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Antonio Díaz Oliva: «La contracultura a veces tiene más impacto por la onda que transmite; no por lo musical»

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Se supone que hay una revolución es la continuación de Piedra Roja el mito de Woodstock Chileno escrito hace más de una década. ¿De qué se trata este nuevo libro? Es sobre la contracultura chilena durante la década de los 70. A Antonio le llamó la atención que las personas en esa época trataban a los hippies como «unos loquillos», pero estos loquillos buscaban desligarse de lo acostumbrado. Te invitamos a leer esta interesante entrevista.

—Cuéntanos sobre la idea de escribir la «continuación» de tu libro Piedra Roja el mito de Woodstock Chileno.

—Tal como dices, este es un libro que continúa a otro libro. Bueno, Se supone que hay una revolución surgió de otro libro: Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno, que publiqué el 2010. Al final de ese libro puse un email por si había gente que quería compartir sus experiencias sobre el festival y el hippismo en Chile. A lo largo de los años me llegaron varios, así como personas que leían el libro me mandaban emails, a veces largos. Eventualmente, cuando la tercera tirada del libro de acabó (ahora va por la quinta) quise hacer una edición nueva y mejorada. Pero a medida que lo revisaba lo fui rescribiendo y salió este otro libro, que es sobre la contracultura en Chile durante los años setenta. Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno es mi libro sobre el hipismo durante la UP. Y Se supone que hay una revolución es mi libro sobre la contracultura durante la UP. Son como libros-primos.

—¿Qué te llamó la atención de escribir este libro?

—Me llama la atención que la gente mira en menos este periodo, ya que creen que solo eran hippies dando vueltas. Unos loquitos. Pero creo que entre 1970 y 1973 estaban pasando cosas culturalmente muy interesantes. Era un periodo intenso, claro. Ahora puede que pensemos en la UP como en algo en blanco y negro, pero la realidad era a colores. Y no todos los colores eran el rojo de la izquierda estilo MIR o el negro de la derecha al estilo Patria y Libertad.

Lo otro que me llamó la atención fue buscar lo que Allende, Fidel Castro y Pinochet decían de la juventud y de los hippies y el rock. Pues bien: Allende quería, en el fondo, que los jóvenes no se drogaran y que participaran en el proyecto país, Fidel Castro atacó a los jóvenes roqueros y a esos que se desviaran del prototipo del «nuevo hombre», y Pinochet quería desaparecer a cualquiera que fuera una amenaza para la dictadura…. Busqué en los discursos de esos tres y encontré frases que los lectores pueden encontrar en el libro.

—¿Qué significa para ti «Piedra Roja»?

—A mí el evento en sí, el festival, me da risa. O sea, nunca fue Woodstock, sino un evento para juntar dinero para un viaje de curso. Personalmente, el tema no me toca, pero como escritor, y como alguien que le interesa escribir sobre procesos sociales y culturales, me interesa el periodo en que Piedra Roja sucedió: los años de la UP.

—¿Por qué quisiste escribir sobre la contracultura chilena?

—Porque se ha escrito poco sobre esta. Porque los setenta fueron más que la cultura de la Unidad Popular y la cultura de la derecha. Había cine, rock, drogas, ciencia ficción, arte, etc. Había varias corrientes socioculturales avanzando…. Hasta que el golpe de estado corta muchas de esas. Por eso el título, en parte, Se supone que hay una revolución. Se supone. ¿Qué fue de esas revoluciones culturales de los setenta?

—Según tu punto de vista, ¿qué buscaban los jóvenes en Piedra Roja?

—Buscaban desligarse de lo tradicional, algo que en ese entonces era así: buscar un trabajo, armar una familia y apoyar al país. En ese tanto la izquierda como derecha estaban de acuerdo. Puede que las formas fueran diferentes, pero su visión de la sociedad era tradicional. Y bueno, en otras palabras: los jóvenes buscaban, tal como decía esa película de esa era, buscar su destino. Porque antes el destino era algo que la sociedad te lo daba resuelto (buscar un trabajo, armar una familia y apoyar al país) y luego de los sesenta comenzó toda una onda más existencialista. Una onda que no siempre terminó del todo bien, claro.

—Hay dos referentes: Papelucho y mi hermano hippie, de Marcela Paz y Palomita Blanca, Raúl Ruiz. ¿En qué influenciaron para esa época?

—Esos referentes son los culpables de haber mitificado Piedra Roja y los hippies. Los mitos solo son mitos si alguien los pone por escrito primero. Y en ese proceso de escribirlo, los exagera o los vuelve tal vez más relevantes de lo que realmente fueron.

—¿Cómo se une la política que se estaba viviendo en ese tiempo con el festival?

—En 1970 estaba todo comenzando. O sea, Allende estaba recién en la Moneda, mientras estos hippies se drogaban y tocaban música. Por eso quería entrevistar a Ariel Dorfman, el escritor, quien era parte de la UP. Dorfman dice cosas interesantes en el libro, una suerte de mea culpa, ya que la izquierda oficialista no sabía cómo decodificar lo que estaba sucediendo con estos jóvenes que no se involucraban con el proyecto del compañero Allende. Y luego, cuando llega el golpe de estado, a la derecha no le importaba si eran comunistas o seguidores de Jimi Hendrix: los mataba y torturaba de la misma manera.

—¿Qué mensaje quieres dejar con «Se supone que hay revolución»?

—No sé si tanto mensaje. O por lo menos un mensaje. Pero me interesa demostrar que la contracultura en Latinoamérica puede ser incluso más interesante y compleja que en el mundo anglo. No sé. Pienso en el punk y Los Saicos, o la ciencia ficción y El Eternauta en Argentina. La contracultura a veces tiene más impacto por la onda que transmite; no por lo musical. Lo mismo luego pasó, no sé, con los primeros conciertos de Los Prisioneros; sonido dudosos, pero su parada sobre el escenario, en plena dictadura, era increíble.

—¿Dónde podemos conseguir el libro?

—En varias librerías y en Buscalibre. Pero apoyen a las librerías más chicas y de barrio, claro.

—¿En qué estás ahora?

Estoy trabajando, ya bastante avanzando, en mi nuevo libro: una compilación de mis más de veinte años de entrevistar a autores de Estados Unidos y Canadá. Desde John Irving, Don DeLillo, Margaret Atwood, Chuck Palahniuk, Richard Ford, hasta Junot Díaz, Ottessa Moshfegh, entre varios más, así como un par de ensayos, algunos más literarios y otros más personales.

Francisca Gaete Trautmann
Francisca Gaete Trautmann
(Santiago, 1985) Periodista de la Universidad Gabriela Mistral. Ha trabajado para revistas, televisión y medios online. Ha seguido cursos de escritura creativa. Le encanta escribir, escuchar música. Vive en Santiago.

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