Al narrador la vida le sonríe. Pronto se casará por segunda vez, está consolidado en su trabajo como consultor independiente, le llegan encargos frecuentemente. Y es precisamente en ese momento cuando le descubren un cáncer.
Enfrenta un panorama favorable, pero de todos modos debe afrontar la quimioterapia y asumir como lo más normal del mundo esas noticas que los médicos dan como si se hablara de lo fría que estuvo la mañana y así se entera que no podrá volver a tener hijos.
Transcurren algunos años y la enfermedad vuelve, esta vez se trata de cáncer al estómago. Con el par de palabras que logra descifrar del informe médico le basta para deducir que es algo serio, como le dice a su mujer ese mismo día: “Esta vez es de verdad”. Como vía de escape, comienza a llevar un diario personal en donde son raros los días en que no hay algún tipo de anotación. No queda muy claro si fue una idea que tiene en ese momento o bien, ya había llevado un diario en el tratamiento anterior y ahora se trataría de continuar con un nuevo testimonio. Esta parece ser lo más verosímil porque sería difícil reconstruir el devenir de los días con 4 años de distancia.
Luego de afrontar el complejo proceso de recuperación comienza su reintegración gradual a la vida, mejorando su aspecto casi cadavérico y haciendo las paces, en la medida de lo posible, con aquello que rige los destinos. Pero cuando años más tarde el cáncer vuelve se hace inevitable la pregunta de qué ha hecho para que le ocurra esto, profundizando en un análisis en torno al estigma que tiene esta enfermedad. Algo hay de la propia vida en el cáncer que se padece, pero es consciente que si se extrema esta perspectiva el paciente termina siendo responsable y, por lo mismo, culpable de su mal, algo que le parece inadmisible.
*
Se conjugan distintos tipos de escritura, permitiendo espacio para la descripción del aquí y ahora, pasajes de frase corta en donde lo relevante es la descripción detallada del dolor y sus síntomas, así como reflexiones sobre diferentes temas que le permiten refrescar un poco la cabeza y pensar en otra cosa. Sin embargo, en ocasiones tiende a quedarse con la solución más transparente, sin complejizar demasiado, como cuando analiza la parábola bíblica del Hijo Pródigo y concluye que el padre celebra realmente el retorno del hijo menor porque se arriesgó a vivir y conocer el mundo, aunque no le haya ido tan bien, en contraposición al hijo mayor que permanece toda la vida en la casa paterna. No es que esté mal, pero no problematiza; Borges no salió mucho, pero sería raro que alguien afirmara que fue una persona infeliz que no se atrevió a vivir o alguna de esas frases que finalmente no dicen mucho. De todos modos, las agudas reflexiones literarias que el autor integra en su relato suman un elemento adicional de interés, como cuando comenta el Tao Te King y nos encontramos con esta frase tan misteriosa como atractiva: “El Tao del que se puede hablar no es el verdadero Tao”.
*
El libro sirve para reflexionar en torno a la relación médico-paciente, como cuando el doctor titular le indica que es un paciente con una compleja condición mental para afrontar este episodio, que padece “neurosis obsesiva”. Probablemente el narrador tendía a la neurosis, dado al tremendismo, pero es muy distinto que su doctor a cargo, en su oficina, emita esa opinión. Se genera un círculo vicioso porque el médico extiende su influenza de autoridad: ya no es solo oncólogo, sino que puede hablar con autoridad sobre cualquier aspecto humano. Y, por otro lado, el paciente queda con la tranquilidad de al fin tener un diagnóstico. No es como cualquier persona que a veces le dan ganas de mandar todo a la punta del cerro, no, lo que le pasa es una condición y se llama Neurosis Obsesiva. Es fácil caer en la pendiente de la seriedad innecesaria.
*
La escritura testimonial suele dejar heridos en el camino porque para hablar de la propia vida necesariamente se deben referir detalles de quienes nos rodean y a lo mejor ellos hubieran preferido mantener esos hechos en las sombras. En ocasiones sorprende el nivel de narcisismo con el que debe lidiar, como cuando su madre lo acompaña a la clínica a que le pongan el catéter y le recrimina que no la llame para contarle cómo sigue su proceso, que es poco empático, ha estado muy angustiada. Su hijo se lo toma con humor: “El problema, viejita, es que el enfermo soy yo y apenas puedo hacerme cargo de mí y de lo que necesito.” Existe una facilidad para no permitir que la gente tenga su espacio, reclamando atención total. O cuando Claudia, su esposa, le reprocha que no esté en condiciones para tener relaciones sexuales por lo devastado que lo deja la quimioterapia: “Yo no puedo vivir así. Necesito que hagamos el amor. ¿O prefieres que satisfaga mis necesidades de otra manera?”, le dice.
Entra la curiosidad de cómo se habrá tomado ella que episodios como ese queden retratados. Pero no se trata de asumir una postura de juez; es muy probable que si fragmentos de nuestra intimidad quedaran al descubierto nos sentiríamos poco orgullosos de más de un episodio. Y bueno, no hay que perder de vista que conocemos lo que ocurre a partir de una mirada, no hay contrapunto con el resto de los testimonios.
*
Pocas palabras parecieran estar tan cargadas como cáncer. La gente tiende a no nombrarlo, a pasar por el lado. Soto cuenta que sus cercanos la omitían, como si su sola mención lo convirtiera a uno en blanco fácil. Y es que la muerte como posibilidad cercana llena de angustia, cerrar los ojos en la noche con la incertidumbre de si se podrán abrir otra vez. Pero, al mismo tiempo, este trance le permite acercase a una infinidad de maravillas diarias. En un período del tratamiento tiene algo así como un despertar espiritual y permanece sentado en su living a las 5.30 de la mañana, esperando el amanecer, y se sorprende con el espectáculo de la luz que comienza a inundar el mundo. Ritos habituales que se dan por hecho y se puede imaginar lo que significan para quien teme no verlos más. El libro tiene una cosa de celebrar la vida, pero lúgubre al mismo tiempo. No se sabe qué pasará. Por más que uno haya zafado esta vez, la desgracia puede estar a la vuelta de la esquina, pero no se puede vivir así. Tratar de soltar y disfrutar.
Ficha técnica:
Título: En las cenizas.
Autor: Luis Alberto Soto.
Editorial: Hueders.
Autobiografía, libros de enfermedad.
200 páginas.
2025.





