguiría igual sin el.
Y entendí que a veces uno se queda esperando un gesto,una mirada,
algo pequeño que arregle el silencio, aunque en el fondo sepa que no va a pasar.
(Crédito imagen: Génesis Vergara)